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"A los flamencos no nos despiden por 20 días, es que no nos contratan"

Asunción Demartos es la Presidenta de la Asociación de Artistas Flamencos. Es una flamenca atípica: baila alegrías, pinta cuadros, diseña ropa y escribe. Su primer libro: ‘Primavera’. ¿Miedo? A nada

el 05 may 2012 / 19:10 h.

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Llueva, ventee o caigan rayos y truenos, Asunción Demartos (Sevilla, 1975) no teme a nada. Es capaz de bailar por alegrías, pintar un cuadro, diseñar ropa flamenca y, como broche, escribir un libro. Ya tiene uno publicado, Primavera. En la recámara aguarda el siguiente. ¿Quién dijo mieo?

–¿Con qué es más fácil expresarse, con el flamenco o con la literatura?
–Con el flamenco puedes expresar emociones fuertes que se transmiten visualmente. A la hora de escribir, hay un doble sentido en el que te puedes diluir. El flamenco es la inmediatez ante un sentimiento que te provoca una letra que te llega al alma.

–Primavera, un título muy optimista para los tiempos que corren, ¿no? Y además en contraposición con el flamenco, donde todo es más desgarrador.
–El momento en el que me propusieron escribir Primavera estaba en una etapa de crecimiento, de florecimiento. Pero no creo que el flamenco refleje solo tristezas. Refleja el momento vital de las personas.

–¿Se calificaría como una persona atípica dentro del flamenco?
–Quizás sí porque el concepto que se tiene del flamenco no es global. Existe un estereotipo que no se corresponde con la realidad. Conozco a muchos artistas y compañeros de profesión que tienen todas estas ramas a explotar. Pero seguimos en el concepto de flamenco rancio y de taberna. El flamenco es más una actitud vital. Tú puedes ser muy flamenca escribiendo, al andar…

–La crisis que vivimos también es muy flamenca...
–Sí, sí, se pasan muchas fatiguitas.

–¿Ha beneficiado a los flamencos la declaración de Patrimonio de la Humanidad?
–A los artistas para nada. A nivel institucional no sé si les servirá para tener más ayudas, pero no se ha invertido en más festivales. Se está perdiendo la afición. Yo tengo mi academia, en mi barrio, en el Cerro, y la puse allí porque lo que quería era revivir lo que yo he vivido: hasta cuatro academias. Ahora, sin embargo, todo se enfoca al extranjero, a un mercado donde disfruten los demás y no nosotros.

–Durante un tiempo pareció que el flamenco se convertía en un espectáculo para todos los públicos. Ahora con la crisis, ¿se corre el riesgo de que vuelva a ser algo para unos pocos? ¿Solo para grandes talonarios?
–Las fiestecitas siguen existiendo. Aquí me llaman, aquí voy. A lo que aspirábamos era a que la Junta, con la Agencia del Flamenco, diversificara más. Pero no ha sido así para la inmensa mayoría de los artistas. Es muy difícil entrar en esa red de ayudas.

–Y si a eso se le une que la Consejería de Cultura de la Junta pierde identidad, ¿qué efecto puede tener esto para el flamenco?
–Después de 20 años de profesión, no he tenido nunca una subvención ni he entrado en un circuito. A mí, sinceramente, me da igual. Pero ojalá no desaparezca porque en otros ámbitos ha sido decisiva.

–¿Qué ha supuesto para los flamencos del día a día la Bienal? ¿Qué perspectivas hay para esta edición?
–No tengo conocimiento de nada a estas alturas. Por la crisis no se podrán hacer grandes contrataciones pero hay grandes artistas que, con un caché bajito, pueden llenar teatros. La crisis es una oportunidad para darse cuenta de la calidad que hay a un coste normal. Se pueden hacer grandes cosas con poco dinero. Los flamencos no están acostumbrados a ganar tanto dinero. Eso es mentira. Habrá cuatro o cinco, pero la mayoría de los flamencos vamos a donde nos llaman.

–Leí una entrevista a Poveda en la que le preguntaban por los flamencos que le acusaban de acaparar todo el trabajo.
–Miguel Poveda me parece un artista como la copa de un pino que se lo ha currado.

–¿Os han hecho daños estas declaraciones?
–Sí, porque no vamos por ahí. Lo que pedíamos a la Junta es que viera cuáles son las carencias de este sector y que, lo mismo que apoya a un artista que está consagrado, apoye a uno que no lo está tanto. Además, el fomento del flamenco no puede ser solo de cara al exterior.

–Quizás lo más llamativo de Poveda sea el fenómeno fan, como si fuera una especie de Alejandro Sanz del flamenco. Al mundillo le ha sorprendido.
–A mí me parece fantástico. En el flamenco se mezclan muchas cosas. Hay rencillas.

–¿Flamenco puro o fusión?
–Todo. Es una polémica que no tiene sentido. El flamenco es mezcla. ¿Cuál es más bonito: el blanco, el verde o el negro? El que te guste a ti, ¿no? Pues ya está.

–La forma de consumir está cambiando gracias a las redes. ¿Se nota en el flamenco?
–A mí me están ayudando mucho. En el momento que decidí, sobre todo con la literatura, abrirme a través de las redes sociales conseguí diversificarme para el público.

–¿Y sus derechos como autora y bailaora?
–Están poco reconocidos, sobre todo cuando me subo a un escenario a bailar por alegrías y me graban para colgarlo en el Youtube. No deja de ser nuestra imagen y nuestro pan.

–¿La reforma laboral va con los flamencos?
–Yo quiero que las cosas vayan bien para todo el mundo pero es que a mí no es que me despidan por 20 días, es que no me contratan en muchos sitios.

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