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Almohades y Romíes

Almohade es un vocablo que suena bien, como una zapatilla dando en la boca de un cántaro; por eso cuando se habla de los hornos almohades dañados en la obra de la calle San Fernando eso se parece a un thriller, lo mismo que la historia del Halcón Maltés, porque halcón maltés suena igual de bien...

el 15 sep 2009 / 22:18 h.

Almohade es un vocablo que suena bien, como una zapatilla dando en la boca de un cántaro; por eso cuando se habla de los hornos almohades dañados en la obra de la calle San Fernando eso se parece a un thriller, lo mismo que la historia del Halcón Maltés, porque halcón maltés suena igual de bien y encierra un no sé que misterioso: el halcón de oro que los caballeros de la Orden de San Juan de Malta regalan a Carlos V y que se pierde irremisiblemente. Si hubiera llegado a su destino, al contemplarlo hoy en algún museo el halcón habría perdido su aire misterioso y todos nosotros una buena película de John Huston y Humphrey Bogart.

Hace unos 15 años le enseñaba yo a Paco Titos, el alfarero de Úbeda, los atanores de los restos del patio almohade de la Casa de Contratación; afirmó que tenían las mismas medidas de los que todavía hacía él. De modo que, ya puestos, nos fuimos a la vega de Triana y medimos uno de los hornos que resultó de idénticas dimensiones del suyo en la calle Valencia de su ciudad. Poco después, paseando yo por la Medina de los Andaluces en Fez, tuve la curiosidad de comprobar cuanto medían aquellos (los cordobeses llegaron allí 300 años antes que los almohades aquí) y, corroborando mi intuición, coincidían.

Mientras se monta la marimorena, con fiscal y todo, por los que estaban bajo el pavimento junto a la Puerta de Jerez, en los alrededores del Puente del Patrocinio quedan varios como el que examinamos entonces. Hacen las veces de pequeños obeliscos alrededor de los cuales se levantan las chabolas de los gitanos rumanos, o sea, no son siquiera el último eslabón de la cadena de la arqueología industrial de Sevilla. Desaparecerán seguramente cualquier día de borrasca o arrollados por máquinas que alisan el terreno. Dará igual: no son almohades; ni siquiera romíes.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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