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Andalucía y el precio justo

Uno cada vez echa más de menos, entre otros artífices de la transición, al inefable Joaquín Prat, cuando presentaba un concurso televisivo que quizá tuvo mucho que ver a la hora de acabar con la inflación galopante de los 80: El precio justo, se llamaba aquel programa y hoy nos vendría de perlas a la hora de encajar las piezas del cubo de Rubrick de la financiación...

el 15 sep 2009 / 20:40 h.

Uno cada vez echa más de menos, entre otros artífices de la transición, al inefable Joaquín Prat, cuando presentaba un concurso televisivo que quizá tuvo mucho que ver a la hora de acabar con la inflación galopante de los 80: El precio justo, se llamaba aquel programa y hoy nos vendría de perlas a la hora de encajar las piezas del cubo de Rubrick de la financiación autonómica.

El modelo propuesto por el Gobierno estatal y que bendicen buena parte de los barones regionales, más allá de las diferencias ideológicas y partidarias, consagra desde luego una España distinta a la del café para todos, que marcó el lanzamiento del sistema autonómico como una fórmula de éxito para que este país de todos los demonios enterrase de una vez por todas los desequilibrios internos que, cuanto menos, se remontaban a la restauración monárquica de finales del XIX, con un evidente trato de favor a Madrid como capital administrativa y política, al País Vasco con los fueros que, en gran medida, pretendían pagar el peaje del carlismo y sus guerras dinásticas que aún perduran hoy, o a Cataluña, con una pujante burguesía nacionalista.

Esta última sigue protagonizando los avances en esta materia, o los retrocesos, según analice la cuestión un jacobino orteguiano, un federalista, un nacionalista periférico o un acérrimo partidario del Santiago y cierra España. Cataluña, guste o no guste, ha vuelto a marcar nuestra agenda estatal y Andalucía ha escogido una alternativa que complementa su posición y que no tiene por qué reportarnos malos resultados: el peso de la población suena mucho más democrático que el peso del PIB que es lo que reclama el Estatuto catalán.

Olvidamos una clave importante, la del territorio: aunque a Cataluña le llegue el mismo porcentaje estatal que a Andalucía, nuestra comunidad cuenta con cuatro provincias más y una extensión regional superlativa. Pero menos da una piedra y la posición oficial de la Junta dependerá de lo que ocurra con la cuantificación de los fondos adicionales y la ponderación por las distintas variables de este formidable encaje de bolillos. Pero por ahora, suena bien el documento presentado desde la vicepresidencia económica del Gobierno a las distintas autonomías.

No es plato de gusto hablar de dinero entre los miembros de una misma familia, pero habrá que ser audaces para seguir manteniéndola unida. Y lo cierto es que, como han puesto de manifiesto ya algunos responsables autonómicos del PP, España definitivamente no parece a punto de romperse. Al menos, por ahora.

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