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Camino de vuelta

Pongámonos en su lugar, debe ser un auténtico coñazo, y no por lo que le pudiera parecer a Rajoy que tiene muy poco aguante. Después de la que se forma el día cinco y el seis, tras varios meses de camino en camello, que es como vienen...

el 15 sep 2009 / 20:48 h.

Pongámonos en su lugar, debe ser un auténtico coñazo, y no por lo que le pudiera parecer a Rajoy que tiene muy poco aguante. Después de la que se forma el día cinco y el seis, tras varios meses de camino en camello, que es como vienen, sin descansar apenas, los Magos de Oriente, durante días estrellas de la televisión y centro de todos los flashes, tienen que volver a casa, más que nada porque no tienen papeles (ni los camellos; menuda es la Consejería de Agricultura) ni permiso de trabajo -que ellos se quedarían- y, puestos a exigir su rango, ni pasaporte diplomático; nadie les brinda ni siquiera un gesto de solidaridad, ni una palabra de aliento, ni una dirección postal a ver cómo les va camino de casa. Se van en silencio y no es fácil, ni psíquica ni físicamente: el camino de vuelta a Oriente no es como el de vuelta del Rocío.

Se van sin explicarse lo de la crisis, convulsionados por tanto lamento y queja, en contraste con las calles y las tiendas llenas de gente gastando a tutiplén, quizá -no hay que pensar mal- porque ha calado la campaña de la Junta de que comprar es ser solidario. Ellos venían cortitos porque les habían dicho que el personal no tenía el cuerpo para alegrías, pero qué chasco. Fui a despedirlos, estaban solos y pensativos.

Todos los años sufren, sobre todo por el negro, que una vez que pasan las fiestas siempre da problemas, si no es porque le piden toda clase de papeles es porque lo echan de los restaurantes, pero los problemas de este año son más graves: no saben por qué ruta regresar.

Desde hoy hasta que lleguen a Oriente les esperan pepinazos a diestra y siniestra, sobre todo si tiran por Gaza. Al menos se llevan las caras de felicidad de los niños, con su inocencia, algo impagable que les anima a volver, otra vez, año tras año, meditando en silencio hasta que surge, como cada viaje de vuelta, el mismo debate acalorado; siempre el mismo y provocado por el mismo: Baltasar, claro. ¿Por qué estos niños de mayores se vuelven tan eso?

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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