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Cartelitos y cadenas

Resultaba conmovedor observar los esfuerzos que hacía un determinado diputado del PP tratando de chupar cámara detrás de Sánchez Gordillo durante la sesión de control al gobierno en el Parlamento el pasado jueves.

el 15 sep 2009 / 19:06 h.

Resultaba conmovedor observar los esfuerzos que hacía un determinado diputado del PP tratando de chupar cámara detrás de Sánchez Gordillo durante la sesión de control al gobierno en el Parlamento el pasado jueves. Mientras el alcalde de Marinaleda dirigía sus preguntas en demanda de más recursos para los ayuntamientos, nuestro parlamentario no hacia más que inclinarse hacia un lado con tal de que su mensaje de protesta por la ausencia de Zarrías fuera captado por los objetivos que enfocaban a Gordillo.

Simultaneaba, además, tan encomiable tarea, con una conversación telefónica, quién sabe si para recibir indicaciones de sus superiores sobre cómo adoptar la posición más ventajosa. Por si eso fuera poco, también, tecleaba su ordenador portátil. La verdad es que tuvo que ser extenuante. De igual modo procedieron sus compañeros cuando eran otros diputados izquierdistas los que articulaban sus preguntas a los consejeros. Tan esforzada imagen rebate esa pésima idea que se hacen los ciudadanos al observar las fotografías de los hemiciclos semivacíos. Ellos, al menos, sí se lo trabajan empleando todos los recursos que puedan tener a mano.

El estilo gordillo como la mejor solución

Puestos a ello, no descarten próximamente un encadenamiento o una huelga de hambre si hiciera falta aunque, la verdad, es difícil imaginar al mismo descorbatado Arenas en esas lides. Pero, tal y como están las cosas, no descarten nada. El propio Gordillo podría darles unas clases aceleradas sobre cómo captar la máxima atención mediática y no sólo en el tajo, en el campo andaluz, sino desde las mullidas moquetas del Parlamento en donde nuestros representantes cuentan con todos los medios necesarios para desarrollar su labor en su plenitud y con todas las garantías democráticas. Y, por supuesto, no tenemos por qué pensar que este tipo de técnicas y golpes de efecto vayan a deteriorar las instituciones. No hay que pensar tan mal. Ni tampoco que con esta táctica se merme la credibilidad mucho o poca que puedan atesorar nuestros representantes políticos. O sea, que no hay que preocuparse porque se lleguen a protagonizar determinadas actuaciones bochornosas, puesto que, pensarán, nadie recriminarles nada, es gratis total.

los amiguetes de la banca

Y por si los gestos no fueran suficientes, ahí están esas gruesas acusaciones a los socialistas a los que culpan de ser amigos de la banca. Invectivas que llegan, no desde el grupo de IU como podría pensarse, sino de los que teóricamente podría considerarse como más próximos al poder económico como es el caso del PP. Hay que reconocer que tal ataque sorprende al más pintado por muy experimentado que sea Griñán. Que destacados dirigentes de la derecha andaluza les tachen de actuar a favor de los poderosos tiene que ser bastante duro. Incluso, para los propios representantes de la banca y las cajas que se habrán llevado las manos a la cabeza al conocer cómo se las gastan aquellos que aspiran a gobernar alguna vez esta tierra y para lo que se necesita, a pesar de todo, algo más que cartelitos y cadenas.

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