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Causas naturales

De causas naturales dicen que ha muerto un indigente en la Puerta de la Carne en estos días de Navidad. Que es decir que no lo ha matado nadie; algo que, en los tiempos que corren, ya es decir mucho. No han sido ni pandilleros para divertirse, ni jovenzuelos para robarle, ni otros indigentes...

el 15 sep 2009 / 20:24 h.

De causas naturales dicen que ha muerto un indigente en la Puerta de la Carne en estos días de Navidad. Que es decir que no lo ha matado nadie; algo que, en los tiempos que corren, ya es decir mucho. No han sido ni pandilleros para divertirse, ni jovenzuelos para robarle, ni otros indigentes con la cabeza perdida por el alcohol y la rabia. Excluidos los mal nacidos que se ceban en ellos, porque son débiles y nadie les protege, nos quedan las demás causas: el frío, la enfermedad, la soledad y la privación. En realidad, le ha matado la calle. Estar en la calle mata, te termina matando si no acaba contigo antes alguno de los citados. La pobreza extrema, la exclusión de todo, es una enfermedad, grave y mortal; una pauperopatía, podríamos decir, si queremos parecer técnicos. Ésta no ha sido una muerte natural, no podemos considerarla así ¿Es natural que alguien muera en la calle? ¿Es natural este nivel de miseria en una sociedad opulenta?

Nos llama la atención porque es Navidad; y ni siquiera el pretendido espíritu de estas fechas ha hecho que alguien se preocupe por él, más allá de llevar su muerte a los periódicos. No le conocía, aunque sí sabía de él. Aparcaba coches, pero con educación y simpatía, sin amenazas ni malos gestos. Su compañero y él llamaban la atención por eso en el barrio. Para lo que le sirvió al hombre ser tan considerado. Vivía en la acera del mercado porque echaron a todos los que se resguardaban allí, y como casa le dejaron un trozo de acera; a cuantos allí había les llamaron ocupas, denunciaron su presencia y los expulsaron con la excusa de unas obras que nunca comenzaron. Hoy sé que se llamaba Francisco, y que tenía una historia detrás. Demasiado tarde ya. La pobreza es mortal, he dicho antes; pero se cura. Se sana con solidaridad y asistencia pública y privada. Con ayuda organizada y sistemática, capaz de llegar a todos y de adaptarse a cada uno. Con programas para sacar a la gente de la calle y devolverlos a la vida. No tenemos que ser unos santos, sino tan sólo unas personas responsables y mínimamente solidarias para que este mal se cure.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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