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Cofradías

Con la nube en los talones

Hemos logrado el más difícil todavía: barroquizar hasta el parte meteorológico.

el 06 abr 2012 / 13:24 h.

La película tiene de todo intriga, nervios hasta última hora, giros inesperados, alargamiento de la situación hasta el límite, desesperación y llanto, entusiasmo y más llanto (pero ahora de alegría).

Mucho decir que si Alfred Hitchcock era el mago del suspense pero aquí cada Semana Santa, en cuanto asoma una nube, se rueda una película con todos estos elementos y multiplicado hasta por nueve, porque la trama se repite en el templo de cada hermandad.
Los días de lluvia y cofradías uno queda agotado con tanta intensidad, esta tensión psicológica cansa más que liarse a andar para ver a todas las del día. Todo esto reunido deja a Hitchcock a la altura de un monaguillo del misterio, el peliculón que se hubiese marcado con todos estos ingredientes podría haberle dado el Óscar que nunca ganó.

Vaya por delante que el que suscribe lo que quiere es que salgan todas las hermandades y a su hora, no es materia de broma porque es verdad que hay muchos sentimientos de por medio. A mí lo que me sorprende es la capacidad que tiene esta ciudad para rehogarlo todo con incienso, para conseguir que el universo se mueva alrededor de un varal. Aquí, en la que damos en llamar ciudad del Barroco, hemos conseguido el más difícil todavía, barroquizar hasta el parte meteorológico, dramatizar con una isobara.

Ya sé que no hace gracia, pero cuando un día de Semana Santa amanece nuboso se pone mucho más interesante informativamente hablando. Ojo, que hablo desde el punto de vista periodístico, porque ahí es cuando los medios de comunicación hacen una labor social de verdad. Este mundo lo inauguraron las radios, le siguieron las webs de los periódicos y ahora se multiplica hasta el disparate con twitter. La información llega arropada de misterio, de intriga: la hermandad pide una prórroga, la junta de gobierno se reúne, runrún de nazarenos bajo las bóvedas del templo, runrún de público expectante bajo el cielo encapotado. Empiezan los rumores, que sale, que no afloran los porcentajes de lluvia, que cambian porque las nubes, las puñeteras son unas informales y no se están quietas.

Llegan informaciones oficiales, pero también hay mucho radio macuto, sobre todo ahora con twitter: un costalero de la cuarta trabajadera me dice que no salen, un músico tuitea que le aseguran que vayan guardando los instrumentos, un nazareno hace una foto y la cuelga en su facebook de la junta de gobierno con cara circunspecta, esto tiene muy mala pinta.

Al final hay veces en las que la angustia tiene su justificación, hay que esperar hasta tal hora para conocer el parte meteorológico definitivo. En otras ocasiones hasta el niño de la cestita es consciente de que no se puede salir y lo que se sigue es un ritual que, en cierta medida, sirve para que todos (nazarenos, costaleros, público que espera fuera desde hace horas) se hagan el cuerpo a lo que es inevitable. La mala noticia provoca escenas auténticas de hermandad, una unión verdaderamente sincera de todos los miembros de la corporación. Pues claro que todos saben que hay cosas mucho peores en el mundo y en la vida, pero no en este preciso instante, no ahora.

Al personal se le descabalgan las emociones en un ceremonial que, curiosamente tiene también para los más pequeños mucho de iniciación, de aprendizaje de la vida. En estos tiempos en los que el lobo feroz ya no puede comerse a Caperucita por aquello de se5r políticamente correcto, en los que se sobreprotege a los niños para que no se lleven sofocones, resulta que para muchos chiquillos el primer contacto con el dolor, el primer revés importante de su vida, es cuando su cofradía dice que no sale.

Con todo esto y hoy día, cuando no por salir con nubes negras se es más valiente, cuando la retórica heroica s leva bastante menos, sorprende que todavía haya alguno que se empeñe en salir como sea, arriesgándose a que le caiga una lluvia de agua y otra de críticas. El peliculeo déjenselo a Hitchcock, que él sí que sabía.

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