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Descansa en paz, Miki Roqué

el 24 jun 2012 / 18:58 h.

La peor noticia posible sacudió ayer al Betis, a Sevilla entera y al fútbol español. Miki Roqué, 24 años iba a cumplir el 8 de julio, falleció en Barcelona por culpa del maldito cáncer de pelvis que se le detectó un maldito día cualquiera de 2011 . El futbolista verdiblanco, porque siempre será futbolista y por supuesto siempre defenderá el escudo de las trece barras dondequiera que se haya ido, no pudo ganar la batalla más importante de su vida y el Betis se queda huérfano para siempre de un gran jugador, porque lo era, y de un número, el 26, que ya no podrá ponerse en el Villamarín, donde los béticos comenzaron a levantar un altar en su memoria ayer mismo.

El club también lo homenajeará, pero antes lo honrará acudiendo hoy al tanatorio de la clínica Dexeus, donde reposan sus restos. Allí estarán Miguel Guillén y Pepe Mel , que interrumpirán sus vacaciones para darle el último adiós, así como Rafael Gordillo y José Antonio Bosch. También el Sevilla, cómo no. José María del Nido ya telefoneó ayer a Guillén para expresarle sus condolencias. El entierro, en intimidad, será mañana martes en su pueblo, Tremp.

La fatal noticia se conoció aproximadamente a las ocho de la tarde. "Miki Roqué ha fallecido". La frase llenó las redes sociales y antes incluso de que el Betis lo confirmase, a las 21.25, los mensajes de ánimo y pésame inundaban internet. El horrible desenlace sucedió a las siete en la clínica Dexeus, en Barcelona. Allí había sido operado en mayo de 2011, apenas cuatro meses después de que hiciese pública su enfermedad delante de sus compañeros, al lado de Gordillo y Mel, el 5 de marzo del año pasado.

Aquella mañana, la incredulidad y las lágrimas también asaltaron el Villamarín. Los futbolistas no se lo creían y el entrenador no quería creérselo. Pepe Mel, en realidad, ya era consciente de lo que ocurría. También el médico, Tomás Calero. Lo supieron antes que Miki pero fue él, valiente, quien dio la cara. Tan emocionado estaba que llegó a decir que padecía un tumor de clavícula. Era en la pelvis y era grave. "Desde el diagnóstico y localización sabíamos que tenía los días contados", confesó ayer Víctor López, cardiólogo y exconsejero del Betis.

Después de aquella rueda de prensa, Miki sólo apareció en público un par de veces, ambas en Barcelona. Una, cuando el Betis fue a visitar al Espanyol, el 27 de octubre del año pasado. Saludó a sus compañeros en el hotel pero no quiso que se le hiciese ninguna fotografía. La segunda y última, cuando el Betis se enfrentó al Barcelona, el 15 de enero. Esta vez, aparentemente más recuperado, sí admitió fotos y Mel fue el primero en colgar la imagen en las redes sociales. Miki incluso se sentó al día siguiente en el palco del Camp Nou. El Barça, en cuya cantera nunca llegó a jugar, ha sido su otra casa desde que supo de su enfermedad. Carles Puyol es amigo íntimo suyo y hasta puso dinero para pagar la operación, que tuvo a Miki seis horas en el quirófano. El club azulgrana en general se ha portado con él como si fuese uno más de La Masía.

En las últimas semanas, el estado de Miki empeoró. "En los últimos días no se encontraba muy bien, pero como nos había dado ejemplo a todos de cómo afrontar una enfermedad así, todos confiábamos en que iba a seguir entre nosotros", apuntaba anoche Miguel Guillén. "Desgraciadamente se nos ha marchado nuestro número 26, un ejemplo de persona, un deportista de élite en su mejor momento y un ejemplo de superación que ha estado luchando con todas las fuerzas del mundo. Al final no ha podido con la enfermedad", añadía.

Miki Roqué llegó al Betis en 2009. Buscaba una oportunidad en un club importante después de no encontrarla en el Liverpool, donde llegó a debutar en la Liga de Campeones un día que sustituyó a Xabi Alonso, ni en el Xerez ni en el Cartagena. Su actuación en el filial fue convincente, pero Antonio Tapia y Víctor Fernández no se fijaron en él. Sí lo hizo Mel y Miki se convirtió en su central titular. Disputó doce partidos de Liga y apuntaba a zaguero de categoría para muchos años. No pudo ser. El 12 de febrero de 2011 se puso por última vez las trece barras sobre el pecho. Fue contra el Elche y no jugó bien, pero eso es lo de menos.

MEL: "SE VA UN LUCHADOR". Las reacciones son incontables, desde el Barcelona al Liverpool. Así se lo tomó su entrenador: "Se ha marchado un luchador de 24 años. Nos deja un vacío eterno difícil de llenar. Mi abrazo a esos padres, ejemplo de entereza. Qué difícil expresar el vacío y la rabia. Yo que era su entrenador y amigo aprendí de él. Hasta pronto, Miki, como cada domingo esta temporada mi primer recuerdo será para ti. Tú reunías los valores que quería para nuestro Betis: ilusión, ganas y convencimiento en conseguirlo. Era como mi hijo", dice Mel, que incluso llegó a llorar en alguna radio.

Este periódico también da el pésame a la familia, a los amigos y al Betis. Descansa en paz, Miki.




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