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Cultura

“Desnudarse en un libro está mejor visto que hacerlo en una revista”

El sevillano Jesús Cotta regresa a la poesía con nuevo libro, ‘Menos la luna y yo’.

el 01 dic 2013 / 23:23 h.

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JESÚS COTTA Jesús Cotta (Cártama, Málaga, 1967), escritor afincado enSevilla y capaz de transitar por cualquier género literario, de la prosa al ensayo o la crítica literaria, siempre vuelve al verso: de hecho, acaba de publicar el poemario Menos la luna y yo (Isla deSiltolá), convencido de que “un segundo libro de poesía es la alternativa de un poeta: ahí es donde se nota si es un buen poeta o no”, asegura. Cuando se le pide que compare sus distintas facetas, Cotta explica que “el novelista construye palacios: no importa si el jardín queda demasiado grande y las habitaciones chicas; si el resultado es bonito, todo se le perdona. El ensayista construye edificios funcionales: ahí no importa la belleza de la fachada; si el resultado funciona, también se le perdona casi todo. Pero al poeta no se le perdona nada, porque el poeta construye catedrales. Una catedral fea es un sinsentido. En la poesía importa más la inspiración que el trabajo. Si solo hay trabajo, hay solo un poema digno, pero no un buen poema”. Entrando de lleno en Menos la luna y yo, el autor explica que el título “se me ocurrió hace dos veranos, de noche, en la piscina de una amiga mía, y representa una complicidad con los elementos naturales, que son los primeros y verdaderos inspiradores de mi poesía. Con ellos siento una comunión que me repara y me devuelve al paraíso, antes de probar la manzana. Yo no fundo mi yo en ellos al estilo yogui, sino que ellos son el tú al que tengo que recurrir cuando estoy alegre, triste, desorientado o exultante. Aunque en el libro hay seis apartados (Niños, hombres, logos, elementos, Eros, Dios), la luna, las estrellas, los ríos, las cascadas, las golondrinas… son los que más me inspiran y los que más brillan. Me veo entre ellos bailando como un bardo agradecido por tanta belleza”, agrega. Como desmintiendo al Pessoa que afirmaba que el poeta es un fingidor, Cotta no tiene problemas en desnudarse sobre el papel, un striptease emocional que le permite ironizar. “Ventajas de la poesía: desnudarse en un libro de poemas está mucho mejor visto que hacerlo en una revista. En ese libro hay sinceridad, confesión, espontaneidad, soy yo hablando con el corazón en la mano y el alma en los labios. Si algún valor tiene eso, es el de llegar sin máscaras ni hipocresías al corazón del lector”. “Eso sí, ser sincero y espontáneo tiene también sus riesgos”, prosigue. “Cuando entrego mis poemas a mis amigos antes de publicarlos, a veces me dicen: ‘Jesús, quita esto; aquí te has pasado de sincero’. Y no es que yo me proponga ser sincero; es más bien que, si finjo, no me sale poesía, sino otra cosa más fea”. Por último, a la hora de citar sus referentes, se acuerda primero de los clásicos: “Homero por su capacidad increíble de exaltar lo individual y concreto y de presentarlo vivo y en acción y en eterno presente; San Juan de la Cruz porque funde a Eros, Dios y la naturaleza en versos que siempre están ardiendo; y García Lorca porque me marcó: cuando yo era adolescente me trasladaba con sus versos a otro lugar de misterio y revelación y me ayudó en aquella etapa difícil de mi vida más que una cohorte de psicólogos (sí, los poetas también pueden curar). Y entre los poetas actuales me gustan especialmente Pedro Sevilla y José Julio Cabanillas, que es mi maestro, mi amigo y una de las mejores personas que conozco”.

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