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El 95% de los que acuden a terapias ecuestres mejoran su estado de ánimo

Cursos de la UPO. Los expertos aconsejan el uso del caballo como asistente terapéutico para combatir la ansiedad, la depresión y el estrés

el 09 jul 2013 / 23:50 h.

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ecuestre-portadaLa directora de la Fundación para el Desarrollo de las Terapias Ecuestres, Sandra de Soto, aseguró ayer en el curso de verano Terapias ecuestres: Fundamentos teóricos, científicos y prácticos de las intervenciones terapéuticas asistidas por el caballo, que la Universidad Pablo de Olavide (UPO) acoge estos días en su sede de Carmona (Sevilla), que “más del 95% de las personas que trabajan a través de las terapias ecuestres obtienen beneficios, aunque dependerá de las condiciones particulares de cada uno de los individuos y del momento evolutivo en que se encuentren, que estas mejoras sean mayores o menores”. Cada vez más se está abriendo el abanico de aplicación del caballo como asistente terapéutico. De Soto sostuvo que, desde el principio, las terapias ecuestres estaban muy enfocadas a personas con discapacidad, pero en la actualidad se están tratando problemas del estado de ánimo, como la ansiedad, la depresión o el estrés, teniendo en cuenta que el caballo es un modelo que regula el comportamiento y que favorece la exposición de emociones y sentimientos. “Incluso en este área se está viendo mucho el tema del coaching con caballos, que supone el trabajo con un grupo de personas para trabajar habilidades sociales, procesos comunicativos, resolución de conflictos, exteriorización de emociones, sentimientos, frustraciones”, explicó. Todo eso se hace bajo la dirección de un equipo terapéutico, pero con la facilitación de la presencia del caballo”, añadió la directora de la fundación. Además, la equitación terapéutica está indicada para personas con discapacidad física, sensorial, trastornos psicológicos, del lenguaje o del aprendizaje, así como para personas con problemas de inadaptación social. Así, mejora dolencias como las lesiones medulares o cerebrales, la fibromialgia, el autismo, el retraso psicomotor, el síndrome de Down o la esclerosis múltiple. Según subrayó De Soto, lo primero que hay que conseguir es que la persona establezca un vínculo afectivo con el caballo, “teniendo en cuenta que este animal necesita un tratamiento muy especial, propiciando el acercamiento paulatino, tranquilo, atendiendo todas las necesidades y reacciones del equino”, de forma que la persona con estrés, un estado anímico fluctuante, alteración comportamental o conducta un poco irascible consiga autocontrolarse para sacar beneficio del caballo, aspectos que hay que trabajar previamente. “Si no estás equilibrado, el caballo reacciona de una manera negativa a determinados excesos comportamentales, emocionales o conductuales”, puntualizó. Para poder trabajar con los caballos, éstos necesitan un entrenamiento previo. Cuando van a ser montados en modalidades terapéuticas o cuando van a realizar acercamientos personas que tienen sus funciones alteradas, los caballos necesitan un entrenamiento específico para todos los elementos que suponen el contacto, el cepillado, el cuidado y la monta. “Primero hacemos una selección, procurando que reúnan unas condiciones previas de nobleza, tranquilidad, confianza en el ser humano y, a partir de ahí, empezamos a entrenarlos”, declaró la psicóloga. Por otro lado, en relación a que el caballo es un modulador de comportamientos y de estados anímicos, interesa que sean animales que reaccionen, con lo cual, la pretensión no es que hagan “lo que yo quiero, sino que respondan a esos comportamientos inapropiados. Y los caballos, instintivamente, lo hacen por su propia naturaleza. Si alguien le habla con un tono de voz demasiado alto, el caballo se aparta. Si alguien se acerca con las manos arriba o andándole muy deprisa, se va”, explicó. Conviene realmente que responda así, porque eso es lo que va a hacer pensar a la persona “en qué se está equivocando, los comportamientos que necesita cambiar para que el caballo acepte su presencia”, según concluyó esta experta en apoyos terapéuticos.

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