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El archivo militar 'congela' cientos de peticiones tras el fraude

Todo en el Archivo Histórico del Tribunal Militar Segundo es rocambolesco. Si hasta 2007 se atendían las consultas con una rapidez envidiable, la que se daba el funcionario ofreciendo copias digitalizadas de estraperlo, desde que éste falleció se ha cerrado el grifo.

el 15 sep 2009 / 22:28 h.

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Todo en el Archivo Histórico del Tribunal Militar Segundo es rocambolesco. Si hasta 2007 se atendían las consultas con una rapidez envidiable, la que se daba el funcionario ofreciendo copias digitalizadas de estraperlo, desde que éste falleció se ha cerrado el grifo. Y eso que hay cuatro técnicos donde antes sólo había uno.

Ni los historiadores ni los familiares de las víctimas represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura salen de su asombro. Fue fallecer repentinamente el funcionario militar encargado hasta septiembre de 2007 de manejar las peticiones de expedientes en el archivo y se recrudecieron los problemas para los militares. Antes, ese funcionario tenía un negocio de tapadillo del que se lucraba ofreciendo copias digitalizadas al mejor postor -cuando el archivo no dispone de servicio de reprografía-, y se daba toda la maña del mundo para atender su lista de clientes, pese a tener a un comandante por encima volcado en el archivo y que nadie se explica cómo no vio, sintió o presintió lo que pasaba.

Ahora, ese mismo comandante ejerce de coordinador del equipo de dos archiveros y un técnico que, en virtud de un convenio suscrito con la Junta de Andalucía en 2006, está intentando poner algo de orden en unos fondos que exigen a gritos más medios humanos y técnicos.

Pues bien, es en este contexto en el que hay que entender la decisión de Defensa de restringir las consultas de los fondos del archivo a la mañana de los viernes. La noticia levantó ampollas entre los demandantes y se ha traducido, en la práctica, en un atasco monumental. Dicho claramente: se admiten peticiones, pero aquello del vuelva usted mañana de Larra se ha elevado a la enésima potencia, para desesperación de quienes tienen una investigación a medio terminar o, lo que es más sangrante, quienes saben que los expedientes de sus familiares represaliados están ahí pero no les ponen los papeles por delante.

Justificación. Fuentes de Defensa aducen que las restricciones obedecen a un intento por controlar más de cerca el trasiego de legajos, ya que tras lo sucedido con el caso del funcionario citado se decidió tomar cartas en el asunto. Eso se tradujo en que es el comandante Gil Honduvilla, anterior secretario relator, quien coordina a los dos archiveros y al técnico de la Junta en sus labores de conservación y, en teoría, de localización de expedientes. "Hemos extremado los controles para que nadie con otras intenciones que no sean las meramente archivísticas toque los fondos, con lo que esperamos evitar nuevas tentaciones", se señala de forma elocuente. Y se abunda: "El funcionario administrativo no tiene ya más contacto con los legajos que el de servírselos a los que los piden, pero la búsqueda y ordenación es supervisada por nuestro personal".

Eso sí, como ha habido preguntas formuladas por diputados de Esquerra Republicana y el PP a la ministra ante las carencias endémicas de este archivo, potenciadas por la reducción drástica del horario de consulta, en Defensa están intentando "flexibilizar las condiciones". El asunto ha escocido en Madrid y la respuesta dada, aunque no se ha hecho pública a la espera de que el ministerio responda a los diputados, pasa por un reajuste parcial del personal militar, "que antes desarrollaba varias funciones y ahora se centran en el archivo". Además, se avanza, "poco a poco podrá consultarse la documentación sin tener que esperar a los viernes; simplemente con que la tengamos localizada se la podremos servir a los solicitantes".

El problema es que se sirve con cuentagotas. Ejemplos: un particular, Santiago Jaén, de Porcuna (Jaén), lleva dos años esperando a ver el expediente de su abuelo; el historiador José Francisco Luque, de Montemayor (Córdoba), tiene un libro sin poder publicar porque "me falta consultar una serie de expedientes pedidos... desde diciembre de 2007, y aunque no paro de llamar, me dicen que están desbordados... Es desesperante"; y uno más de entre los muchos desesperados que hay: el investigador de Carmona Francisco Eslava, que pidió "hace más de dos años un expediente. Algún día será, digo yo", sostiene resignado.

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