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El extraño caso de Aurelio

El fútbol de hoy día exige algo más que convertir los partidos en un correcalles de área a área, así que Paco Chaparro ya ha dicho a sus centrocampistas que no pueden atacar a lo loco. Mehmet Aurelio es un buen ejemplo de que ese paso adelante, en realidad, es un paso atrás. Foto: Paco Cazalla.

el 15 sep 2009 / 19:34 h.

El fútbol de hoy día exige algo más que convertir los partidos en un correcalles de área a área, así que Paco Chaparro ya ha dicho a sus centrocampistas que no pueden atacar a lo loco. Mehmet Aurelio, clave no hace mucho en la mejoría defensiva del Betis, es un buen ejemplo de que ese paso adelante, en realidad, es un paso atrás.

Como deporte colectivo que es, el rendimiento de un equipo de fútbol no debería depender del análisis de tal o cual jugador, pero en este Betis actúan trece o catorce futbolistas y paren de contar, de modo que la individualización sí parece más lícita para entender determinadas circunstancias, y la más llamativa es la fragilidad defensiva de un grupo al que pierden sus excesos ofensivos. Lo bueno es que el Betis ofrece partidos espectaculares y pasa gran parte del tiempo en el campo rival; lo malo es que su nivel goleador no está a la altura del fútbol que genera; y lo peor es que su sistema de contención se resquebraja desde el momento en que delante del balón hay casi más hombres que detrás.

Una vez planteado este tocho técnico-táctico, hay que detenerse en Mehmet Aurelio. No es un capricho, viene al caso porque fue uno de los señalados el domingo por Paco Chaparro, para quien "pedir al turcobrasileño que se quede atrás sería un crimen". Extraña observación, teniendo en cuenta que la influencia del internacional en la mejoría defensiva del Betis respecto a otros años fue jaleada hasta por sus compañeros. Sin embargo, desde que el ex del Fenerbahçe ha dejado de ser pivote único -ahora tiene la compañía de Capi- y goza de más libertad para rondar el área rival, el Betis sufre del mal que denunció su técnico: el equipo ataca mucho, pero también se parte en dos y la zaga siempre ve llegar al enemigo en superioridad.

El paso adelante de Aurelio, por tanto, se ha convertido en un paso atrás para el Betis. La involución puede advertirse en la estadística que mejor define su juego: las recuperaciones y las pérdidas. Dejando a un lado las dos primeras jornadas (se lesionó ante el Recre y no jugó en Getafe), el mediocampista acumuló en las ocho siguientes 69 recuperaciones y 42 pérdidas; sus promedios, que son lo interesante, eran de 8,6 balones recuperados y 5,2 perdidos por encuentro. Su actuación frente al Numancia, con doblete incluido, fue el broche a tan magníficos números, pero también el punto y final.

A partir del choque de Soria, Aurelio ha sido otro. Si antes supo encontrar el equilibrio entre su faceta defensiva y su creciente ayuda ofensiva, en las cuatro últimas jornadas existe una evidente descompensación que el Betis notó como nunca ante el Espanyol. En este tramo, desde la undécima jornada a la decimocuarta, el otomano carioca presenta un claro déficit entre recuperaciones (18) y pérdidas (28). Hablando en proporción, los balones que recupera han bajado casi a la mitad (4,5 por encuentro) y las pérdidas han aumentado a 7. Capi ha recuperado más pelotas que él (23) en este parcial.

Equipo de extremos. Haya o no haya una relación de causa-efecto entre el recorte de Aurelio en las prestaciones defensivas y la progresiva fragilidad del Betis, lo cierto es que el equipo sigue siendo de extremos: es líder de la Liga en jugadas de ataque (122 de media) y posesiones de balón (92,8) y tercero en jugadas en el área (10,2) y remates a favor (16), sólo por detrás de Barça y Madrid en ambos capítulos, pero también es el conjunto al que le hacen más jugadas en su área (11,5), el segundo a cuya portería rematan más y el tercero al que chutan más veces en general (15,5).

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