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Cultura

«El flamenco ha perdido la sonrisa»

Nació en Marchena, hoy tiene una casa «a tres manzanas de donde se celebran los Oscars», en Hollywood. Ahora, un libro sigue la peculiar vida del bailaor Raúl Martín

el 03 dic 2014 / 16:00 h.

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Raúl Martín junto a la Niña de los Peines y Caracol, en la Alameda. Raúl Martín junto a la Niña de los Peines y Caracol, en la Alameda.

Mientras lee estas líneas, Raúl Martín (Marchena, 1926) estará volando para California. Allí, en Hollywood, le espera su hogar. Una inmensa casa americana por fuera, sevillana por dentro, en la que el bailaor que trabajó primero para Lola Flores yCaracol, vive en los EEUU la última etapa de una vida en la que «no tocaría una sola coma», porque lleva «88 años siendo inmensamente feliz». El periodista Nico Salas ha presentado estos días junto al artista el libro De Marchena a Hollywood (Libros con Duende), biografía que «merecía y tenía que ser contada».

—¿No tiene la sensación de que su vida, tan cargada de anécdotas y aventuras, ha eclipsado al artista jondo? —No, eso no. El flamenco ha sido mi vida. Se lo debo todo a él. Mi vida entera. Lo que pasa es que siempre he sido muy inquieto y, como me iba bien, he tenido en Los Ángeles dos concesionarios de coches, dos tablaos enormes y lo último fue una empresa de muebles de madera sevillanos que vendí a muchas cadenas de restaurantes. Pero me aburro fácilmente. Ya estoy retirado de todo, traspasé las empresas y me dedico a cuidar los higochumbos que tengo plantados y a poner mi casa bonita. Es una casa inmensa, inmensa... a tres manzanas de donde dan los Oscars. Figúrese.

—¿Es Los Ángeles el mejor sitio para vivir que encontró tras tanto viajar? —No sé si es el mejor, es mi sitio en el mundo. Yo entré a América por Buenos Aires, hice la ruta de los dictadores, bailé ante todos los que había entonces. Y cuando pisé USA... ¡ay! aquello fue otra cosa. El primer país democrático que conocí en mi vida. Probé primero en Nueva York, pero no me gustaba, tan sucia y gris. Pero Hollywood me enamoró. A mí y a mi señora, por supuesto.

—Y aunque tenga la Medalla de Oro de Andalucía, usted ya no cambia nada. —¿A estas alturas?No.EEUUme ha dado la felicidad. Bueno, me lo ha dado todo. Ronald Reagan me hizo adicto a Estados Unidos. Yo le voté y le admiré. También admiré a Bush padre, pero luego llegó Bushito, ese idiota. He sido republicano, aunque ahora voté por Obama, y estamos todos contentos. Allí los políticos son gente seria, no profesionales que se insultan todo el día como aquí. Ya no voto en España.

—Es usted la viva imagen del sueño americano. —Sí, a la perfección. ¿Verdad?He sido amigo de Marlon Brando, Peter Ustimov y Ava Gardner. ¡Y de muchos otros! He trabajado para las grandes productoras. Y soy veterano de guerra, que eso allí es lo máximo. No fui porque la Guerra de Corea se acabó antes. Pero me alisté. Hoy tengo una nieta adoptada que es coreana. Y he ganado mucho dinero, mucho. Pero mucho. ¿Quién me iba a decir, de niño en Marchena, que acabaría comprando todo un estudio antiguo de la Paramount para poner un gran tablao a cuya inauguración vendría Charlton Heston? No sé si todo lo he hecho a base de talento, desde luego sí con gran esfuerzo.

—¿Sigue atento a lo que pasa en el flamenco actual? —Me fui en 1949 a América. Yo soy un artista de mi época. El flamenco de hoy no es el mío, no me gusta. Los españoles solo quieren ser modernos y cambiarlo todo. Hoy en día no se ve un bailaor que salga a escena con el traje típico andaluz. Eso es inadmisible. Hoy lo jondo es puro negocio. Los bailaores han perdido la sonrisa al bailar, miran como enfadados al público cuando hacen sus desplantes. Y bailan como si tuvieran un ataque de epilepsia. Me da mucha pena, mucha tristeza.

—La política ha sido otra determinación importante de su vida. ¿Sigue siendo falangista? —Y lo seré hasta el día que me muera. Con diez años vi como unos comunistas pusieron mi casa, en Sevilla, en la calle Reyes Católicos, chorreando de gasolina.Querían prenderle fuego con nosotros dentro porque mi padre era pudiente. Al día siguiente me apunté a la Falange en la calle Rioja. Es que aquello fue un shock. Yademás, con los años, tuve la oportunidad de bailar dos veces ante Franco. Pero soy un demócrata. Ya le dije que he votado a Obama. Y fui buen amigo deRafael Alberti, que era comunista. Pero soy falangista, lo digo con orgullo pero con respeto.Que no se me enfade nadie. ~

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