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El francés del optimismo

El candidato con más posibilidades de alcanzar el Elíseo es un socialista moderado.

el 06 may 2012 / 14:31 h.

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Rectorado de la Universidad de Sevilla.

La web electoral del candidato socialista François Hollande está llena de promesas desterradas del discurso político en países como España: proteger los salarios, luchar contra el paro, dignidad del trabajo, porvenir, libertades, derechos, fomento de la cultura...
Si llega al poder, su fórmula mágica será un impuesto a las fortunas y un gravamen del 75% del IRPF para los directivos que ganen un salario por encima de los 500.000 euros anuales.

Su optimismo y su promesa de que cuestionará la política asfixiante de la canciller alemana, Angela Merkel, les están ganando el pulso al todavía presidente, Nicolas Sarkozy, cada día más escorado hacia la extrema derecha que lidera la familia Le Pen, en un intento por arañar votos a un rival, el socialista, que aún no ha hecho guiños a la ascendente izquierda y que se define como “candidato de la normalidad” porque su principal caladero para la segunda vuelta de las presidenciales son los votantes de centro. El camino del hombre llamado a proclamarse próximo presidente de la V República francesa sin más carisma que el que está encontrando por el hartazgo social con la Europa de Merkozy y su canina dieta de recortes ha sido muy largo. Ya le cedió el puesto de candidata en 2007 a su novia de toda la vida, Segolène Royal, que lo dejó el mismo día que perdió las elecciones contra Sarkozy.

Cinco años después ya no había caballerosidad: la antigua pareja y otros tres candidatos más se batieron el cobre para sustituir en el cartel electoral a Dominique Strauss-Kahn, quien antes de su escándalo sexual estaba llamado a ser el líder socialista francés.
¿Es creíble entonces este discurso de Hollande, tan centrado en la dignificación del trabajo, después de sustituir al exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional? Esta contradicción, junto con el culebrón picante que, al menos visto desde fuera, parece la carrera hacia el liderazgo socialista y el hecho de que sus rivales se hayan desgastado antes de medirse con Hollande constituyen las sombras del retrato de un hombre fotogénicamente anodino, que desde luego si llega al Elíseo hará que el palacio presidencial pierda el brillo couché de Carla Bruni como primera dama.

Como jefe de gabinete y portavoz socialista en los años del reinado de François Mitterrand, Hollande fue uno de los forjadores del culto a la personalidad que acompañó al primer (y de momento único) presidente socialista de Francia. Nacido en el norte del país, la Wikipedia le describe unos antecedentes horribles, con un padre ultraderechista cuyas actividades llevan a la avergonzada familia a perderse en el Gran París, donde con unos 25 años y tras pasar por la universidad y estudiar Derecho inicia su carrera política.

Una vez acabada la era Mitterrand llega a ser alcalde, durante 11 años, de la ciudad de Tulle, en el centro-sur del país, hasta 2008. Su sucesora en la alcaldía también le disputó el liderazgo socialista en las primarias, Martine Aubry. ¿Pero es que todo queda en casa entre los socialistas galos? O tal vez es que lo de irreductible es cosa de otra época, pero lo de aldea sigue estando muy presente en este país vecino, pese a contar con 60 millones de habitantes y ser el único Estado de la Unión Europea capaz de ejercer de contrapeso real al poder de Merkel y el Bundesbank, si Hollande cumple.

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