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El pecado de la endogamia

Los carteles se inventaron para comunicar cosas o eventos y, por tanto, se rigen por las mismas reglas que la lengua, la escritura o los códigos de señales: enseñar a quien no sabe.

el 15 sep 2009 / 21:01 h.

Los carteles se inventaron para comunicar cosas o eventos y, por tanto, se rigen por las mismas reglas que la lengua, la escritura o los códigos de señales: enseñar a quien no sabe. Por eso en ellos entró en tromba lo que llamamos diseño y que, en definitiva, consiste en intentar plasmar la esencia de algo de la forma más bella y más concisa. En el diseño impera una regla de oro, menos es más, que no es un galimatías sino un paradigma, porque cuanto más se acierte a simplificar con estética la esencia de aquello que se comunica, aumentarán las posibilidades de que más gente comprenda la grandeza, la hermosura o la bondad de lo comunicado.

Dicho esto, habría que continuar diciendo que lo expresado por el presidente del Consejo General de Cofradías en la presentación del cartel de la Semana Santa de 2009 es absolutamente cierto: no es un cartel. Carteles eran los de García Ramos, Juan Miguel Sánchez, Bartolozzi, Hohenleiter y Santiago Martínez, creados no para mostrar lo que ya sabíamos los que la vivimos, sino con la virtud de plasmar la magia encerrada en nuestra Semana Grande y lograr que quienes no la conocían se sintieran atraídos por ella.

La Semana Santa se ha convertido en un paraíso por el que repta a sus anchas la serpiente con la manzana de la endogamia, pero su máximo organismo no puede ser el cubil. Es un pecado que el cartel del evento más importante del mundo en su género se convierta en un Portal de Belén pasionista o en un concurso de adivinar quién es quién. El autor ha pintado lo que sentía, el Consejo sin embargo no ha encargado lo que debía: una obra para otros. Por amor a Sevilla, por amor al arte, por respeto a una tradición cartelística de primer orden y hasta como norma elemental del marketing y las Bienaventuranzas, ha de pensar en enseñar al que no sabe.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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