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El proyecto sevillista se resquebraja

Míchel se ha quedado sin argumentos para seguir después del estropicio que
le hizo el Betis.

el 03 may 2012 / 21:20 h.

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Míchel.
Los dos goles de Beñat han  sido un misil en la línea de flotación del indestructible proyecto de José María del Nido, que por vez primera desde 2004, si una complicadísima carambola no lo remedia, va a ver cómo el Sevilla FC queda fuera de cualquier competición europea, con lo que ello supone de merma de ingresos e imagen y obligará a un replanteamiento de objetivos a todos los niveles en el seno de la entidad. El propio Del Nido ya tildó de “fracaso absoluto” la posibilidad cada vez más cierta de que el equipo quedara fuera de las 6/7 primeras plazas, aunque pocos imaginaban un final de Campeonato tan rácano en fútbol y pobre en puntos, con sólo uno de doce en los cuatro últimos partidos ante Getafe, Levante, Real Madrid y... Betis.

La puntilla. La derrota del miércoles ha sido especialmente dolorosa, por el rival y la manera en que se produjo, pues al margen de que el gol decisivo llegara en el último suspiro, lo cierto es que el equipo en ningún momento –salvo los cinco primeros minutos– llevó el control del juego y estuvo a merced del rival, un rival que en agosto estaba ‘incapacitado’ para competir por los mismos objetivos y que a la postre ha sido el que le ha dado la puntilla en una temporada especialmente aciaga y que supondrá, ya sin género de dudas, el fin de un ciclo glorioso que termina sin remisión.

Interrogantes. Ahora se precipitan los interrogantes sobre el futuro a corto plazo del Sevilla FC. Y la primera incógnita a despejar es el nombre del inquilino del banquillo para la próxima temporada. Míchel parecía haber acumulado méritos para continuar aunque no lograse rematar el objetivo Champions –que llegó a estar a cuatro puntos tras el 3-0 al Zaragoza de Manolo Jiménez–, pero todo quedaba a expensas del desenvolvimiento del equipo en este tramo final y, especialmente, en el derbi ante el Betis, que quien más quien menos daba por ganado sin excesiva dificultad, dado el supuesto nivel y potencial de ambas plantillas. Sin embargo, el 1-2 y el baño táctico que le dio Mel, han dejado sin apenas argumentos a los que hasta hace bien poco defendían la continuidad de Míchel, cuyos números, a la postre, son casi idénticos a los de Marcelino, que sumó 26 puntos en 21 jornadas (1,23 de media por partido), por 20 en 15 (1,33 de media) del madrileño.

Joaquín Caparrós. Con esos pobres guarismos a poco más que la permanencia se puede aspirar, de ahí que las cábalas sobre el nombre del entrenador del nuevo proyecto haga tiempo que estén circulando por Nervión. Y casi todas conducen a un nombre: Joaquín Caparrós, que se marchó en junio de 2005 después de que el Betis también se cruzara en su camino y le arrebatara una plaza en la Champions en el sprint final del Campeonato.

La relación con Monchi. Ocurre que Joaquín Caparrós estaba libre el pasado verano y Monchi no apostó decididamente por él, prefiriendo jugarse la baza de Marcelino después de que fracasaran las negociaciones con Marcelo Bielsa, que ha triunfado de forma rotunda en el Athletic que heredó de Jokin. Las relaciones entre el director deportivo y el técnico utrerano me da la impresión que no son todo lo fluidas que debieran para pensar en la vuelta de Caparrós a corto plazo, al margen de que al bueno de Joaquín le van a llover las ofertas después de la gran temporada que está haciendo en el Mallorca, donde Lorenzo Serra Ferrer –lo que son las cosas– lo contrató para librar al equipo del descenso y está a punto de meterlo en Europa.

Banquillo maldito. Lo que está claro es que si a Caparrós finalmente le convence la llamada del corazón sevillista, exigirá plenos poderes para hacer y deshacer en una plantilla de soldadas millonarias y escasa implicación, con la que se han estrellado todos los técnicos que han pasado, uno tras otro, desde que Juande Ramos diera la espantá y se fuera al Tottenham en octubre de 2007. En menos de cinco años han circulado por el asalchichado banquillo sevillista Manolo Jiménez, Antonio Álvarez, Gregorio Manzano, Marcelino y Míchel, sin que los tres últimos hayan sido capaces de lograr, ni de lejos, el rendimiento que consiguió el de Arahal, cuya destitución fue uno de los mayores errores cometidos por Del Nido.

Pésima planificación. A todo ello hay que unir una pésima planificación deportiva en materia de fichajes en los últimos tiempos, que no ha hecho más que dilapidar la ingente cantidad de dinero ganada con los traspasos de futbolistas como Dani Alves, Keita, Poulsen, Kerzhakov, Adriano, Squillacci, Luis Fabiano o el mismo Diego Capel, pues sus millonarios sustitutos –Konko, Romaric, Koné, Acosta, Zokora, Sergio Sánchez, Guarente, Alexis, Rakitic, Dabo, Manu, Coke, Spahic o el mismo Reyes– no han estado a la altura de las exigencias de un club en clara recesión. Deportiva y económica.

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