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Emigrantes. La novena provincia

Manuel Chaves, presidente de la Junta, confirma que 1,7 millones de andaluces siguen viviendo fuera de su tierra, va a resultar cierto que existe la novena provincia andaluza.

el 15 sep 2009 / 21:40 h.

Manuel Chaves, presidente de la Junta, confirma que 1,7 millones de andaluces siguen viviendo fuera de su tierra, va a resultar cierto que existe la novena provincia andaluza. Esta semana y con el impulso de la eficiente Teresa Bravo como directora general de lo mismo, se constituyó el Consejo de Comunidades Andaluzas, un puente entre la Junta y los andaluces que residen fuera, entre sus raíces y las que han ido construyendo al norte de Despeñaperros o al sur de todos los ultramares.

Quedaron atrás los tiempos en que los andaluces embarcaban rumbo a La Habana, Montevideo o Mayagüez, para engrosar el sin número de gallegos que huían de un imperio en ruinas. Y aunque los nietos de los exiliados de la guerra civil siguen sin ser nacionalizados, al menos ya no vivimos aquel terrible y humillante escenario de los exámenes médicos con el cuerpo aterido y desnudo de nuestros mayores en la Port Bou o hacinados en los pabellones de las fábricas europeas, o arrastrando la eterna maleta de cartón que les condujo en el transmiseriano -así le llamó justicieramente Francisco Candel- hacia la Barcelona de la tecnocracia. Hoy, las tornas han cambiado y si, en los 50, numerosos sevillanos o gaditanos cayeron en la trampa de mafias que les llevaron sin contrato hacia Venezuela o Brasil, ahora Andalucía se torna tierra promisoria, destino para la inmigración de otros territorios de la desesperanza. Aunque, menos lobos: durante 2008, el número de inmigrantes que se dieron de alta en la seguridad social fue prácticamente el doble en Cataluña que aquí.

Hoy, los andaluces no sólo toman los viejos expresos de la pobreza, sino el vertiginoso AVE para ser directivos o ministros en Madrid, expertos de la NASA o dibujantes de Disney, comerciantes en China, profesores en Chile o empresarios en Sudáfrica. Y si bien nutrimos a la presidencia de la Generalidad o a la gran pantalla francesa, sigue siendo cierto que exportamos chachas y peones, esa microandalucía de la macroeconomía que no suele figurar en los discursos oficiales.

Los andaluces emigrados, especialmente en lugares en donde hoy se viven situaciones de mayor emergencia que en casa, no sólo necesitan -que también- embajadas culturales y buenas palabras. Precisan que este consejo o cualquier otra institución que no mencione su nombre en vano, les brinde la posibilidad de regresar a orillas del gran río, dignamente y cuando ellos quieran. O que, en similares condiciones, sigan siendo orgullosamente andaluces donde les venga en gana.

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