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"En lugar de comprarnos un coche, con el beneficio abrimos más bares"

Es propietario del Bar Antojo , un establecimiento que es ya una referencia pese a tener sólo un año de vida. Ahora afronta la apertura de otros dos locales.

el 21 abr 2012 / 19:50 h.

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Ernesto Malasaña y Pedro Rodríguez posan en la barra de su nuevo bar, la abacería La Niña Bonita, situado en la calle Calatrava, frente a Antojo.

Pedro Rodríguez (Málaga, 1984) y Ernesto Malasaña iniciaron hace ahora un año una andadura empresarial que ha resultado exitosa. Procedentes de dos mundos completamente distintos, el remo y la cocina, han conseguido que el Bar Antojo, en la calle Calatrava, se convierta en un establecimiento de referencia en la ciudad. Ahora abordan nuevas aperturas en la misma zona, donde ofrecerán a su clientela otras opciones gastronómicas.

-¿Cómo se logra que un bar que abre en plena crisis vaya bien?

-Nuestra filosofía es ajustar los márgenes lo máximo posible, de manera que no compramos caro y vendemos barato. Queremos dar precios económicos porque a la gente, sobre todo en Andalucía, le gusta salir a la calle, pero ahora gasta menos. Si antes se tomaban ocho cervezas, ahora cuatro. Prefiero ganar menos pero que en el bar siempre haya gente, poner diez tapas en lugar de dos, aunque gane menos por cada una de ellas.

-De que les va bien dan buena cuenta sus nuevos proyectos empresariales tras solo un año desde que abriera Antojo...

-Para hacer el negocio rentable lo principal desde nuestro punto de vista es no deber dinero. Al principio tuvimos que apoyarnos en los bancos para arrancar, pero pronto nos dimos cuenta de que teníamos una buena aceptación. Tras un año, hemos pagado la inversión y ahorrado dinero. En vez de comprarnos un coche nuevo, hemos decidido abrir nuevos locales.

-¿Por dónde van estos nuevos negocios?

-Son dos nuevos establecimientos en los que queremos dar otras ofertas gastronómicas. El primero de ellos es La Niña Bonita, una abacería que lleva abierta unas semanas y que cuenta con más referencias de vinos y chacinas. Cuenta con más tradición sevillana pero sin restarle nuestra filosofía de unirlo a lo moderno. Nos gustan además las decoraciones vintage. El segundo es el Nikkei, un restaurante peruano japonés que queremos que tenga un toque distinto al del resto de los establecimientos nipones de la ciudad, por eso vamos a ofrecer tapas. Después de Feria lo abriremos.

-¿Para abordar esas aperturas han necesitado financiación?

-No. Hemos tirado con lo que hemos conseguido ganar. Mucha gente pensará que nos estamos forrando, pero no es así. Los beneficios los invertimos.

-Siempre se dice que a Sevilla, si algo no le falta, son bares. ¿Cómo está la competencia?

-Está difícil porque cada vez la gente exige más pero quiere gastar menos, lo que hace reducir márgenes. La competencia te obliga a diferenciarte bien para seguir ganando y continuar con el negocio. Con el tema de los bares modernos, hay sitios que ponen tapas muy pequeñas. Nosotros pensamos que con 15 euros el cliente se tiene que ir comido, por eso nuestros platos no son ridículos. Y un bar no sólo puede ser rentable el fin de semana, también el resto de los días.

-¿Qué diferencia a Antojo del resto de la oferta?

-Partimos de la base de que esto está difícil, pero Sevilla no es Barcelona. Yo soy de Málaga y este modelo de bares va muy por delante en Sevilla. En nuestro caso, aprovechamos el hacer una cosa que nos apasiona para convertirlo en nuestra forma de vida, por eso queremos que la gente se sienta en el establecimiento como en casa. Y jugamos con la baza de que Ernesto hace cosas muy elaboradas, innovadoras y divertidas que gustan a la clientela. En el Nikkei, aparte de la fusión de cocina peruana y japonesa, va a haber una refusión con productos de la tierra. Además, buscamos a gente joven que le guste su trabajo aunque no tenga experiencia, que quiera aprender y que cuide los detalles. Antes, cuando la cosa estaba mejor, esto no se tenía en cuenta. En total, somos entre diez y 14 trabajadores, dependiendo del día, a los que hay que sumar dos de La Niña Bonita y seis en el Nikkei.

-Comenta que es de Málaga. ¿Ha pensado en dar el salto a otras ciudades?

-Nos gustaría saltar, aunque no pretendemos tener 80 restaurantes. En estos momentos, el objetivo es asentar los tres que tenemos y, más adelante, si surge la oportunidad, seguiremos poniendo en marcha más negocios. Ahora es el momento de parar y pensar en el futuro. Y es que sólo llevamos un año, y eso no es nada en un negocio. La idea es fijar la clientela que ya hemos conseguido y cuidarla. Si te compras un coche en lugar de cuidar este tipo de cosas, te irá mal. Por ahora, no pensamos incluir nuevos socios.

-¿Qué importancia tiene la presencia de los jefes en un negocio como el hostelero?

-Es vital para que funcione. Con las nuevas aperturas vamos a tener que delegar, aunque en personas de plena confianza que han estado con nosotros desde el principio. En estos momentos, Antojo es lo principal, es algo que no perdemos de vista.

-¿Abrir un restaurante en estos momentos es mala idea?

-Ahora mismo no funcionaría. Hay modas, ahora mismo está la del bar con estilo de restaurante que ofrece tapas. Se da más calidad a menor precio, es una de las cosas buenas que ha traído la crisis, entre muchas malas. La filosofía del protocolo ya la ha superado la sociedad de hoy día, que es más informal pero que no quiere que se pierda la calidad.

-¿Por qué ha sido tan rentable su negocio?

-Nuestra idea desde el principio era que todo lo que pudiéramos hacer con nuestras manos, lo haríamos. La cocina la alicatamos nosotros y no contratamos ni a diseñadores ni interioristas, todo lo hemos hecho nosotros. Además, pensamos que si los jefes no somos los que más trabajamos, cómo se lo vamos a exigir a los demás. Los dueños echamos 16 horas al día.

-¿Cuáles son los momentos más fuertes del establecimiento?

-Llevamos sólo un año y todavía no lo hemos podido analizar bien pero, en principio, en invierno funcionan mejor las comidas y en verano las cenas. Además, estamos abiertos por la mañana para el desayuno. En principio no era rentable, pero la idea era dar un servicio más al cliente aunque supusiera un sacrificio. Finalmente ha resultado rentable también. En nuestro caso, el boca a boca es lo que ha funcionado.

-¿Se plantea otras líneas de negocio?

-Nos encanta crear ambientes y, cuando estemos más desahogados, nos gustaría dedicarnos también al interiorismo de negocios. La idea es ayudar a cualquier empresario que tenga que afrontar la apertura de un bar, no sólo con la decoración y el diseño, sino también con el papeleo. El objetivo es ponerle al cliente el negocio en funcionamiento.

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