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Espacio, tiempo y Constitución

En un libro clásico de la literatura arquitectónica (Espacio, Tiempo y Arquitectura, 1941), Siegfried Giedion encabezaba su prólogo diciendo que iba "dirigido a quienes alarma el estado presente de nuestra cultura y están ansiosos de encontrar una salida a este aparente caos de tendencias contradictorias".

el 15 sep 2009 / 19:30 h.

En un libro clásico de la literatura arquitectónica (Espacio, Tiempo y Arquitectura, 1941), Siegfried Giedion encabezaba su prólogo diciendo que iba "dirigido a quienes alarma el estado presente de nuestra cultura y están ansiosos de encontrar una salida a este aparente caos de tendencias contradictorias". En su respuesta consideraba que "la Historia no es una compilación de hechos, sino una visión interior de un proceso vivo que va transcurriendo".

Sumidos en la crisis global, los treinta años de la Constitución Española y el debate sobre el Espacio Europeo de Educación Superior pueden ser comprendidos desde esa "mirada arquitectónica", interior a la realidad, que enarboló Giedion. El espacio sólo se percibe al vivirlo; lo que hermana a la arquitectura y el cine, una constituyendo el espacio que habitamos en el tiempo, y el otro integrándonos dentro de su narración.

Estamos en el ojo del huracán de la crisis, y sus turbulencias no nos ofrecen un claro perfil de sus consecuencias. En su 30 aniversario, el presidente del Gobierno es partidario de la máxima ignaciana ("en hora de turbación no hacer mudanza") y por ahora dejar la Constitución como está. Resiste bien nuestras "tendencias contradictorias", y todos cabemos en ella, hasta los violentos si quisieran dejar de serlo.

Pero los acontecimientos de estas décadas muestran un escenario cambiante y sin retroceso. Europa está en construcción y pese a sus dificultades hoy podemos leer de otra manera artículos de la Constitución como el 19 ("Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos"). ¿No aprecian su tono de época? La realidad de hoy es la del espacio Schengen, el espacio euro, internet, o el Espacio Europeo de Educación Superior: la libertad de residencia y circulación, estudio y trabajo, a escala continental.

El Tratado de Bolonia es un desafío con el que debemos estar comprometidos críticamente. Muchos de sus problemas son los que se adhieren a la interpretación perversa de sus objetivos. Se trata de utilizar adecuadamente el nuevo escenario para que las universidades progresen en el cumplimiento de sus fines sociales.

Ante dudas razonables, como las expresadas por José Luis Pardo en El País el pasado 10 de noviembre, particularmente el vínculo empresarial (con la innovación), la pérdida del atractivo de la docencia universitaria (sin investigación) o el desmontaje de lo que existe sin ninguna idea rectora (reconocible), creo que debemos identificar urgentemente el modelo de universidad (pública y privada) que precisamos para la salida de la gran crisis global hacia un sistema social y económico nuevo. Salir de su ensimismamiento y contribuir eficazmente a proponer y recorrer ese camino: esa es la misión de la nueva Universidad europea.

Catedrático de Arquitectura de la Hispalense vpe@us.es

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