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Hasta Curro se atrevió a bailar por sevillanas

El Correo de Andalucía inicia una serie semanal que habrá de guiar al lector hasta octubre por los innumerables acontecimientos que acaecieron en aquellos seis meses míticos dominados por la Expo'92.

el 29 abr 2012 / 15:29 h.

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Cuando en la madrugada del 28 de abril de 1992, el por entonces alcalde de Sevilla, Alejandro Rojas Marcos, procedió al encendido de la portada del Real de la Feria, la ciudad estaba dando el pistoletazo de salida a una inabarcable semana en la que el tradicional encuentro con el albero convivió con otra Feria, esta universal y mucho más efímera, en la Cartuja. A poco más de una siete días desde que la Expo'92 abriera sus puertas, El Correo de Andalucía contaba en su portada de aquella jornada una doble noticia. De un lado, la normal inauguración de la Feria de Abril, de otro un titular cuya explicación suponía la constatación de un éxito anunciado: "La Expo suspende la venta de pases de temporada". Se hizo cuando ya se habían colocado 280.000 abonos, el doble de lo previsto inicialmente, y para evaluar cómo aquel caudal de gente iba a poder se absorbido por el recinto. Un día antes, el presidente de la Sociedad Estatal, Jacinto Pellón, señaló cómo todavía tenían en la recámara 60.000 pases vendidos y no entregados. A una semana de su inauguración el boca a boca había sido tan monumental que, de 300 pases vendidos en el mes de enero, se había pasado a 8.000 en abril. La noticia, que suscitó una considerable polémica entre determinados partidos políticos (PA e IU), no causó menor estupor en otras tantas miles de personas que, por algunas semanas y hasta que se resolvió finalmente, vieron peligrar su relación con este acontecimiento único.

A qué negarlo, las páginas de la Expo engulleron aquellos días la información relativa al Real. Aunque, objetivamente, nadie pudo decir que una u otra Feria se quedaran sin visitantes. El jueves 30 de abril, primer ‘día familiar' en la Expo, se celebraba la visita dos millones y turistas ingleses con sus sandalias y sus calcetines convivieron a iguales con flamencas. Por si acaso estuviera huérfana de colorido la muestra, fueron centenares las mujeres que alternaron entre un lugar y otro ataviadas con el traje preceptivo. El mismo alcalde, Rojas Marcos, se fotografiaba aquel día con dos de ellas bajo la hilera del telecabina, trasunto de los farolillos de idiosincracia futurista.

Se produjo además, citando otro titular de El Correo, un auténtico ‘Abordaje ferial'. Cincuenta coches de caballos pasearon por la Expo con paradas para beber fino en las peculiares casetas en que se convirtieron algunos de los pabellones. Abrió la comitiva una gran calesa tirada por cinco caballos cartujanos en la que viajaba el diplomático Manuel Prado y Colón de Carvajal, presidente de la Asociación de Enganches de Sevilla. En la puerta de la Expo, el comisario general de la muestra, Emilio Cassinello, se subió al coche para ofrecerle un recorrido guiado. Y un poco más adelante, a la vera del Pabellón de Andalucía, la mascota de la muestra, Curro, se arrancó a bailar por sevillanas ante el fragor de los disparos de un centenar de cámaras de fotos de orientales que, no por casualidad, pasaban por allí. En la Expo todo estaba religiosamente anotado en la agenda. "Media docena de azafatas vestidas de gitana, mujeres tocadas con mantillas, trajes de época británicos y a la francesa, faralaes y camisas de lunares, sombreros cordobeses, bombines, gorras de aires chulescos, corbatas de Armani y trajes de lino blanco distinguían la comitiva", según rezaba la crónica periodística de un día en el que también se dejó ver doblemente -en una calesa en el Real y en un almuerzo en el Pabellón de España- la condesa de Barcelona y madre del Rey, Doña María de las Mercedes de Borbón.

Pero aunque Sevilla festejó por lo alto aquella semana la coincidencia de un doble e irrepetible fasto, la Expo no pisó el freno por culpa de la coincidencia con los farolillos y en la Cartuja continuaron las actividades. El 30 de abril, el Pabellón de Estados Unidos celebró una accidentada y algo primitiva videoconferencia con Arnold Schwarzenegger con más interferencias que una emisora pirata de la onda media. Pero la tecnología por aquel entonces era la que era y... ver aparecer a Terminator desde Londres en una pantalla fue impagable. Lo hizo para anunciar que visitaría Sevilla en septiembre para ejercer de anfitrión en un campeonato de culturismo. A la misma hora, el pabellón de Bolivia recibía la visita de su canciller Ronald Mclean con un objetivo todavía hoy inconcluso: ‘Desatanizar la coca', se afirmó desde estas mismas páginas. "La hoja de coca, mascada o en infusión, no es más estimulante que el café", dijo en aquella ocasión. Y aunque poco tiempo después, durante la visita de la Reina Sofía al país andino pudiera vérsela masticando una hoja de este natural producto, antes, durante y después de la Expo sigue estando prohibida. Así que tocó y toca solazarse con la inocua caña de azúcar.

Sume ocho días a la fecha de lanzamiento de la muestra y en la primera plana de la edición de El Correo del 30 de abril de 1992 ya se estaba contando que ‘La expo superará esta mañana los dos millones de visitantes'. Así sucedió. Pasadas las once del mediodía, el sempiternoCurro y una comitiva dieron la bienvenida al visitante de la cifra redonda, quien además de una foto con la mascota alada se llevó una moto de regalo y un pase VIP que le permitió acceder a los pabellones temáticos sin necesidad de aguardar las temibles colas que ya en aquellos primeros días registraban pabellones como los muy codiciados de Fujitsu, Canadá, Marruecos y Kuwait.En medio de tanta Feria y tanta Expo, el mes de mayo estaba a la vuelta de la esquina y en su horizonte se divisaba la quinta huelga general que se convocaba en España desde el inicio de la democracia.

Sucedió el 28 de mayo y pese al enrarecido clima político este periódico ofrecía un titular: ‘La huelga general se cura con manzanilla', que daba una idea de lo paradójicamente bien que miembros de unos y otros partidos se llevaron (o aparentaron llevarse) en la Sevilla primaveral, ello a pesar de que los sindicatos pusieron su empeño en parar la Expo'92, objetivo que no consiguieron dada, en parte, la enorme participación en la misma de personas no españolas que siguieron enfrascados en los tinglados de los pabellones. Fue un mes agitado y pletórico. No llovió ni en Semana Santa ni en Feria. La ciudad se volcaba cada día que pasaba más y más con un evento que acabaría por transformar la ciudad y las mentes... en el Maestranza se veían las primeras colas para ver una ópera.

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