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Feria de Abril

La belleza que va por dentro

Si levanta la mirada del plato su vista se solazará ante algunas de las casetas más bellas.

el 25 abr 2012 / 18:38 h.

Si a estas alturas los litros de rebujito que lleva en el cuerpo le dan como para poder fijar la vista y no ver marcianos de tres cabezas, entonces es que todavía está a tiempo de disfrutar del interiorismo, ese noble arte decorativo que tiene en bastantes casetas a algunos de sus más conspicuos y sagaces paladines, capaces de sacar oro allí donde teóricamente bastaría con colocar un puñado de farolillos y tres o cuatros imágenes folclóricas de rancio abolengo y con su mijita de grasa del año pasado a modo de película protectora.

Justamente, una de las cosas que más llama la atención de los turistas cuando pisan la arenilla del Real es cómo unos y otros se las apañan para que su caseta luzca diametralmente opuesta a la de su vera. Si una tira por las reproducciones de portadas de la Feria, la otra planta una exposición de flamencas estilo años 20. El adorno es una seña de identidad más de cuanto acaece en esta semana de lunares. Por eso el Ayuntamiento de Sevilla instauró unos premios a las casetas más hermosas -los de este año se fallarán el sábado- cuyos galardones bien pueden servir para trazar un recorrido paralelo al de los pimientos fritos y la manzanilla que puede culminar -inspiración mediante- con el salón de su casa erigido durante el resto del año en un trasunto de la caseta de feria con un farolillo en cada esquina del hipermoderno televisor de plasma.

Una de las que luce mejores exornos la localizará en Pascual Márquez 23. La caseta Las Torres reproduce un gran salón palaciego con candelabros de pared, visillos decimonónicos, suntuosas flores, cornucopias y un imponente espejo estilo Luis XIV. Contemplarla es gratuito y, a poco que ponga cara de pena, seguro que le invitan a pasar para degustar lo que se cuece entre sus fogones. En la caseta de Chicuelo 13 -ubicada no sin poca retranca en Chicuelo 14- el asunto de la decoración es una tradición que viene pasando de padres a hijos desde tiempo inmemorial. Sucede igual en otra de las que siempre cuenta a la hora de los premios, la de la Peña Hispalense, que alberga en su interior una enorme lámpara de araña más propia del corazón de un teatro que de una caseta.

No deje de otear tampoco las ubicadas en Juan Belmonte 37 ni la llamada El Agua, de Pascual Márquez 119. Cuando las vea sabrá por qué se lo decimos. En esta misma calle, en el número 243, podrá admirar una caseta distinguida históricamente por la "armonía de la composición", y la que hallará en Joselito el Gallo 25 le sorprenderá por la solera de su decoración. Nadie podrá decir que no luce a tono con el colorido comunal de esta un tanto incómoda ciudad efímera.

En Gitanillo de Triana 62 admirará una barroca caseta recargada con todo tipo de ornamentos. Y en la del Club Banco Popular (en la calle Bombita 34) casi da pudor hincarle el diente a las espinacas rodeado como se está por una gran exposición de mantones. Las casetas y los perfumes tienen bastante en común, las mejores se presentan en envases pequeños (en jerga ferial, de un módulo) y en todas huele a manjares de Alí Babá. Que no le nuble la vista lo ostentoso de las grandes casetas; aquí, cuanto más chica sea, más posibilidades de entrar en éxtasis.

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