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La Coral de Sevilla

En mi última colaboración, dedicada a la Fundación Aparejadores, expresaba mi admiración por las empresas y las iniciativas culturales importantes y perdurables que se sostenían con fondos privados, aunque ocasionalmente pudieran recibir alguna ayuda pública. Hoy quiero homenajear a una institución muy sevillana que en estos días cumple...

el 15 sep 2009 / 22:17 h.

En mi última colaboración, dedicada a la Fundación Aparejadores, expresaba mi admiración por las empresas y las iniciativas culturales importantes y perdurables que se sostenían con fondos privados, aunque ocasionalmente pudieran recibir alguna ayuda pública. Hoy quiero homenajear a una institución muy sevillana que en estos días cumple precisamente medio siglo de existencia: la Asociación Coral de Sevilla, fundada en 1959, y que sigue hoy ofreciendo con entusiasmo lo mejor de su arte después de cinco décadas de ininterrumpida entrega. Precisamente para conmemorar esta fecha, la Coral celebrará el próximo sábado 14 de febrero, en acción de gracias, la famosa Misa Pontifical de Lorenzo Perosi en la parroquia de Santa Cruz bajo la dirección de su actual director, José Márquez Pérez.

Fueron de extraordinaria categoría todos los músicos que dirigieron la Coral en sus cincuenta años de vida. Tal vez esa es la clave de su perdurabilidad. Su fundador y primer director fue el maestro asturiano don Pedro Brañas, durante 28 años director de la Banda Municipal de Sevilla, un hombre que forma parte de la leyenda musical de nuestra ciudad. Le sucedió el no menos admirado Ignacio Otero Nieto, insigne organista, académico y catedrático de nuestro Conservatorio Superior, durante cuya dirección la Coral de Sevilla llevó a cabo una de las versiones parciales del Cancionero de Medinaceli y protagonizó en Estoril la parte musical de la boda de la infanta doña Margarita de Borbón, hermana de nuestro Rey.

Le sucedería en el cargo el maestro coruñés Luis Izquierdo, un hombre con el que la ciudad de Sevilla sigue en deuda por la labor que desempeñó en el Conservatorio, en la Bética Filarmónica y con la propia Asociación Coral. Él forma parte de la historia de la interpretación del Miserere de Eslava y con él la Asociación terminó convirtiéndose en la coral insustituible para ejecutar cada año, formando también parte del rito, la bella partitura del genio de Burlada.

Y a Izquierdo le sucedió el emprendedor y siempre vitalista maestro sanluqueño Juan Rodríguez Romero, también académico y catedrático de nuestro primer conservatorio, una figura realmente clave en la música sevillana de las últimas tres décadas. Con él, el coro alcanzó algunos de los momentos más brillantes de su medio siglo de existencia. Le sucederían más tarde dos directores jóvenes de la tierra, Pedro Vázquez Marín y su actual titular, José Márquez Pérez.

La Coral despliega hoy una asombrosa actividad para poder financiar sus propios gastos: conciertos, bodas, misas, funciones litúrgicas de hermandades, celebraciones, etcétera. Pero ellos, individualmente, no cobran un duro. Lo hacen todo por amor al arte. Y disfrutan haciendo lo que hacen. Lo sé porque los conozco bien y los he visto trabajar. ¿Y saben por qué? Porque, aunque sean médicos, delineantes, abogados, empleados de banca, estudiantes o amas de casa, son artistas enamorados de la música, como me decía hace poco su actual presidenta, Pepita Cabral Cerdán. Sevilla les debe un reconocimiento en este año en el que cumplen medio siglo de vida. Ganado lo tienen.

Catedrático de Historia de América y miembro del Consejo Editorial de El Correo.

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