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“La crisis ha propiciado un mayor control de la hora de entrada al trabajo”

Emprendedores por necesidad y por vocación. Cuando la empresa en la que trabajaban Luis Núñez (Sevilla, 1962) y Manuel Pulido empezó a naufragar decidieron que era el momento de saltar del barco y construir uno para capear el temporal.

el 31 ago 2013 / 23:15 h.

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Luis Núñez, junto con Manuel Pulido y Laura Núñez, que durante dos años fue socia de la cooperativa, en el CADE de Sevilla. / EL CORREO Luis Núñez, junto con Manuel Pulido y Laura Núñez, que durante dos años fue socia de la cooperativa, en el CADE de Sevilla. / EL CORREO Corría el año 2010 y entonces parecía que la crisis no duraría eternamente. Tres años después no se aventuran a más vaticinios, sólo piden que los clientes paguen y que los bancos respondan para que su apuesta cooperativista, Evasión Sur, les siga dando para vivir. –¿El futuro pasa por el autoempleo? –Creo que sí. Hoy día las empresas tienden a bajar salarios y derechos y algunas de ellas mantienen el beneficio. Ser autónomo o de economía social permite que tú te lo autogestiones todo y sabes si hay un mes en el que no vas a cobrar y otro que hay un poco más, que puedes ganar más dinero. –¿A qué se dedica Evasión Sur? –A la distribución e instalación de sistemas de control de presencia, de acceso y de producción. Básicamente a todo el control de una empresa, desde el reloj para picar y controlar las horas que trabajan, hasta el acceso a determinados lugares dentro de la misma. El concepto de picar ha cambiado mucho. Antes era de cartón, ahora hay tecnologías más avanzadas como sistemas de huellas, reconocimiento facial, tarjetas de aproximación... –¿Cuándo empieza la aventura? –Empezamos en septiembre de 2010. Manuel Pulido y yo trabajábamos en otra empresa del mismo sector y cuando vimos que las expectativas eran malas –de hecho, ya ha cerrado– nos asesoramos para montar la empresa. –¿Por qué eligieron la fórmula de la cooperativa? –Conocía algo de las cooperativas porque mi hermana tiene una desde hace catorce años. Vinimos al CADE (Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial) a asesorarnos y vimos que era el sistema más democrático para gestionar una empresa. Nos gustó la filosofía, en la que no se mira tanto como en una empresa normal el ganar dinero, sino que se mira más el bienestar de cada uno de los miembros. –Destaque sus ventajas. –Cada socio es un voto y cada voto vale lo mismo. No hay un ejecutivo que mande, sino que se intenta hacer todo por consenso, además de la flexibilidad que tienes a la hora de todo al ser empresario y trabajador a la vez. –¿Es más difícil desconectar y dejar los problemas en la oficina? –Es complicado, pero depende de lo que uno esté acostumbrado. En mi anterior empresa yo llevaba siempre el teléfono encima a todas horas para atender a los clientes. –¿Más emprendedores por necesidad que por vocación? –Por necesidad y por vocación. Necesidad porque veíamos que la empresa en la que estábamos iba mal y si no es por vocación, no haces una cooperativa. Ya dentro de la cooperativa, te puedes regir por el régimen general o el de autónomo, y elegimos el segundo porque nos da más flexibilidad. –25 años trabajando en una empresa y decide dar el salto. ¿Sintió vértigo? –Se siente mucho miedo porque aunque la empresa no iba bien un cambio es un cambio y tienes que arrancar de cero. Además, antes llegabas, hacías tu trabajo y te daba igual si cobraba el empresario. Ahora tienes que estar tú pendiente de cobrar a los clientes para pagar a los proveedores. –¿Recomienda la experiencia? –Se pasa miedo e incertidumbre pero lo recomiendo. La primera etapa, un par de años, son duros. Ahora ya se está más tranquilo. –¿Cómo ha evolucionado el negocio en estos tres años? –De una forma un poco rara.Los años 2010 y 2011 fueron fuertes, en 2012 pegó un bajón y éste parece que se recupera. Depende mucho porque con un proyecto se puede cubrir un año. No trabajamos con un sector concreto. Lo hacemos con la Administración pública y con empresas de agroalimentación, maquinaria industrial, residencias de mayores, mataderos para controlar el acceso por higiene, centros de manipulación de alimentos, factorías de producción de piezas... –¿Y ahora que las administraciones no tienen un duro? –Las administraciones han reducido su presupuesto y además tardan mucho en pagar. Nosotros tenemos deudas pendientes. Antes pagaba en 30, 60 o 90 días, pero ahora tenemos un pago pendiente desde hace seis meses. Pero el impago no es sólo problema de la administración, también de las empresas. Y a eso le sumas que es complicado que los bancos te den una póliza para adelantar el dinero y cuando te dan las condiciones, te da la risa. –¿Se puede considerar un servicio de lujo el que ustedes ofrecen? –De lujo no. Hay sistemas más básicos y más completos. Depende de lo que quieras y del número de personas. Los hay desde 400 euros hasta lo que te quieras gastar. Este servicio es muy a medida, nos adaptamos a las necesidades del cliente. Ahora las empresas aguantan más para cambiar de tecnología, antes lo hacían cada cuatro o cinco años. –¿La crisis ha propiciado mayor control del absentismo? –Se está notando bastante. La crisis hace, primero, que las empresas no inviertan en modernizar los sistemas, y que se controle más el control de presencia –que la gente vaya a trabajar a sus horas– que el control de accesos por temas de seguridad. –¿Cómo ven el futuro? –Esperanzador porque cada vez nos van recomendando más clientes. Es importante que la cartera de clientes no disminuya y aumente como consecuencia del boca a boca de gente para la que hemos trabajado. Además, tenemos acuerdos de colaboración con otras empresas en casi toda España para la instalación de estos sistemas. Aquí hay que ayudarse porque para nosotros sería una locura ir a Madrid a instalar un sistema. Son sinergias.

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