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"La crisis no, pero el papel de las familias se merece una exposición"

Directora del Museo de Artes y Costumbres Populares. Antropóloga de carrera, defiende la responsabilidad de cada uno en la lucha contra los estereotipos de Sevilla.

el 16 jun 2012 / 18:55 h.

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Montserrat Barragán a las puertas del museo, ubicado en el Pabellón Mudéjar del Parque de María Luisa.

–¿Es fácil programar exposiciones en un museo como éste, hay variedad?
–Precisamente es el museo que tiene más fácil la programación. La cultura abarca cualquier actuación humana, desde la forma en que comemos, cómo vestimos, nos divertimos, lo que creemos… Tenemos un abanico más grande que cualquier otro museo. Además, tenemos en exposición un porcentaje irrisorio de nuestras colecciones. Tenemos 24.000 fondos y expuestos, 4.000.

–¿A qué se debe?
-No contamos con el espacio necesario y, además, el no exponerlo todo responde a una cuestión pedagógica. No se enseña más por exponer más. Todo lo contrario. Se produce lo que se llama la fatiga de museo, que consiste en que el visitante se satura ante mucha información.

–¿Sueña con otra ubicación?
–De momento, nuestras miras están puestas en una reforma del edificio y la exposición más que en un cambio de ubicación. La ubicación tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Estar en un parque nos garantiza una cierta afluencia de público, aunque, cuando un día de temporal se cierra, nos quedamos sin visitantes. Los metros cuadrados que tenemos no son insuficientes, pero empiezan a ser escasos. Tenemos problemas para acoger más exposiciones. Además, tenemos el problema de estar en un edificio histórico que no estaba pensado para acoger un museo. Tiene problemas de mantenimiento: cuando no son bombillas, son los bajantes o las losetas. Lo normal.

–El Arqueológico os derivará mucho público, supongo.
–Nos hacemos un refuerzo mutuo. Tenemos un número de visitas anuales muy similar.

–¿Con que quiere sorprender a los visitantes en los próximos meses?
–Tenemos la exposición permanente, que nos gustaría reformar. Pero no depende de nosotros ni de la Junta, ya que somos un museo de titularidad estatal. Hemos planteado una propuesta de reforma de la primera planta, que está cerrada desde hace siete años. El ministerio estuvo a punto de aprobar el proyecto pero se cruzó la crisis y no estamos ni en programación. Lo que nos quedan son las exposiciones temporales, donde se hacen planteamientos más arriesgados. Ahora tenemos la de la producción histórica de Cartuja, y contamos con dos proyectos en cartera, uno más pequeñito y otro más ambicioso. El primero es con la Federación de Artesanos de Andalucía; el segundo será la exposición sobre la evolución de los trajes de flamenca centrada en la figura de Lina. Estará para finales de noviembre. Y para el año que viene ya hay dos o tres cosas...

–¿Reciben el apoyo de las instituciones?
–Nunca nos hemos sentido menospreciados. Sí hemos tenido quizás menos visibilidad entre la ciudadanía. Pero bueno, eso no dificulta el trabajo.

–¿La crisis podría dar para una exposición?

–No tanto la crisis económica como la vital. Hacer una exposición sobre la crisis económica me parecería darle más importancia de la que ya tiene en nuestras vidas. El otro día me dijeron que en un bar de Triana había un cartel que decía: “Prohibido hablar de cómo está la cosa”. La verdad es que es así. Todos vemos los periódicos y sabemos lo que hay, pero nuestra vida sigue y hay muchas cosas muy importantes. Lo que es indiscutible es que hay culturas que afrontan el cambio como una oportunidad, como una regeneración. Hay culturas optimistas y otras muy pesimistas.

–¿Dónde estaríamos nosotros ahora?
–Andalucía es una cultura optimista porque desconfía del poder. Aquí en lo que confiamos es en la familia.

–Entonces, una exposición a la familia.

–Sin duda, pero contándolo todo, que la familia es un núcleo de tensiones.

–¿La crisis va a modificar conductas?
–Sobre todo en determinadas generaciones. Hay una generación perdida que va a tener muchas dificultades para encontrar trabajo. Cuando esto acabe, que esperemos que acabe, se va a encontrar con una edad en la que va a ser más difícil su incorporación al mundo laboral. Es una deuda que tendremos que solventar entre todos.

–¿Las instituciones culturales hacen todo lo posible por sacar a Sevilla del tópico?
–Solo unas cuantas y no lo consiguen.

–¿En qué están fallando?

–Hace mucho tiempo que los responsables de las instituciones no salen a la calle y no pulsan lo que está pasando. Sinceramente. En los medios de comunicación veo una Sevilla que no la reconozco como mía. Hay muchas Sevillas, pero solo veo una.

–Estamos celebrando los 20 años de la Expo y, pasado ese tiempo, parece que no se aprovechó del todo para romper con la imagen de que Sevilla es Feria y Semana Santa.
–Pensar que los responsables políticos, sean del ámbito que sean, son los únicos responsables de romper los estereotipos… Yo creo que cada uno de nosotros debemos mirarnos y ver qué grado de responsabilidad tenemos en esta tarea, qué aportamos cada uno a la imagen de la ciudad.

–¿Las redes sociales pueden contribuir a romper con esos tópicos?
–Ésa es la revolución que está pendiente. Lo que se mueve a través de las redes sociales de manera informal hace que se le coja el pulso a la realidad mejor que en el BOJA y en las ediciones escritas de los periódicos.

–Y si la crisis da para una exposición ni qué decir tiene un movimiento como el 15M.
–Es muy interesante. Pero habría que hacerlo con perspectiva histórica, fundamentalmente sobre el estereotipo del joven rebelde. Sobre este particular hay mucha literatura etnográfica. La generación que precede a los del 15M son hijos de la Transición. Independientemente de su voto, son ideológicamente progresistas. Son herederos de la democracia. El papel de confrontación de los jóvenes del 15M no es contra sus padres sino contra el sistema en sí mismo.

–¿Cómo salimos de ésta evitando que se queden muchos por el camino?

–En general, este país tiene una muy débil conciencia pública. No queremos asumir la responsabilidad que cada uno tenemos en esto. No se trata de solidaridad sino de ser conscientes de que lo que tú haces me afecta y lo que yo hago afecta a otro.

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