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La Macarena luce en su besamanos la saya con la que fue ocultada en el cajón

Las colas del atrio y el reguero de ramos de flores marcaban el camino hacia Ella. La festividad de la Esperanza alteró el ritmo diario de un barrio y, por ende, de una ciudad que hasta el domingo peregrinará a la Basílica para cumplir con el rito de cada 18 de diciembre.

el 15 sep 2009 / 20:04 h.

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Las colas del atrio y el reguero de ramos de flores marcaban el camino hacia Ella. La festividad de la Esperanza alteró el ritmo diario de un barrio y, por ende, de una ciudad que hasta el domingo peregrinará a la Basílica para cumplir con el rito de cada 18 de diciembre: besar la mano de la Esperanza Macarena.

Desafiando la niebla de la mañana, las primeras colas se formaban en el puesto de calentitos que hay frente a la Basílica. Hay que reponer fuerzas para la espera. Algunas, como Elena, habían comenzado la jornada del besamanos la noche antes con la bajada de la Señora de su camarín. "Ha sido muy emocionante. El pregonero de 2009 [por Enrique Henares] la tomó por el talle mientras todos rezábamos el rosario. Doce cirios alumbraban el camino", resumía a unos amigos en el atrio. Elena se había recorrido unos cuantos kilómetros para pasar este día en Sevilla.

Ella y otros cientos de personas se encontraron con una Macarena que, sólo recordaban los más mayores: ataviada con el manto de malla -el conocido como camaronero- y la saya morada con la que fue ocultada en el cajón en abril de 1936. Era la Macarena de San Gil, la de las Madrugás de los años 30. La inusual vestimenta no pasó desapercibida para los devotos: "Qué bonita está. El vestido es nuevo, ¿no?, preguntaban dos hermanas de San Jerónimo que, ramo de flores en mano, rompieron a llorar al darse de frente con el rostro de la Esperanza.

La saya morada -la única de Juan Manuel Rodríguez que se libró de las llamas del 36- ha sido recientemente traspasada por José Ramón Paleteiro, que, a petición de la hermandad, le ha devuelto el primitivo color, explicaba a pie de altar el prioste de la Esperanza, Pedro Ignacio García. Un cinturón realizado con joyas sustituía al habitual fajín que ciñe su cintura. No prescindió la Esperanza de sus mariquillas, la cruz pectoral de Bueno Monrreal, la medalla de la ciudad de Sevilla y la pluma de Muñoz y Pabón.

Claveles blancos y azahar adornaban el altar dispuesto para el besamanos. El escudo que dibujaba la alfombra se iba tapizando por minutos con centros de flores blancas, que con cierta gracia iba distribuyendo el prioste alrededor del manto de la Macarena. Algunos ramos anónimos y otros más conocidos como el remitido por el Ayuntamiento de Morón de la Frontera, de la que es alcaldesa; la Asociación de Agentes Comerciales, de la que es patrona; los donantes de órganos...

Fueron los vecinos más pequeños los que pusieron la nota de color a tanta flor blanca. Nerviosos y abrigados con gorros y bufandas, los escolares del centro Colegios Altos y Padre Manjón ofrecieron seis macetas de flores de pascua. Reyes, de nueve años y vecina de la calle Divina Pastora, resumía así el motivo de su visita: "Venimos a felicitar a nuestra Madre. Le vamos a cantar un villancico... el de los peces en el río". Ellos ponían las voces y los profesores de religión las guitarras. Su desfile irregular ante la Esperanza requirió de cierta ayuda del prioste o del mismo teniente de hermano mayor, Manolo Garrido. Ellos se encargaron de elevar a los niños hasta alzar la mano.

Al frente de esta menuda centuria se encontraba Maruja Vilches, consejera de Sacramentales y pregonera de las Glorias de 200x: "Es una tradición muy entrañable que iniciamos hace unos años cuando era directora del colegio. Pese a que ya no estoy al frente, cada año me gusta venir este día con ellos", aseguró Vilches.

No fue la única visita corporativa que recibieron. Entre las hermandades y cofradías que dirigieron sus pasos hasta la Basílica, destaca una en especial: la de la Hermandad de la Esperanza de Triana, cuya representación rezó una salve ante la Señora.

Y es que el camino de la Esperanza saltaba la muralla macarena y cruzaba el río hasta el viejo arrabal. En Santa Ana continuaba en besamanos la Virgen de la Esperanza de Triana, otro de los focos devocionales de la ciudad. La O, la Esperanza trinitaria, la Divina Enfermera, la Virgen de Gracia y Esperanza de San Roque y la Virgen de los Desamparados de San Esteban completaban el mapa de besamanos del 18 de diciembre en Sevilla.

El día fue especialmente emotivo para el vestidor de la Esperanza. La junta de gobierno que dirige Juan Ruiz Cárdenas le hizo entrega anoche del título de vestidor de honor de la hermandad por sus cincuenta años de dedicación.

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