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La Mojonera: no miremos para otro lado

La Mojonera, a un tiro de piedra de la ciudad de Almería por la magnífica autovía del Poniente, era hasta hace unos años un sitio por donde se pasaba, una barriada del Campo de Dalías: cuatro casas, un bar con buen pescado...

el 15 sep 2009 / 19:36 h.

La Mojonera, a un tiro de piedra de la ciudad de Almería por la magnífica autovía del Poniente, era hasta hace unos años un sitio por donde se pasaba, una barriada del Campo de Dalías: cuatro casas, un bar con buen pescado y un puesto de la línea de la Guardia Civil. En 1984 se constituyó en Municipio independiente y sus cerca de ocho mil habitantes tienen por alcalde a un eficaz político del PP, José Cara González, que está haciendo de aquel lugar, en el que ni paraban los coches camino de Málaga, un aseado pueblecito de la costa, por cierto sin escándalos urbanísticos.

La Mojonera ha crecido de forma ordenada y cientos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos (más de un 30 por ciento de la población) se han ido a vivir allí en condiciones las más de las veces infrahumanas. La convivencia no es fácil, pero es especialmente problemática entre estos dos grandes grupos que pugnan por el control de la comunidad inmigrante. En La Mojonera no se ha dado ningún problema de xenofobia ni los incidentes ocurridos estos días atrás han tenido como protagonistas a los naturales del lugar. Es, en verdad, un gravísimo problema de integración en unos tiempos en los que no hay trabajo y los distintos grupos étnicos malviven deambulando por las calles, como ha denunciado el Defensor de Pueblo Andaluz, José Chamizo.

La corrección política, tan de moda y tan cínica en ocasiones, no debe permitirnos que miremos para otro lado ante cuestiones de tanto calado social como los sucesos de La Mojonera con la muerte de un joven malí de 24 cuando intentaba apropiarse del dinero que otro muchacho magrebí había estado recaudando durante la fiesta musulmana del cordero para enviarlo a su familia. El subsiguiente estallido de violencia no es sino el indicativo de una larvada, y seguramente explosiva, situación que se vive de tiempo atrás en La Mojonera.

El gran fallo de la política de inmigración del Gobierno Zapatero radica precisamente en la ausencia de las correspondientes políticas de integración. En la mayoría de los casos no existen. Estas pobres gentes, impelidas por el hambre, acuden a las nuevas tierras de promisión como el que piensa en El Dorado. Mientras hubo trabajo y el dinero corría con alegría por los invernaderos del Poniente almeriense, no se dieron mayores problemas. Pero la situación ha cambiado: el sector de la agricultura intensiva lleva también su cirio de penitencia en esta interminable procesión de la crisis económica, y donde pintaban oros hoy tenemos paro y necesidades sin cuento.

Los poderes públicos nacionales y andaluces han de mirar de frente situaciones como la de La Mojonera que, por desgracia, van a ser frecuentes en estos tiempos de vacas flacas. Una correcta política de inmigración debe llevar aparejadas líneas de actuación para la mejor integración de los nuevos y sobrevenidos vecinos de los pueblos de la costa, así como adecuar sus flujos de entrada a las oportunidades reales de trabajo en los invernaderos.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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