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La novela del tonto

En el borrador de la novela que reposa en un cajón, aparecen corrupciones que aún no son públicas. La trama la conducen un político de origen democristiano y una ex monja medradora que poco después de casarse con un francés, redescubrió el sexo en Cuba con un mulato de alquiler.

el 15 sep 2009 / 19:18 h.

En el borrador de la novela que reposa en un cajón, aparecen corrupciones que aún no son públicas. La trama la conducen un político de origen democristiano y una ex monja medradora que poco después de casarse con un francés, redescubrió el sexo en Cuba con un mulato de alquiler. No son los únicos, también figuran cómplices en cada tipo de tomaína. Las económicas suelen ser las de mayor atención mediática y preocupación social, aunque no siempre sean tan graves como las de índole moral y sexual. Está el caso de un individuo que percibe importantes comisiones por las obras concursadas por la institución en la que trabaja y el de la misma especie que se dedica a prevaricar en los convenios y acuerdos de la entidad pública a la que presta sus servicios. De los restantes, puede que los de más interés sean el acoso moral que ejerce un jefe de personal de un centro oficial y el del machista que practica la violencia de género sin que nadie le tosa porque en el trabajo es buena persona. La originalidad de la obra reside en que aporta nombres y apellidos, pero este no es el momento mediático adecuado para darles publicidad. No es cobardía, sino contrariedad por los resultados que produciría. Seguro que las televisiones los enriquecerían más contratándoles para entrevistas totalmente ajenas a la profesión periodística.

El de las comisiones argumentaría como Roldán que el dinero se lo entregó a otro delincuente ilocalizable, que él está más tieso que la mojama barbateña; el otro, seguiría las pautas de Muñoz echándole las culpas a un muerto, aunque sea verdad que Gil fue el padre de la cosa, y la acosada y agredida, porque podría salir rana como Violeta Santander en defensa del maltratador. Estoy pensando en ocupar la plaza de algún protagonista para ganarme la gloria pronosticada por Warholl. Ni la honestidad ni la literatura sirven para ganarse la vida. Tendría asegurada una temporadita en la cárcel, pero con lo que trincas y lo que pagan las televisiones solucionas la vida a hijos y nietos. De lo contrario, en televisión no te quieren ni para llevar los cables y en la calle ganas fama de tonto-el-haba.

Periodista. daditrevi@hotmail.com

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