sábado, 21 septiembre 2019
12:48
, última actualización
Cofradías

La suerte no está echada, armaos dixit

Los centinelas romanos de la Señora de San Gil visitan a niños y mayores ingresados para llevarles su mensaje de fe y esperanza. Cuatro autobuses de Tussam, de la línea Centuria Macarena, trasladaron a estos soldados romanos desde el Arco al Hospital Virgen del Rocío.

el 17 abr 2014 / 23:30 h.

TAGS:

Un armao sostiene a un recién nacido en el Hospital de la Mujer mientras sus padres inmortalizan el momento con los móviles. / Carlos Hernández Un armao sostiene a un recién nacido en el Hospital de la Mujer mientras sus padres inmortalizan el momento con los móviles. / Carlos Hernández Si cada mañana cuando acude al trabajo en autobús o en Metro en hora punta se queja de ir como sardinas en lata, imagínese si tuviera de compañeros de viaje a cien romanos con sus cascos de plumas, sus escudos y sus lanzas. Cuatro autobuses de Tussam, de la línea Centuria Macarena, llevaron ayer a este peculiar pasaje a la primera parada de los armaos (una vez recogidos el teniente y el capitán):el Hospital Virgen del Rocío, para llevar a los pacientes allí ingresados –y especialmente a los más pequeños– «esa fe y esa esperanza de la que somos mensajeros», como dejó claro su capitán, Ignacio Guillermo. Tras desfilar delante del Hospital General, se repartieron entre el de la Mujer y el Infantil, en cuya área de Oncología les iba recibiendo en el pasillo el pequeño Enrique, de 13 meses, 8 de ellos ingresado en el centro y una sonrisa de oreja a oreja en brazos de su madre, macarena emocionada como la abuela, que fue atesorando carantoñas de cada uno de estos romanos, estampitas de la Esperanza Macarena y más de un «armaíto». «Llevamos todo el día esperando», decía su madre, mientras los centuria le aseguraban que pronto habrá mejoría con la intervención de su Señora de San Gil. Los armaos fueron llevados por un autobús de Tussam. / Carlos Hernández Los armaos fueron llevados por un autobús de Tussam. / Carlos Hernández Pero si hubo un mensaje de esperanza que caló en este ala del hospital fue el que quiso dirigir Pepe Ríos, que se estrenó este año como armao, a los pequeños reunidos en la sala-escuela como Nora o Irene:«Quería contaros una cosa. Yo he pasado por aquí y es duro pero se sale, tenéis que luchar vosotros y es muy importante el apoyo de la familia y amigos. Yo salí a los seis meses, seis meses que me enseñaron a ver la vida de otra manera, Se sale. Y lo más importante es una sonrisa en la cara, Reíos mucho», fueron sus palabras. Que inmediatamente hizo efecto en una de las pequeños, mientras a algunos de sus propios compañeros se les humedecían los ojos. Hace dos años tuvo cáncer y no solo volver al hospital «no es duro» para él sino que «quería transmitir eso, que se puede». Nada de alea iacta est. La suerte no está echada Fue el momento más emotivo, ese recorrido por las habitaciones y pasillos de un hospital donde alguno de esos goteros que tradicionalmente arrastran los pacientes que necesitan medicación continua por vía intravenosa sirve estos días para colgar telones morados y soportar pasos hechos con macarrones y plastilina por los niños ingresados. «Un día especial», reconocía el gerente de los hospitales Virgen del Rocío y Macarena –que desde este año la Centuria visitará alternativamente–, Manuel García, que entregó al capitán como recuerdo una maqueta del centro en metacrilato y recibió de éste una pluma y un cordón macareno enmarcados. De vuelta en bus hasta María Auxiliadora –en José Laguillo hubo también intercambio de objetos por el apoyo de Tussam para el traslado del Arco al hospital–, la Centuria recuperó su desfile a pie que les llevó al templo de Los Gitanos, al convento de las hermanas de la Cruz en Sor Ángela de la Cruz –otro momento de recogimiento– y al mercado de la Encarnación, donde eran esperados por el público como un paso más. «Un poco atrás, que la calle es ancha, para que se luzcan un poco», iban abriendo paso los hermanos de la cofradía encargados del orden del desfile. «¿Son de verdad?», preguntaba un pequeño a su padre. Como respuesta un rotundo «claro». Tan de verdad que son los encargados de pedir la venia al Señor de Sevilla para sacar, bajo su escolta, a su madre por las calles de la ciudad.

  • 1