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La UE atisba la luz tras el 'no' irlandés a Lisboa

La Unión Europea (UE) cierra el año viendo la luz al final del nuevo túnel en que le metió el rechazo irlandés al Tratado de Lisboa, que volvió a poner en el aire un complicado acuerdo poner en marcha una necesaria reforma institucional.

el 15 sep 2009 / 20:28 h.

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La Unión Europea (UE) cierra el año viendo la luz al final del nuevo túnel en que le metió el rechazo irlandés al Tratado de Lisboa, que volvió a poner en el aire un complicado acuerdo poner en marcha una necesaria reforma institucional. La UE volvió a revivir la pesadilla de las consultas que en 2005 echaron por tierra la Constitución Europea tras el resultado de la irlandesa, pero la continuación de las ratificaciones (sólo queda la República Checa por cumplir el trámite parlamentario) limitó los daños y evitó que otro país diera la puntilla al Tratado.

Al final, la cumbre comunitaria logró el 11 de diciembre un acuerdo por el que Irlanda se compromete a ratificar el texto antes de noviembre de 2009 a cambio de que la UE dé marcha atrás en su plan de reducir el tamaño de la Comisión Europea (CE). Si Irlanda logra finalmente la ratificación en el plazo previsto, la UE se compromete a que siga habiendo un comisario europeo por cada país miembro. El resultado final es que la CE "dejará de ser un organismo colegiado y se convertirá en uno intergubernamental", reconoció a Efe una fuente comunitaria.

Aunque varios países de la Unión Europea mostraron abiertamente sus reticencias a esa idea, al final los líderes comunitarios valoraron más la "prioridad" de poner en marcha el Tratado, por lo que el precio de no reformar la CE se consideró "aceptable", añadió la fuente. Aunque hay un cauto optimismo, entre los funcionarios comunitarios se insiste en que no hay nada garantizado, ya que el resultado favorable de un nueva consulta en Irlanda no puede darse por seguro.

El calendario que se maneja ahora en la UE, si es ratificado finalmente por Dublín y Praga, es que el Tratado pueda entrar en vigor a finales de 2009 o incluso el 1 de enero de 2010. Ello permitirá poner en marcha la reforma institucional comunitaria que se intenta aplicar desde hace largos años y que se frustró una primera vez con el fracaso en la ratificación del proyecto de Constitución. Esta reforma es necesaria porque en la actual Unión Europea de 27 miembros es cada vez más difícil lograr consensos entre todos, por lo que hacen falta personalidades fuertes al frente de las instituciones y poner fin al sistema de presidencias semestrales.

A pesar de todo ello, la Unión Europea ha sido "imprescindible" en la gestión de crisis de seguridad como la de Georgia o en la búsqueda de soluciones a la crisis financiera. Ayudada por la personalidad del jefe del Estado francés, Nicolas Sarkozy, quien dirigió la presidencia de turno durante el segundo semestre, el Consejo Europeo se ha convertido en el centro de la acción europea. Sarkozy se arrogó, por así decirlo, un papel similar al del futuro presidente del Consejo Europeo.

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