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Las hermanas del servicio doméstico

Cuidar de las jóvenes que llegaban a la ciudad desde los pueblos persiguiendo una vida mejor y buscarles trabajo como empleadas del hogar ha sido su misión desde 1875. Hoy, las Religiosas de María Inmaculada continúan la labor de su fundadora en Sevilla, donde las extranjeras son las que más demandan su ayuda.

el 15 sep 2009 / 22:02 h.

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Cuidar de las jóvenes que llegaban a la ciudad desde los pueblos persiguiendo una vida mejor y buscarles trabajo como empleadas del hogar ha sido su misión desde 1875. Hoy, las Religiosas de María Inmaculada continúan la labor de su fundadora en Sevilla, donde las extranjeras son las que más demandan su ayuda.

"Las chicas han triunfado." Con esta frase la mujer que decidió dedicar su vida a hacer más fácil la de miles de jóvenes inició una labor que sigue viva 134 años después. Vicenta María Vicuña López fue la fundadora de una congregación religiosa que ha pasado a la historia como la del servicio doméstico por su trabajo con las mujeres que ejercen esta profesión.

En todo este tiempo la sociedad ha cambiado y hoy son las extranjeras las que ocupan estos puestos de trabajo y las que necesitan su ayuda. En Sevilla, las 14 religiosas que forman parte de la comunidad atienden cada año a más de 2.000 mujeres. "La mayoría vienen de Suramérica y Marruecos aunque esta semana han venido cinco españolas", cuenta la hermana que se encarga del servicio de atención a las empleadas del hogar. Junto a una asistente social, las religiosas ayudan a las jóvenes a encontrar trabajo aunque su labor no se limita a eso. "Intentamos ayudarlas en lo que sea y si no podemos las derivamos a una institución o una ONG que sí pueda hacerlo."

Cada día reciben a unas 25 mujeres que han pedido previamente una cita y toman nota de sus datos y experiencia para luego cruzarlos con las necesidades de las familias que también acuden a ellas para buscar personal de servicio doméstico. "A los empleadores nos gusta conocerlos en persona", cuentan las hermanas "y realizamos un seguimiento después de que las chicas empiecen a trabajar". Además, "luchamos para que se les pague al menos el salario mínimo e informamos siempre a las familias de ello".

Las hermanas del servicio doméstico prestan, hoy igual que ayer, su ayuda a unas mujeres que en la mayoría de los casos están solas y expuestas -también igual que ayer- a caer en la prostitución o en manos de desalmados que acaben explotándolas. Por eso desde que iniciaran su labor las religiosas han apostado por la formación e información de las jóvenes de manera que puedan ser autosuficientes e iniciarse en otras profesiones. En otros tiempos era en la casita donde se formaba a las jóvenes que llegaban hasta la congregación para luego buscarles un trabajo con gente de confianza. "Era como su segundo hogar", recuerda una de las monjas. "Los fines de semana, además, se organizaban sesiones de teatro o cine", añade.

Hoy ese espíritu sigue vivo en el convento de la congregación, que alberga también una residencia para jóvenes. Como hace décadas las habitaciones del recinto son el hogar de las muchachas que vienen de los pueblos pero hoy la mayoría son estudiantes. Aunque los tiempos han cambiado la filosofía de su obra es la misma y por eso la residencia, aunque de pago, tiene precios muy asequibles.

También otorgan becas o les encomiendan un trabajo en el convento a aquellas que no pueden pagarse el alojamiento y de las 115 plazas que tiene la residencia algunas están consideradas como habitaciones de paso y reservadas para aquellas empleadas del hogar que pasan por malos momentos y necesitan un techo en el que cobijarse.

La labor de las hermanas del servicio doméstico ha ganado fuerza en los últimos años y también se ha expandido hacia la formación reglada e imparten clase a unos 500 alumnos de Secundaria y de Formación Profesional. A lo largo de más de un siglo la vida de muchas mujeres que se toparon con estas religiosas cambió de rumbo. La vida de otras muchas está aún por cambiar.

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