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Economía

Las sevillanas Hijos de Ybarra y Migasa consolidan su alianza

No es sólo el refuerzo de una alianza comercial que las ata desde 1996, sino uno de los mayores acuerdos forjados en la agroindustria andaluza. Éstos son los entresijos de la gestación del Grupo Ybarra Alimentación por parte de las empresas Hijos de Ybarra y Migasa.

el 15 sep 2009 / 22:20 h.

No es sólo el refuerzo de una alianza comercial que las ata desde 1996, sino uno de los mayores acuerdos forjados en la agroindustria andaluza. Éstos son los entresijos de la gestación del Grupo Ybarra Alimentación por parte de las empresas Hijos de Ybarra y Migasa.

El empresario Jaime Ybarra Llosent (70 años) acaba de dejar la presidencia de Hijos de Ybarra pero ha dejado atado y bien atado el futuro de una compañía cuyo accionariado se reparten los miembros de media docena de ramas de la amplísima familia Ybarra. Antes de abandonar el cargo, aunque a diario sigue yendo por su despacho -"porque don Jaime es mucho don Jaime", relata un directivo-, ha fraguado una alianza empresarial de gran relevancia para la agroindustria andaluza, aunque dentro de la firma prefieren no darle tanta trascendencia, pues conlleva nada más y nada menos que ceder por completo su activo más preciado, la Y, a una sociedad compartida con el mayorista de aceites Migasa, mientras que la saga mantiene la propiedad de las instalaciones industriales.

En efecto, desde julio de 1996 y hasta ahora, Migasa (Miguel Gallego) e Hijos de Ybarra comercializaban conjuntamente el aceite de oliva envasado bajo la etiqueta Ybarra. La primera, mayorista de graneles, aportaba toda la materia prima y su poderío financiero, mientras que la segunda hacía lo propio con la marca, siendo el embotellado en la fábrica que esta última tiene en Dos Hermanas. Posteriormente, en 2001, Migasa compraría el marchamo La Masía, y también lo puso a disposición de esa alianza (a la sociedad conjunta Aceites Ybarra se sumaría Oleomasía), y en 2004 le agregaría el sello Mueloliva.

Los acuerdos se limitaban única y exclusivamente a la comercialización de los aceites de oliva. Las firmas compartidas tenían sus ingresos, pagaban a Migasa por el suministro del aceite y a Hijos de Ybarra por el envasado, ambas se repartían, vía dividendos, los beneficios, y ninguna se entremetía en el resto de negocios alimentarios de la otra. Eso era así hasta hace unos diez días.

Un preacuerdo, cuyo desarrollo han de orquestar en los próximos dos meses -"aunque no creemos que haya problemas", comentan fuentes de una de ellas- extiende la colaboración a la venta de todos los productos Ybarra, esto es, salsas, mayonesas, conservas vegetales, aceitunas de mesa, vinagres, platos preparados, cremas, sal y baguettes, más la actividad de envasado de salsas de la multinacional estadounidense Heinz para los mercados europeos. La Y, por tanto, pasa íntegra a formar parte de Grupo Ybarra Alimentación SL, mitad de Hijos de Ybarra, mitad de Migasa.

Al margen del grupo, cuyo consejo de administración aún se ha de constituir y no se conoce, pues, quién lo presidirá, quedan los activos industriales e inmobiliarios de Hijos de Ybarra. En su planta nazarena se seguirá haciendo todo, y por esta labor cobrará, al tiempo que percibirá su correspondiente parte de los beneficios de la unificada firma comercial.

Si olvidamos las querencias por la Y de la familia sevillana que da nombre a esta marca, ambas compañías "quedan engrandecidas" y revelan que "la unión hace la fuerza", comentan las fuentes. Por lo pronto, argumentan, las sinergias son evidentes, tanto comerciales -"acudíamos a ferias internacionales con distintos stands y teníamos redes comerciales paralelas"-, como productivas y financieras (el poder de negociación con proveedores y banca). En los momentos actuales de crisis económica, los gastos se evalúan céntimo a céntimo para cosechar ahorros. Asimismo, agregan, "se fusionan" bagajes empresariales, el saber hacer de las compañías, aunque, matizan las fuentes, "no se fusionen" las dos empresas.

Por su parte, en Hijos de Ybarra precisan que este estratégico lazo, "de mayor envergadura" que el forjado allá por 1996, se concibe "para buscar mayor solidez, gestión, proyección de futuro y financiera? pero siempre con la misma premisa que [la sociedad] Aceites Ybarra, esto es, participada al 50%".

De hecho, el matrimonio de las familias Ybarra y Gallego supone, hoy por hoy, no sólo el principal proyecto de colaboración entre dos firmas agroalimentarias de Andalucía, sino que pare, además, uno de los grupos empresariales más fuertes de toda la comunidad. Su facturación se estima en 200 millones de euros, y si se agrega la actividad de Migasa (ventas agregadas), el resultado alcanza los 800 millones, con medio millar de trabajadores.

No en vano, Miguel Gallego, es, con sus 600 millones largos de ingresos y domicilio en Dos Hermanas, la primera compañía alimentaria de capital (accionariado) netamente andaluz y, excluyendo a la cervecera Heineken España, filial de la multinacional holandesa Heineken y cuya sede social está en Sevilla, y al grupo hispalense de ingeniería aplicada Abengoa -que cotiza en bolsa-, se alza con el liderazgo de todos los sectores en esta última provincia.

Este andar de la mano en el ámbito comercial, que es precisamente la debilidad primerísima de la Andalucía agraria, da fortaleza para explorar nuevos proyectos en el seno del negocio alimentario, y en una marca, la Y, con una permanente ampliación de su cartera de productos.

A principios de 1995, la necesidad de ganar dimensión -y también la urgencia de recursos- casi acabó con Ybarra en manos de Osborne. No le gustó esta salida, la óptima la encontró, en 1996, a un kilómetro, en Migasa. Y trece años después, Jaime Ybarra Llosent se va tranquilo.

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