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Mari Luz y otros inocentes

Pero, ¿cómo vamos a creernos el Estado de derecho si no hay derecho con lo que ocurre en los juzgados? Resulta inexplicable que una madre reciba una orden de un año de alejamiento de su hijo por darle un golpe y que al juez Rafael Tirado le confirmen 1.500 euros de multa...

el 15 sep 2009 / 20:27 h.

Pero, ¿cómo vamos a creernos el Estado de derecho si no hay derecho con lo que ocurre en los juzgados? Resulta inexplicable que una madre reciba una orden de un año de alejamiento de su hijo por darle un golpe y que al juez Rafael Tirado le confirmen 1.500 euros de multa por no haber dado curso a un auto de prisión que hubiera metido entre rejas al asesino de la niña Mari Luz Cortés antes de que hubiera cometido dicho crimen.

Supongo que la judicatura protestará por el juicio paralelo al que con toda justicia en este caso le somete la opinión pública. Y los secretarios judiciales montarán de nuevo el mingo porque las sanciones carguen más las tintas en las coderas de los suyos que en las puñetas de los magistrados. Pero nadie parece poner definitivamente el acento en los inocentes, más allá de la estremecida y estremecedora fotografía de la niña de Huelva que conservamos en la memoria del escalofrío.

Aprovechando que hoy es el día oficial de todos ellos cabe preguntarnos qué pensará de todo la hija mayor de Santiago del Valle, de la que abusó hace diez años sin que hasta la fecha de su encarcelamiento final hubiera cumplido condena por ello. Dos años y nueve meses de cárcel le había impuesto en 2002 el juzgado de lo penal número 1 de Sevilla, que seguirá titulando Rafael Tirado Márquez una vez que el Consejo General del Poder Judicial haya confirmado la ridícula sanción por no rematar su trabajo: la pequeña tenía entonces la misma edad que Mari Luz tendrá ya eternamente; esto es, tan sólo cinco años.

Luego, vendría la fuga de su padre abusador, el internamiento inicial en un psiquiátrico de su madre encubridora y su acogida por una familia distinta de la que acogió a su hermana menor y en cuyo seno puede que haya encontrado el cariño verdadero que ni se compra ni se vende. Y, ¿qué decir del profesor de gimnasia al que Santiago del Valle acusó de sus propios abusos para intentar sacarle 60.000 euros de indemnización basándose en un informe falso? El juez, entonces, hizo bien su trabajo: impartió justicia, esclareció los hechos y condenó al culpable. Pero la maquinaria administrativa falló y ese fiasco también le concierne.

Hay, al menos, otras dos niñas afectadas por ese mismo síndrome insaciable llamado Santiago del Valle: una chateaba con él desde Gijón, hasta que su madre descubrió que le proponía relaciones sexuales. Otra vivía en su misma escalera, donde abusó de sus nueve años. La justicia suele mostrarse preocupada por el escándalo social. Y este lo es. Por derecho.

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