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Niños separados, colegios separados

El último debate en la Educación -bueno es que haya debates sobre ella, que esté siempre en el centro de la atención, que nos preocupe y nos haga pensar- es sobre si hay que dar fondos públicos a los centros que separan a los niños por sexo.

el 15 sep 2009 / 21:16 h.

El último debate en la Educación -bueno es que haya debates sobre ella, que esté siempre en el centro de la atención, que nos preocupe y nos haga pensar- es sobre si hay que dar fondos públicos a los centros que separan a los niños por sexo. Como casi todos de mi generación, me eduqué en colegio separado, sólo de niños. Era lo normal, y se veía como algo natural. Hasta el Instituto no me senté con niñas, y entonces me pareció tarde. Ahora que soy padre, me sorprende la naturalidad con que se ha producido la integración de todos en unos centros secularmente separados; esto es ahora lo normal, y funciona sin problemas. Llama la atención los pocos centros afectados por la medida; choca su insistencia en mantener una filosofía a mi juicio superada. La separación por sexos, se argumenta, se basa en motivos pedagógicos, en el diferente ritmo de aprendizaje de unos y otros. Sin embargo, casi todos los centros que la aplican obedecen a una ideología determinada, no a una metodología educativa particular.

El mapa de las Comunidades Autónomas que conciertan estos centros se dibuja por colores políticos, los del partido gobernante, y no por filosofías de la educación. El problema es que en temas educativos se encuentran razones científicas para casi todo. La jornada continuada, hoy tan denostada, se impuso en su momento por motivos pretendidamente pedagógicos; hoy muchos de los mejores colegios la tienen partida, y nadie dice nada, aunque somos una mayoría de padres los que quisiéramos lo mismo para nuestros hijos. Lo político, lo sindical, lo religioso se esconden tras grandes declaraciones sobre la calidad educativa y el respeto a la opinión de los expertos. Lo que tenemos es el tema de siempre, hasta dónde llega el derecho a elegir la educación de los hijos, hasta dónde debe llegar un Estado aconfesional en su apoyo a centros educativos que sustentan una tendencia o visión del mundo propia. Hasta dónde llega la ideología, hasta dónde no puede llegar la discriminación. Lo importante son nuestros hijos; y también la forma en que organizamos sus colegios les enseña algo. Yo quiero que aprendan a convivir, a respetar, a valorar la diversidad. A vivir en el siglo XXI.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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