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«Nos han destrozado la vida»

Miguel Ángel Torres no puede decir una frase sin echarse a llorar. Y eso que afirma que, con la sentencia que le absuelve de la acusación de haber abusado de su hija en la mano, está como si fuera su cumpleaños. No es para menos: un juez ha dicho ahora que no hay indicios de que abusase de su hija.

el 15 sep 2009 / 21:52 h.

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Miguel Ángel Torres no puede decir una frase sin echarse a llorar. Y eso que afirma que, con la sentencia que le absuelve de la acusación de haber abusado de su hija en la mano, está como si fuera su cumpleaños. No es para menos: un juez ha dicho ahora que no hay indicios de que él tocase los genitales de su hija ni abusase de ella, una acusación que le ha tenido seis años alejado de su pequeña. Seis años de su vida, los seis últimos, que han sido para este hombre de 36 años "un infierno". "Era como estar en una cárcel de cuatro paredes con las que no paraba de darme cabezazos", relata. Ha enfermado gravemente -"Me han hecho dos operaciones, porque padezco de colon irritable"-, sufre depresión crónica e incluso le han aparecido manchas por el cuerpo que debe controlar. "Melanomas", dice casi con naturalidad, asegurando que se deben a que ha somatizado todo lo que ha ocurrido estos años y a que el sufrimiento psíquico se ha hecho patente en males físicos.

Prueba de su deterioro físico es la comparación entre la fotografía de sus buenos tiempos que muestra Miguel Ángel y su aspecto actual. Antes de que comenzara su particular pesadilla pesaba 90 kilos; hoy no llega a 67. Pero está dispuesto a olvidar para poder avanzar. "Quiero tener conmigo a mi hija, a mi Montserrat, decirle que la quiero y cocinar para ella y para mí... a ver si así recupero algo de peso", casi sonríe.

Sabe que le va a costar mucho que la niña -"en mayo cumplirá ocho años"- olvide que, durante los últimos seis, ha sido para ella "el hombre malo" al que toda su familia materna acusaba. "Todo ha sido por venganza", asegura entre sollozos, atribuyendo una mala intención a su ex mujer, que le denunció por supuestos abusos sexuales, unos abusos que, según las pruebas médicas, no existe: la niña tenía los genitales enrojecidos porque se rascaba, ya que tenía lombrices. La irritación seguía aún cuando ya no estaba con su padre, así que algo fallaba.

"No entiendo cómo mi mujer ha hecho esto, a mí me ha destrozado la vida, pero a mi hija también", insiste el padre. Miguel Ángel Torres trata ahora de rehacer su vida, con los dos hijos (una niña y un niño) que tiene de otro matrimonio posterior. Todos han pasado por un mal momento y él quiere recuperar ahora la calma y la felicidad. "Ya ha pasado el infierno, ahora quiero vivir con la mujer más maravillosa que he conocido, con mi hija y con sus hermanos", asegura. Por lo pronto, avanza que va a pedir la custodia plena de Montserrat para formar esa familia, porque entiende que la niña no está correctamente cuidada por su madre, ya que sufre el llamado síndrome de alienación parental.

Su abogado, Rafael Caballero, no descarta reclamar una indemnización "millonaria" por los daños sufridos por su cliente, un dolor agravado por la lentitud de la Justicia en actuar, lo que ha hecho que Miguel Ángel lleve seis años "sin abrazar" a su hija y cargando con una acusación que ha resultado falsa. La sociedad, confiesa este padre, le la "discriminado" en estos años, mirándolo como a un "mal padre", sostiene. Ahora, espera, vendrán tiempos mejores.

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