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Orgullo de cultura sin ‘lache’

Escolares payos y gitanos del Polígono Norte, la Macarena y el Polígono Sur rastrean en la historia del pueblo calé que llegó a Andalucía hace 600 años a través de un cuentacuentos

el 21 nov 2013 / 23:38 h.

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 El grupo de teatro ASAT representó en la Plaza Nueva, a través de diversos cuentacuentos, la historia de los gitanos en Andalucía. El grupo de teatro ASAT representó en la Plaza Nueva, a través de diversos cuentacuentos, la historia de los gitanos en Andalucía.

Ambas tienen 14 años y estudian 2º de ESO en el instituto Miguel de Cervantes del Polígono Norte. Son compañeras de clase y amigas. Cuando a la primera la mira el chico que le gusta exclama  “qué vergüenza”. La otra dice  “qué lache”. Si una le contara a sus padres que se va a casar con ese chico, les daría un infarto. En el entorno de la otra sería más normal aunque a ella, de momento, no le apetece. Una es paya. La otra gitana. Dos culturas. Ni mejores ni peores. Diferentes en algunas cosas. Iguales en otras muchas, como las risas propias de la edad del pavo que se echaron durante la representación teatral a cargo del grupo ASAT organizada por la federación andaluza de mujeres gitanas universitarias Fakali en la Plaza Nueva para celebrar el Día de los Gitanos Andaluces, que conmemora la llegada de éstos al sur del país tal día como hoy de 1462.

A través de un cuentacuentos, alumnos de este centro y otros del Polígono Sur y la Macarena –y muchos viandantes que pasaron por allí– se enteraron de que los gitanos proceden de la India; de que los primeros llegados a Andalucía fueron dos condes egipcios que huían de los turcos y fueron recibidos con honores en Jaén; o de que a lo largo de los siglos los reyes españoles dictaron varias pragmáticas obligándoles –bajo pena de persecución y expulsión– a dejar de ser nómadas para asentarse al servicio de un señor y a abandonar su lengua, su música y sus costumbres. Pero también comprendieron que no por hacerse sedentarios dejaron de ser lo que son y que deben sentirse orgullosos de ser gitanos como de ser profesores, abogados, médicos o lo que quieran ser de mayores, para lo cual tienen que aprovechar la oportunidad de estudiar que otros no tuvieron e incluso aún no tienen.

“En vuestras manos está el futuro de nuestro pueblo. Tenéis la posibilidad de labraros un futuro mejor. Los derechos hay que pelearlos y conquistarlos, se lo debemos a nuestros antepasados y se lo debemos a nuestro futuro”, les dijo la presidenta de Fakali, Beatriz Carrillo, durante la posterior visita al Ayuntamiento de la mano de la delegada de Asuntos Sociales, María Dolores de Pablo-Blanco.

José Vega es gitano y trabajador social en el instituto Cervantes, donde tras años luchando contra el absentismo, ahora toca dar un paso más y que “no se limiten a estar sino que realmente participen y avancen. Vega trata de que los propios alumnos gitanos se conviertan en agentes por la igualdad y contra la discriminación. ¿Cómo? Explicándoles de dónde vienen y enseñándoles a diferenciar “dónde terminan los aspectos estrictamente culturales y dónde empiezan los factores atribuibles a la discriminación y la exclusión” para que se enorgullezcan de los primeros y luchen contra los segundos. Una vez que ellos mismos lo tienen claro, pueden contárselo a sus compañeros payos, como hace otra de las alumnas gitanas del centro, de 13 años (los profesores prefieren que no aparezcan sus nombres), que ahora sabe “que no somos una raza sino una cultura”. Ouno de sus compañeros, que diferencia entre su madre “gitana” y su padre “entreverado”.

Pero gitanos y payos, niños y adolescentes no aprenden solo en el colegio. También de la familia, del entorno y por supuesto de los medios de comunicación, y en especial de la tele, no siempre educativa ni libre de prejuicios. De ahí que a la joven paya del principio lo que más le interese de las costumbres de la cultura de su amiga sea “lo de las bodas” y “esos trajes y esos zapatos con brillo” que ha visto en algún programa. Y su amiga se crece al contar que todos los hombres visten el mismo tipo de camisas blancas y negras y que la novia debe llegar virgen al matrimonio y le hacen la prueba del pañuelo para comprobarlo. A estas alturas de la conversación, un corro rodea a las dos amigas. Y se entabla un debate sobre si les gusta eso de casarse tan jóvenes y si se pueden divorciar si no les va bien.

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