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Cultura

Periódicos del 1800: cómo hacer la guerra con humor

'Los periódicos durante la Guerra de la Independencia. 1808-1814', de Manuel Gómez Imaz, obra publicada con motivo del primer centenario y recuperada ahora en el bicentenario de la guerra contra el francés, demuestra cómo intelectuales y periodistas hicieron la guerra a base de humor.

el 15 sep 2009 / 19:52 h.

A. Valenzuela (EFE)

'Los periódicos durante la Guerra de la Independencia. 1808-1814', de Manuel Gómez Imaz, obra publicada con motivo del primer centenario y recuperada ahora en el bicentenario de la guerra contra el francés, demuestra cómo intelectuales y periodistas hicieron la guerra a base de humor y de sátira.

Recientemente reeditada por el Centro de Estudios Andaluces -Andalucía, y sobre todo Cádiz y Sevilla, fue donde más se editaron por razones geográficas de invasión francesa-, la obra de Gómez Imaz enumera alfabéticamente hasta 329 periódicos distintos, resume su contenido y dice los ejemplares que se conservan y dónde, por lo que tras un siglo de su publicación sigue siendo básica todavía en la actualidad para el estudio de la época.

Hay cabeceras como El patriota andaluz, que pese a su nombre se publicó en Valencia en 1811, u otro que se llamó Tío Tremenda o los críticos del Malecón, en alusión a Cádiz, aunque se editaba en Sevilla, determinismos geográficos que serían impensables en la prensa de hoy.

La ironía no desaparecía en ningún caso de las páginas de estos periódicos, ni cuando comunicaban su fin a sus lectores, como es el caso del gaditano El Imparcial (1812): "Con grave dolor de nuestra ánima nos vemos en la triste precisión de anunciar que El Imparcial ha cesado. ¿Lo diremos? Sí, fuera vergüenza: nuestra muerte temprana es causada por el hambre", se lee en estas páginas.

El mismo periódico daba un consejo infalible a los medios de la competencia para no tener que cerrar prematuramente: "Busque protectores, sea parcial", mientras que La linterna Mágica (Sevilla, 1809) advertía en su primera página un aviso que otros muchos imitaron: "Se publicará los martes, si lo permiten las circunstancias", decía.

Del antiguo rotativo La Pajarera (Madrid) dijo Mesonero Romanos en sus memorias que "sus risueñas y candorosas elucubraciones poéticas" eran "un tanto chabacanescas, pero no exentas de gracia y donosura" como, por ejemplo, sobre la moda de los aliados británicos, estos versos: "Acaba de llegar de la Bretaña / Madama Sabañón, modista extraña: / trae encajes de lujo y de bambolla, / y mantillas de tela de cebolla..."

El Redactor de Sevilla (1812) bromea con la resistencia de esta ciudad contra Napoleón: "Ha llegado a noticia / de Malaparte / que ha perdido a Sevilla, / miren que lance. / Luego al momento / al demonio ha llamado / en su aposento /..."

El mismo periódico incluye unas coplillas en honor de la artillería aliada que comienzan: "Los ingleses en España, / junto con los portugueses, / tocan unos instrumentos / que hacen bailar a los franceses /" y prosiguen: "porque la pólvora y las balas / saben dirigir el baile; y como se mueven / con gran prontitud: / todos los franceses / van con Belcebú / Pum, Pum, Pum".

A otros de estos periódicos de la época, en su gran mayoría semanarios, les bastaba con la cabecera, como el que se llamaba de manera singular El tirano de la Europa, Napoleón I, que se publicó en Sevilla en 1812, Napoleaca (Santiago, 1819), El Robespierre español (Cádiz, 1811) o El azote de los afrancesados y celoso de la libertad de la Patria (Madrid, 1813).

Las sátiras no se ocupaban sólo de la política y de la invasión francesa, también de la ciencia americana, de modo que el barcelonés El Velón (1809) cuestionaba el invento del pararrayos: "No sabemos con qué fundamento corre hace algunos días la voz de que en América un tal señor Franklin ha inventado un aparato o máquina, por medio de la cual no habrá más rayos o centellas".

Y añade El Velón, como guinda, sobre el invento del ilustre Benjamín Franklin: "Sentiríamos que el vulgo, siempre dispuesto a darse a cosas extraordinarias, imposibles y absurdos, diera en creer aquella noticia contraria a todos los principios metafísicos y teológicos (...) la potencialidad del hombre no está destinada a engendrar cosas de tal importancia".

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