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Quien siembra vientos recoge tempestades

De nuevo ha trascendido la noticia de una madre que ha sido condenada a pena de prisión y de un niño condenado a medida de alejamiento de esa madre. El problema arranca desde el políticamente correcto principio y lema de "Contra el maltrato, tolerancia cero".

el 15 sep 2009 / 19:49 h.

De nuevo ha trascendido la noticia de una madre que ha sido condenada a pena de prisión y de un niño condenado a medida de alejamiento de esa madre. El problema arranca desde el políticamente correcto principio y lema de "Contra el maltrato, tolerancia cero".

Partiendo de lo que constituye el paradigma de la mayor intolerancia, luego no nos ha de extrañar que haya jueces que se dejen llevar por la corriente, algunos que incluso deberían acudir a cauces más eficaces de prevención y mediación, y que terminan poniéndolo en práctica sin parar en las consecuencias. En teoría se trataría de jueces que aplican la norma a la perfección, más aun cuando ya no se puede ni corregir ni reprender a los hijos con moderación, cuando se procura educarles. Ni perdón, ni restauración del daño, ni compromiso educativo, ni gaitas, al maltratador... o maltratadora en este caso de indefensos infantes que se rebelan, insultan y pegan a sus progenitores: caña, mucha caña.

Eso es lo que nos venden como correcto, mas cuando se aplica esa barbaridad, los que la denunciamos nos indignamos con razón, pero lo que más nos ha de indignar es que los que abanderan ese mensaje, también se escandalicen. ¡Maldita hipocresía! Hace unos días en la unidad de agudos de un hospital sevillano, la psiquiatra me alertó del caso de una esquizofrénica, conocida en salud mental desde hace muchos años. De ella cuida su marido que también atiende a sus hijos. En el último brote de su paranoia, aconsejada por "profesionales" expertos en maltrato, denunció a ese marido.

Como consecuencia, y antes de su ingreso hospitalario, se acordó la detención y una medida de alejamiento del denunciado, porque, claro, las denuncias falsas no existen. Mas el problema es que cuando sea dada de alta, quien la atendía y cuidaba ya no podrá hacerlo. Hora es que hagamos una serena redefinición de lo que constituye maltrato, antes que caiga más gente inocente en el camino de tanta paranoia colectiva.

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