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Sin bandera que enarbolar

Los recientes acontecimientos ocurridos en Grecia ponen de manifiesto el descontento generalizado de los jóvenes con el sistema económico y político vigente. La muerte de uno de ellos a manos de la policía ha sido el detonante de una revuelta en la que se ha puesto de manifiesto la frustración de un sector importante de la ciudadanía por sus condiciones de vida.

el 15 sep 2009 / 19:48 h.

Los recientes acontecimientos ocurridos en Grecia ponen de manifiesto el descontento generalizado de los jóvenes con el sistema económico y político vigente. La muerte de uno de ellos a manos de la policía ha sido el detonante de una revuelta en la que se ha puesto de manifiesto la frustración de un sector importante de la ciudadanía por sus condiciones de vida. Quizás en ese país sean más evidente las fallas del modelo, pero parece cierto que la situación denunciada no es muy diferente de la que se da en otros Estados europeos.

Concretamente, la movilización ante Bolonia de los estudiantes españoles responde en gran medida a la necesidad de visualizar su rechazo, no solo a la reforma de los estudios universitarios, sino también a la inestabilidad laboral, a los bajos salarios, a las dificultades reales para emanciparse, al estrechamiento del Estado que les deja inerme ante las fuerzas que se desatan en el mercado...

Y ahí pueden estar todos, o casi todos, y no solo okupas y hooligans como un sector interesado nos quiere hacer creer. La crisis económica en la que estamos inmersos no ha hecho más que evidenciar y acentuar la injusticia de un modelo de desarrollo que no ha querido dar respuesta a las aspiraciones de los jóvenes para incorporase plenamente a la vida activa con independencia y autonomía. Y ahora puede generalizarse la contestación y las movilizaciones.

A todas y todos les une la denuncia, la necesidad de oponerse al "sistema", pero con poco más cuentan para articular un movimiento realmente transformador. No tienen bandera que enarbolar, pues hace tiempo que el terreno de las ideas y la utopía fue abandonado por los partidos políticos, un reproche que se debe hacer a las formaciones de izquierda que son las que han capitalizado las demandas de justicia.

El pragmatismo se ha impuesto a la ideología, la gobernabilidad ha arrasado con la utopía, la seguridad es más valiosa que la libertad, la "eficacia" se impone a la justicia social, y la igualdad se pierde por los entresijos de los rendimientos económicos. Ya no hay valores universales pues la dignidad pasa por la nación y la patria. Y en este panorama no hay bandera que guíe ni ideas que unan, salvo el descontento y la frustración.

Y esto que pudiera considerarse una ventaja es un problema, pues convierte la contestación en una tierra de nadie en la que puede ganar el mejor postor. Aquel que ofrezca más de todo sin reparar en los costes. Un terreno abonado para los populismos e ideologías extremas con los que difícilmente se pueden llegar a acuerdos. Por ello cuando se quiere arrasar con el mítico mayo francés por si éste pudiera servir de referente a estas movilizaciones, empeño en el que están el Sr. Aznar y la Sra. Aguirre, se ignora que los movimientos de ahora poco tienen que ver con los del 68.

Tampoco los líderes políticos, encerrados en sus despachos o maquinando la ultima guerra cainita, tienen capacidad para ilusionar a una ciudadanía descreída ideológicamente y desencantada con sus representantes. Pero sobre todo se pretende llevar estas reivindicaciones a esa tierra de nadie en la que todo es posible, todo puede acontecer, incluso la deslegitimación de un movimiento sobre el que no cabe duda de las causas que lo impulsan.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

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