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Tras las huellas de los levíes

Una ruta guiada descubre rincones e historias de la antigua judería de Sevilla

el 27 nov 2014 / 12:00 h.

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Sevilla esconde muchas ciudades dentro de ella misma. Aunque todos sabemos de las muchas culturas que han vivido y dejado sus huellas en sus calles, son pocos los que conocen bien esos rincones, cotidianos en su mayoría, donde comprobar su legado. Restos de murallas, casas o incluso una tumba dan muestra de la época en la que los judíos habitaban en Sefarad (España en hebreo). juderia-01La judería sevillana era una de las más numerosas, en el siglo XIV superó el millar de judíos, y comprendía los actuales barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé. De ella, tantos años después, aún quedan espacios que se pueden descubrir con la ruta La Sevilla de los Levíes que promueve Turismo de la ciudad y que emprendedores como Manuel Jesús Molina recorren semanalmente desde hace más de un año explicando con todo lujo de detalles esos vestigios que a los sevillanos, que son quienes realizan la ruta en su mayoría, nos pasan desapercibidos. «¿Sabe la gente que hay una tumba judía en el parking de los Jardines de Murillo?», dice Molina, «pues es la única que se conserva en la ciudad». Y este es solo un ejemplo de las cosas que nos rodean y no vemos. El paseo se inicia por la calle Mateos Gago, para conocer la localización de la antigua muralla que delimitaba el barrio y algunas de sus tres puertas, «que quedaban cerradas cada noche». «Discurría por la calle Conde de Ibarra y pasaba por la plaza de las Mercedarias hasta que se unía con la de la ciudad». De ella quedan tan solo algunos vestigios como el que aún puede verse en la calle Fabiola. «Cuando los judíos son expulsados, el barrio se toma para la ciudad y con la Expo del 29 se adaptan muchas de las zonas, por eso se han perdido muchos elementos», apunta el guía. juderia-05Además, Molina desgrana millones de curiosidades: el motivo de las piedras de molino en algunas de las estrechas calles, dónde se ubica el punto más alto de la ciudad, cuál es la calle de los colorines o qué fue antes de acoger la parroquia de Santa Cruz ese edificio. «Mucha gente desconoce que expresiones como tirar de la manta o colgar un sambenito vienen de esta época en la que los judíos vivían en Sevilla y eran perseguidos», afirma. Uno de los puntos clave de la visita es conocer los tres edificios que acogieron sinagogas. El primero se localiza en la actual Plaza de Santa Cruz, «pero ya no hay restos de su presencia», la segunda fue transformada en lo que ahora conocemos como la parroquia de San Bartolomé y la tercera se corresponde con «la actual Santa María la Blanca. Aunque su entrada principal se situaba en el lateral». Parada indispensable es el palacio de Mañara, en la calle Levíes, lugar que debe el nombre a su morador original, el judío converso, Samuel Leví, que fue tesorero de la corte con Pedro I. Al salir de ella, Molina camina por las calles explicando mil detalles y anécdotas que conoce a la perfección, haciendo al que va a su lado (si es capaz de llevar su ritmo), trasladarse fácilmente a otra época. Uno de los momentos en los que parece que nos acabamos de bajar de la máquina del tiempo es el recorrido por la calle Verde. «Es uno de los lugares que mantiene bien la esencia de lo que fue nuestra ciudad. Sus casas tienen tonos amarillentos, vegetación colgante y, aunque su nombre hace honor a una familia, el nomenclátor que conformaba el callejero de la época se basaba en colores, profesiones y vegetación», asegura. Continúa la caminata hasta llegar a la plaza del Corral del Agua donde conocer un historión digno de un culebrón de los buenos. La leyenda de la Susona, «una judía que provocó la muerte a manos de la inquisición de los seis judíos que ordenaban justicia al confesar, por amor, sus nombres», relata. Y para finalizar, merece la pena pasear por el hotel Casas de la Judería que acoge en su interior 27 viviendas del antiguo barrio unidas a través de 30 patios y patinillos del siglo XV. Un pequeño pueblo en miniatura en el que trasladarse a otra época y perderse.

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