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Una esplendente Santa María la Blanca reabre sus puertas

el 25 ene 2013 / 20:08 h.

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El ruido que hacen las puertas de las iglesias al salir y entrar los fieles suele ser más bien molesto, pero el que hacían ayer las de Santa María la Blanca sonaban a música celestial. Lleno completo en la iglesia con motivo de su reapertura tras más de dos años y varios cientos de miles de euros en obras de restauración, para lucir por fin como lo que siempre fue, un templo esplendente, aunque no siempre fueran iguales los cultos que se profesaban entre sus muros centenarios.

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Como explicó en una didáctica introducción Teodoro Falcón, catedrático emérito de Historia del Arte, "estamos en un viejo solar donde posiblemente hubo una basílica visigoda, luego una mezquita, más tarde una sinagoga y, a partir de mediados del siglo XVII, un templo barroco". Una mezcla altamente sugestiva y prácticamente única en Europa, que sólo sorprenderá a quienes no conozcan el rico hojaldre cultural de Sevilla y el hecho evidente de que cristianos, musulmanes y judíos oren al mismo dios, aunque lo llamen con nombres distintos y con diferentes ritos.

Lo cierto es que la Sevilla de 1649, diezmada por la peste bubónica -llegó a perder 60.000 habitantes-, tenía motivos para clamar a los cielos. Según relató Falcón, a falta de terreno donde enterrar a tantos muertos llegó a usarse como osario el mismo torreón. "En primavera de 1950, sin embargo, hubo un cambio de mentalidad, superada la epidemia se manifestó una nueva alegría de vivir, y con este impulso se concluye en este lugar una capilla que hoy no existe, y para ese lugar se hace La última cena de Murillo que hoy vemos en la Iglesia de San Nicolás , se van levantando otras capillas y la espadaña obra de Pedro Sánchez Falconete", prosiguió el catedrático.

Hubo que esperar hasta mediados de los años 50 de aquella centuria para que se construyera el coro -cosa curiosa en una Iglesia de dimensiones tan reducidas-, que había que desmantelar dos veces al año, con la salida de la extinta Hermandad del Pópulo el Jueves Santo y en la festividad de la Virgen de las Nieves.

En 1661, tras la bula pontificia de Alejandro VII, el artista Justino de Neve -el amigo de Murillo que fue objeto el año pasado de una especial atención por parte del Museo del Prado -, en calidad de presidente de las capillas, hace que se reconstruya la iglesia entre 1662 y 1665, añadiéndole las diez columnas extraídas de la cantera de Torcal de Antequera y unos arcos que, presumiblemente, serían en principio de herradura.

Así, en 1665 está lista para ser estrenada, con el atractivo añadido de varios encargos al taller de Murillo, y consagrada ya como Iglesia de Santa María la Blanca, advocación que remite a la extraordinaria nevada que cayó sobre Roma un 5 de agosto, y que dio lugar también a la formidable iglesia de Santa María Maggiore. Sin embargo, los estragos del tiempo obligaron a cerrar el templo el Domingo de Resurrección de 2010, debido principalmente a sus daños estructurales y abundantes filtraciones.

La primera fase de restauración consistió, no obstante, en la renovación completa de los tejados, pues ya en 1999 empezaron a detectarse las filtraciones. La vieja estructura de madera fue sustituida por una metálica, lo que sirvió para atenuar notablemente el empuje que afectaba a muros y yeserías. Asimismo, se procedió también al cuidado de la espadaña, uno de los inconfundibles signos de identidad del templo sevillano.

Esta operación contó con el respaldo de un convenio de colaboración suscrito entre la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y el Arzobispado de Sevilla. El presupuesto del mismo, encargado al arquitecto Óscar Gil Delgado, ascendía a 823.018 euros, de los cuales el gobierno autonómico se comprometía a invertir el 80 por ciento del coste total -658.000 euros- y la Archidiócesis de Sevilla, a través de las aportaciones de los feligreses, corría con el 20 por ciento restante de la citada cantidad.

En la segunda fase, se emprendió el tratamiento de los muros contra las humedades del subsuelo. Se desmontó y restauró el zócalo interior de paneles de azulejos, y fue sustituida la solería, pues no eran pocas las losas quebradas y los saltos que resultaban peligrosos para los visitantes. Estas intervenciones entrañaron un gasto superior a los 300.000 euros, que según el arzobispo Juan José Asenjo, ha sido posible abonar también "gracias a la generosidad de los fieles".

Queda pendiente, pues, una tercera fase en la cual se restaurarían las ricas yeserías del templo y las pinturas, como ya hiciera el Instituto Andaluz del  Patrimonio Histórico (IAPH) años atrás dos importantes obras  del patrimonio mueble de esta iglesia, como son el cuadro de la  Última cena de Murillo y La piedad o Descendimiento de Luis  Vargas.

Cabe recordar, no obstante, que esta reapertura es provisional, pues además de la yesería queda pendiente también la renovación de la iluminación, que dispone ya de fondos comprometidos por la Fundación Sevilla Endesa : 40.000 euros que, sin embargo, no permitirán que la actuación esté terminada hasta el año 2014.

Si algo ha demostrado Santa María la Blanca, es la paciencia de su formidable arquitectura. De hecho, el párroco tenía la intención de oficiar desde el altar la misa de Nochebuena. Pero, ¿qué es un mes de demora para un templo que hunde sus raíces en la Antigüedad?

Como explicó en una didáctica introducción Teodoro Falcón, catedrático emérito de Historia del Arte, "estamos en un viejo solar donde posiblemente hubo una basílica visigoda, luego una mezquita, más tarde una sinagoga y, a partir de mediados del siglo XVII, un templo barroco".

Tras una primera fase de renovación completa de los tejados, se pasó al tratamiento de los muros contra las humedades, el desmantelamiento y restauración del zócalo interior y la sustitución de la solería. Todavía queda pendiente una tercera fase de restauración de yeserías y pinturas.

Mientras que para el arzobispo Juan José Asenjo, con esta obra "recuperamos un templo hermosísimo, que no sólo posee valores estéticos, sino también históricos, artísticos y espirituales", el consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, afirmó que la aportación autonómica -658.000 euros de los 823.000 que han hecho falta para restaurar las cubiertas- responde a "un ejercicio de ilusión" al que espera que se sumen otras instituciones "y también toda la sociedad" para la protección del "inmenso patrimonio andaluz".

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