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Voluntarios de Tierra de Hombres acogen a niños africanos operados

Llegan de países empobrecidos para ser operados por prestigiosos médicos en la clínica privada USP Sagrado Corazón, librándose de males que podrían terminar con sus vidas en pocos años.

el 15 sep 2009 / 20:47 h.

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Llegan de países empobrecidos para ser operados por prestigiosos médicos en la clínica privada USP Sagrado Corazón, librándose de males que podrían terminar con sus vidas en pocos años. Pero las 55 operaciones que ha propiciado la ONG Tierra de Hombres no hubieran sido posibles sin los voluntarios que cuidan de los niños.

La farmacéutica Carmen Zurita tiene en su casa a una niña togolesa de 8 años, Anicette, que en tres semanas entiende el español de corrido y que, gracias a la operación de corazón que le acaban de realizar, podrá vivir normalmente hasta la vejez en vez de morir en la adolescencia.

Es la última de los 55 niños africanos operados en Sevilla gracias al programa Viaje hacia la vida, iniciado hace 11 años. Gracias a él, doctores de renombre realizan, gratis y con la última tecnología, complejas operaciones quirúrgicas que evitan la muerte prematura de los chavales al curarles graves dolencias de corazón, o varían de forma radical sus vidas zanjando problemas en la vista que muchas veces los abocarían a la ceguera.

Esas pocas horas de quirófano tienen, además del económico, un elevado coste humano: la mayoría de los pequeños han necesitado entre dos y cuatro meses para recuperarse, algunos incluso más. Y hay familias que los acogen en sus casas, sin saber cuánto tiempo se quedarán.

"Te da miedo cuando dices que sí y aceptas que venga el niño, porque no sabes lo que te va a llegar. Al final es más fácil". Sobre todo con Anicette, porque le advirtieron de que era un poco difícil y ha resultado ser una cría de sonrisa permanente, deseosa de aprender, leer o dibujar y detallista al máximo con el matrimonio y sus tres hijos, también implicados en su cuidado. "Tiene que ser una decisión familiar", dice Carmen, que lleva más de cuatro años colaborando con la ONG, y que ya tuvo en casa a otro chiquillo enfermo durante tres meses. Su hijo Fernando corrobora, mientras ayuda a la niña a colorear unos dibujos, que mientras la primera acogida la disfrutó menos porque estaba estudiando en Madrid, ésta es una experiencia. "A veces he tenido que anular algún plan para quedarme con ella, pero lo pasamos muy bien".

Lo de menos es si se entienden con los niños en francés. Lo importante es cuidarlos como si fueran uno más de la familia, aunque al estar enfermos precisan aún más atención. Conscientes del cariño que se les coge en poco tiempo, en Tierra de Hombres preparan concienzudamente a estas familias. "Hay que tener muy claro que esto es temporal. Cuando se van te da mucha pena, pero tienes que pensar sólo en que llegaron enfermos y tú los devuelves sanos". Ella es especialista en engordar a los suyos: cogen kilos gracias a las papillas que les da, bien densas, por la mañana. "Luego que pique lo que quiera", se ríe. Anicette llegó delgadísima por su mala alimentación en Togo, donde come una vez al día. Pero remontó antes de la operación gracias a las papillas de Carmen.

Cuando se van, cargados de regalos -"son como hormiguitas, todo lo que les das lo van guardando, desde el primer día, para llevárselo"-, no vuelven a tener contacto. Es mejor para ellos volver a su vida de lleno, insiste María Antonia Jiménez, presidenta de Tierra de Hombres. Antes del viaje, Carmen debe recordarle que su familia la echa de menos para que le sea menos duro abandonar las comodidades de las que disfruta ahora.

Las familias de acogida no están solas. Junto al apoyo constante de la ONG, hay voluntarios que acompañan a los niños mientras están en el hospital, para que no se queden solos, en turnos de ocho horas; o si la familia de acogida lo necesita. Es el caso de Laura Babío, de 34 años, voluntaria desde hace tres. Sus horarios de trabajo le impiden asumir tareas fijas, pero es la candidata ideal para quedarse en el desangelado turno de noche. Aunque no habla francés, los niños aprenden pronto palabras como "comida, pan, jamón o duele", recuerda. Les suele bastar con jugar. "Estos niños te ganan", asegura. "Con lo que han pasado, están siempre contentos. Valoran lo que a nosotros nos parece normal, y te hacen valorarlo a ti. Pasar tiempo con ellos te compensa más a ti".

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