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Vuelve el Rastrillo

La infanta Pilar inauguró ayer el mercadillo benéfico de la asociación Nuevo Futuro en el Hotel Meliá Lebreros.

el 12 feb 2014 / 20:33 h.

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La infanta Pilar de Borbón, ayer en el Rastrillo de Nuevo Futuro tras recorrer los distintos expositores en la primera planta del Hotel Meliá Lebreros. / J.M.Paisano La infanta Pilar de Borbón, ayer en el Rastrillo de Nuevo Futuro tras recorrer los distintos expositores en la primera planta del Hotel Meliá Lebreros. / J.M.Paisano La infanta Pilar barrió con la mano el azúcar que se le había derramado, la echó en la taza, se terminó el cafelito solo y se levantó de la mesa donde habían estado chafardeando ella y el señor vicario, dando por terminada la colación de la comitiva inaugural del Rastrillo de Nuevo Futuro. Y con esa expresión entre taurina y regia de quien es consciente de la tarea ímproba que Dios o quien sea impone a sus señalados, se dirigió hacia el muro de periodistas por tercera vez. La primera había sido media hora antes, nada más llegar, para abrirse paso entre la broza de fotógrafos que, en ávido corro, impedían acceder al atril. La segunda fue al poco, para mandar a callar porque así no había forma de inaugurar ni rastrillo ni rastrilla. Y la tercera, al fin, para hacer una pequeña declaración tan solemne como lo permitan las boberías que se suelen preguntar en tales ocasiones: ¿le parece a usted bien esta iniciativa?, o ¿cómo se siente al venir a Sevilla? La hermana del Rey estuvo fina, fina: «Esto me parece importantísimo», dijo. «Se trata de la educación de unos chicos, y la educación» (apunte, señor ministro, porque lo dijo subrayando las palabras) «es lo más importante que una persona puede tener». Por supuesto, sabía que le iba a tocar piar de su sobrina Cristina, y se escabulló dignamente: «No hablo de ese tema por un motivo muy sencillo: porque no tengo ni idea. Y no juzgo ni valoro porque no soy juez ni abogado». 125 caracteres. Y se marchó a ver puestos, con la misma resuelta galanura con la que el paso del Caballo se marcha del Baratillo una vez terminadas las cabriolas y carantoñas. Ayer tarde no hubo forma de averiguar cómo se dirá en lengua de signos «Chúpate esa mandarina», pero la salida de escena de la infanta, tras esas últimas palabras, estuvo muy cerca de clavarlo. Unos segundos antes, el señor vicario se había despedido de la señora besándole la mano y metiendo espuelas. Juntos habían procedido a la inauguración y bendición del cambalache humanitario, en compañía de la presidenta de la asociación Nuevo Futuro, Pepa de la Serna; y de la delegada municipal de Asuntos Sociales, Dolores de Pablo-Blanco, además del director del hotel Meliá Lebreros, anfitrión de esta cita que durará hasta el sábado, y de la autora del cartel de esta edición, Reyes de la Lastra. Fue curioso, porque tanto el vicario como la concejala justificaron la ausencia de sus respectivos jefes (el arzobispo y el alcalde) en problemas de agenda. Si la ausencia de ambos fue ayer la comidilla del día entre la Sevilla bien, es algo que se ignora. Pero lo que no se ignora en absoluto es que el Rastrillo de Nuevo Futuro es un sitio al que hay que ir sin la menor duda, ya sea por razones altruistas, ya sea para tomar apuntes del natural de orden antropológico, ya sea para admirar los muebles, óleos, tules, lacados, recamados y gasas que conforman, todos juntos, el concepto de buen gusto de la alta sociedad. O para vender, caso de los 66 expositores congregados. Ayer, instantes antes de la ceremonia, Elsa Martí Barceló y Esperanza Soriano, coautoras del libro Mujeres sin maquillar, 16 testimonios vitales, se fotografiaban la una a la otra posando ante los volúmenes, entre los que había una foto de la Reina comprando un ejemplar en el Rastrillo de Madrid. «Allí fue muy divertido, ¿sabes?», explica Elsa, muy rubia y muy madrileña. «Allí coincidí con Pitita, con Nieves Herrero, con Enrique Rojo... fue muy divertido. Y a Sevilla vengo encantada. Pero me ha chocado que en este Rastrillo no haya puestos de libros», dice, guiñando la nariz en un mohín de contrariedad. «Pero bueno, soy forofa de Sevilla y soy forofa de Granada, que es adonde voy a esquiar». Tras un primer recorrido por esos salones colmados de suntuosa profusión de tal y cual, la vista descansó al fin posándose en una simpática mujer llamada Pilar Génova, que había tenido la delicadeza de acudir en vaqueros a vender sus deliciosas obras de bisutería fina. «En vaqueros, claro que sí», dice ella, sonriente: «Hay que desdramatizar». Entonces enseña unos pendientes hipoalergénicos y luego un anillazo de impresión: «¿Ves esto? Pues si vas y lo pierdes, no se arma un drama familiar. 25 euros. Y parece que llevas una cosa de 200.000». buena El expositor de Abascal Eventos. No es cierto del todo eso que decía Elsa, un párrafo atrás: sí que hay libros. Un señor muestra algunos muy elegantes y usados en su stand: La vida del abogado, de Erizzo. El Santuario del hogar. Cristo Rey. Vida de Jesús... Un hombre importante, de Sinclair Lewis... El exorcista, de William Peter Blatty. Y entonces pasa una señora con una ristra de papeletas, conminando alegre y afectuosamente, responsablemente casi, a que se le compre una. Es Cristina Díaz Carralero. Junto a ella están las chicas de Abascal Eventos, guapísimas todas y con muy buen rollo, mostrando un candy buffet formado por exquisiteces de distinto porte y mucho chocolate belga. Está por allí la tarta en forma de cafetera del obrador de Inmaculada Jiménez, Tartas The Royal Cake. Y en la otra punta, RFM vende muñequitos de nazareno y una muñeca tipo Nancy con el uniforme de las irlandesas. Todo sea por los 46 niños acogidos en los ocho hogares de Nuevo Futuro en Sevilla. «Ahora, muchos de los que se hicieron mayores y pudieron independizarse han vuelto a pedirnos ayuda, con la crisis», contaba Pepa de la Serna. Qué dignidad de señora. Los números que juega este periódico en el sorteo de antes son del 151 al 160. Si toca, para ella. Mayormente, por problemas de agenda.

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