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Cultura

Xavier Vilató, una pintura a fuego lento

El término bio, tan contemporáneo alude a productos en los que no intervienen agentes extraños a su naturaleza. En consecuencia, Xavier Vilató, descendiente de Picasso, lleva a cabo una pintura bio, que es "aquella pintura natural conseguida con aceites de soja o de lino, trazas de caseína y otros productos no artificiales.

el 15 sep 2009 / 20:24 h.

El término bio, tan contemporáneo, tan postmoderno, alude a productos consumibles, de aseo, útiles, en los que no intervienen agentes extraños a su naturaleza. En consecuencia, y ésta es la aportación del pintor francés Xavier Vilató, descendiente de Picasso, a quien le une la rama materna del genio malagueño, también hay una pintura bio, que es "aquella pintura natural conseguida con aceites de soja o de lino, trazas de caseína y otros productos no artificiales, ni manipulados. Y una pintura artebío, de igual entidad, como ésta que presento", según recoge la galerista Isabel Ignacio en el catálogo de la muestra.

Xavier Vilató, en su casa-estudio de Menorca, tiene un huerto donde cultiva de forma tradicional las hortalizas, verduras y tubérculos. Y del mismo modo desarrolla la dinámica de su pintura, lo que hace que esta obra pueda ser incluida en lo que describen y protegen los reglamentos de la UE sobre este término, y declarada, sin ambages, bio pintura.

Según Tomás Paredes, presidente Asociación Madrileña de Críticos de Arte, hay en este trabajo una estrecha relación "entre lo que se planta, se recoge, se guisa, se come, se pinta y se comparte". Como dice Xavier Vilató: "Se vive lo que se pinta y se pinta lo que se vive".

Vilató es amante de la buena mesa, tanto en su confección cuanto en su degustación. Por ello, "su pintura está determinada por la cocina y la cocina es determinante en su lenguaje. El término cocina refiere continente y contenido, es decir, identifica el espacio y lo que se lleva a cabo en él. ¡Lo mejor de la cocina es hacerla, como el amor o la pintura, y luego disfrutar!", asegura Paredes.

En este sentido, la cocina de la pintura de Vilató está compuesta de materias, raspaduras, veladuras, aditamentos naturales, para conseguir el efecto plástico que se persigue. En esta convivencia, que inicia con acrílico, se pasa al óleo, que domina sus obras.

Además, el imaginario de esta propuesta "sevillana xavierana" -como la define Tomás Paredes-, tiene el denominador común de suceder en una cocina. Es una pintura entre cacharros, cacerolas, fogones, legumbres, tubérculos, marmitas que hierven y echan chorros de vapor o humean con un perfume inconfundible a judías verdes, acelgas, brócoli o potaje de cuaresma. Un homenaje a su abuela materna.

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