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120 años de verdades, milagros y oficios

Ser decano de la prensa sevillana sobreviviendo censuras, secuestros, injusticias y los desafíos más palpitantes curte un periódico fundado por el Cardenal Spínola para llegar al corazón de sus lectores

Juan-Carlos Arias jcdetective /
10 ago 2019 / 08:00 h - Actualizado: 07 ago 2019 / 13:05 h.
  • El cardenal Spínola en su despacho con un ejemplar de El Correo de Andalucía. / El Correo
    El cardenal Spínola en su despacho con un ejemplar de El Correo de Andalucía. / El Correo

El hoy Beato, entonces Cardenal, Marcelo Spínola escribió al fundar este periódico el 1 de febrero de 1899 ‘Ni un solo trabajo, ni una sola línea, ni una sola letra de las que en él se publiquen dejen de encaminarse a la defensa de la verdad y de la justicia’. Ese espíritu, silente y ejemplificador, supervive en 2019, 120 años después, gracias a la determinación empresarial del Grupo Morera & Vallejo. El mismo que apuesta por la maravillosa aventura de compartir un bien común de sevillanos y las sevillanas entrado el siglo XXI.

El siglo XX fue el más convulso, redentor y trágico de la historia española. En el contexto de transformar la ‘buena prensa’ que secularizó una sociedad industrial y urbana y con la liquidación humillante del imperio colonial patrio con la entrega a los Estados Unidos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas la jerarquía católica decidió apostolar, con la prensa de papel, su influencia social.

Aunque en estas páginas la información religiosa fue preponderante el alma fundacional extendía al comercio, agricultura, política y justicia la información en una Sevilla que tuvo centenares de cabeceras y altos índices de lectura hasta la guerra fratricida (1936-39). Esa competencia hizo que este periódico disfrutara del primer milagro que podemos detectar. El maridaje de religiosidad y laicismo en la Sevilla de izquierdas, anarquista, llena de desheredados. La que emigró para paliar el hambre y la desigualdad. Esa Sevilla dejó de comprar y leer el Correo porque sus editores se alejaron del sentir popular.

La dictadura del ‘Generalísimo’ Franco (1939-1975) invitó a este periódico como opositor, en la época del ‘tardofranquismo’ que acuñara el inolvidable Francisco Umbral. Aquel régimen asfixiaba hasta a sus más encendidos aliados: clérigos, falangistas, aristócratas, terratenientes, militares.... La Editorial Católica SA (EDICA) y algunos obispados andaluces que poseían el 100% del accionariado del periódico entonaron un ‘basta ya’ muy sutil.

En 1967 el franquismo más recalcitrante ‘cesó’ al Director Rafael González Rojas por incómodo. José María Javierre le sustituye brioso. Desafió a la censura y dio espacio al sindicalismo necesario y a la opinión inédita.

La inteligencia del sacerdote, biógrafo de santos y enciclopedista tenía el apoyo de esa Sevilla oprimida por un régimen que languidecía. Se le añadía el ‘nihil obstat’ (nada que objetar) del Cardenal Bueno. Así hacía honor a su apellido. Desde que murió Franco sucesores de Javierre (que regresó al cargo en una segunda etapa) sufrieron denuncias, detenciones, secuestro de ejemplares por contar la verdad, por denunciar la injusticia, por seguir esa línea fundacional de Spínola. José María Requena y Federico Villagrán pagaron cara su apuesta por la libertad de expresión. Fueron detenidos y vituperados. Se les señaló como subversivos de un franquismo que no existía.

En aquel ‘tardofranquismo’ se dieron más milagros. El Correo llegaba a los kioskos por los pelos, cuando no era secuestrado. Horas antes, muchas madrugadas, no había bobinas de papel para imprimirlo. El Beato ordenó desde el cielo que los fieles lectores no quedaran huérfanos. La competencia local ayudó a que ese milagro se obrara. Todo sea dicho.

La Iglesia vende, PRISA negocia, Morera invierte

La dilatada historia del periódico da para mucho. La influencia eclesial perdió fuelle con la Constitución y la democracia. En 1986 Arturo Moya (ex Diputado centrista-UCD) y Emilio Martín, afín al PSOE, capitanean un cambio accionarial al detentar un 66% del accionariado de EDITORIAL SEVILLANA SA que surgió tras conservar el resto del accionariado EDICA. Poco a poco el Grupo PRISA que fundara Jesús de Polanco se hizo con las riendas de un periódico más abierto, liberal e independiente que sus competidores sevillanos desde los oscuros días informativos del franquismo. ‘Nueva Andalucía’ fue la cabecera vespertina del Correo y vivero de periodistas.

Los vaivenes empresariales de PRISA (hoy en manos de fondos de inversión tras ‘quiebra’ oficiosa) y negocios de salón llevan a manos de un empresario siderúrgico extremeño la cabecera decana. La arruina hasta llegar a manos de un excarcelado que intentó estafar a todo lo que se movía. El Correo volvía a las huelgas, EREs, plantes, censuras y despidos que ya conoció cuando lo capitaneaba un señor apellidado Uceda.

La intrahistoria del periódico registra más milagros. Parecido al que describía Lopera para ‘salvar’ al Betis quebrado. Nadie daba un céntimo por la ruina de un delirio -hacer un oleoducto que atravesara el PN Doñana-. Desde que llegó a la edición de la cabecera el Grupo Morera & Vallejo la lógica empresarial, la del negocio del periodismo, priorizó a la subvención y EREs de salón el trabajo informativo que merece la sevillanía. La trasformación digital revive al Correo en una Sevilla que tiene cerca, nunca olvida y tiene presente -en cada palabra- que publica. Spínola no se remueve de la tumba un 2019 gozoso al constatar la supervivencia de su criatura. Su mensaje caló.

La experiencia personal

Mis primeros recuerdos fueron cuando detuvieron a Villagrán en 1975 al publicar -en portada- que miles de marines desde Rota irían a Portugal. El propósito era laminar manu militari la ‘revolución de los claveles’ lusa, Todo era inexacto al nacer la primicia de una fuente contaminada.

Antes, quien firma estas palabras, veía en los estantes de los kioskos al Correo en montañas de ejemplares más altas que otros competidores porque se vendía más. Dar eco, y hueco, a curas-obreros, líderes vecinales, opositores al franquismo y quienes clamaban por la igualdad, democracia, amnistía y la justicia era la razón. La sociedad miraba de reojo al trono instaurado por Franco y a un lánguido Movimiento que brindaba al sol por una ‘revolución pendiente’ que quisieron hace desde los despachos.

El Correo ‘estaba ahí’, donde estaba el interés informativo, como el ubicuo e irrepetible escritor y periodista sevillano Manuel Chaves Nogales testimoniando las maldades del fascismo, nazismo, comunismo soviético, la guerra fratricida. El Correo biografiaba a Sevilla, como Chaves a Belmonte, y describía lo sórdido como en ‘A Sangre y fuego’ Chaves detalló la barbarie fratricida.

A finales de los setenta, ya inquieto freelancer, tuve el privilegio de ayudar a Fernando Diez de la Cortina a ultimar trabajos de campo periodísticos. El inolvidable docente que trabajó en el Correo, recuerdo, me pidió le acompañara a hacer reportaje sobre prostitutas que ejercían cerca de cuarteles cercanos a Bellavista. La experiencia fue impagable.

Aquellas mujeres olvidadas, maltratadas, analfabetas... no existían. Eran invisibles en una sociedad que la estigmatizó con tabúes injustos. Díez de la Cortina las grabó, las oyó, las sintió, las arropó y contó sus emociones, ansias, carencias. Fue revelador oir a mujeres que el soldado las veía como carne de pago los fines de semana. Una de las ‘Madames’ entrevistadas presumía, ante las risotadas de sus pupilas, de habérselo hecho ‘sin cobrar’ con el mismísimo General Millán Astray. Más carcajadas se desataron cuando la veterana prostituta no sabía lo que pudo hacer con el individuo manco, cojo, tuerto y gritón que fundara la Legión. Díez de la Cortina le recodaba alicortó su farde creyéndose superior.

Aquel reportaje sobre el cotidiano, la voz y los sentimientos de aquellas prostitutas olvidadas en una Sevilla de clases y del ‘Vd no sabe con quién está hablando’ sólo lo podía publicarlo el Correo. Guste o no, eso fue así.

A mediados de los ochenta quien suscribe visitaba El Correo con comunicados como portavoz del colectivo pionero de detectives andaluces (AADP). Antonio López Hidalgo, hoy reputado profesor universitario de periodismo y celebrado escritor, ante el éxito de los comunicados que publicaban otros medios pidió al firmante que escribiera artículos. Pedía se personalizara al Correo las reivindicaciones gremiales. De los que publiqué entonces, a uno de ellos le concedió un premio -con dotación económica de 50.000 pesetas de las de entonces- UGT por dignificar al investigador privado terrenal alejado de tópicos fílmicos y literarios.

Esos artículos, entre otros, integraron el volumen ‘Conexión Detective’ (Editorial JC, Madrid 1990) obra de quien firma este artículo. Tras agotar varias ediciones de una mera compilación de trabajos publicados, El Correo me contrató para hacer la que fuera serie pionera en la prensa española sobre Criminología entre 1990 y 1992. Tuve la ocasión de conocer al inolvidable Pepe Guzmán, a José María Gómez y Rafael Guerrero. El último pidió se me contratara y entrañó firme apoyo ante adversos que veían en mis colaboraciones una herejía al socialismo de rodillo que ya languidecía.

Visitaba la redacción en Polígono Carretera Amarilla en la Avenida de la Prensa aunque las colaboraciones las remitía por fax, algo que ahora parece arqueología. Allí se vivía el periodismo para quien escribe sin ser periodista. Esa era la oficiosa facultad donde existía un semillero de informadores que sobreviven al oficio que siempre arropó este periódico. Esa fertilidad ha dado mucho fruto.

Aquellas colaboraciones con El Correo coleccionaron apoyos y detractores por publicar verdades incómodas. También, contratos docentes en la Universidad, Canal Sur Radio y TV. El Correo fue, y es, un talismán para tan humilde servidor. Tiene esa magia que apareja el milagro. Este periódico, entre 1990 y 1992, me permitió publicar -además- reseñas de novela y crónica negra, ser enviado especial, publicar dossiers sobre el jazz latino, carnaval, salsa y dar tanta voz a los invisibles como la que regaló Díez de la Cortina a los que jamás la tuvieron.

Mis nexos con El Correo se renovaron a finales del pasado 2018, cuando se entregó a la trasformación digital, cuando dejó de plasmarse en papel. El editor, Antonio Morera Vallejo, me pidió hiciera un aporte personal que se ve tiene éxito: crónica negra fría. #InFraganti es un invento que espero disfruten los lectores cada fin de semana.

Sólo cuenta historias, bajo la óptica de la opinión, pretéritas y actuales de esa Sevilla brumosa, irredenta y huidiza con las realidades que le incomodan.

Se retoma, pues, la carta fundacional del Correo que suscribió el Cardenal Spínola para que publicar la verdad y la justicia. Cuando falleció el inolvidable príncipe eclesial llevaba siglos escrita la picaresca sevillana. Y sigue erre que erre, dentro y fuera de los juzgados. La practican individuos que se miran al espejo cada mañana preguntándose a quién engañarán creyéndose impunes e inmunes.

¡Ahí queda eso! Sólo resta desear larga vida al Correo.


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