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In fraganti

Citas furtivas: ¿pesadillas de amor y sexo?

La ‘canita al aire’ en una Sevilla de egos pícaros que se consideran triunfadores puede salir muy cara. Hoy tocan desvelarse claves del amor fugaz y del sexo erre que erre

Juan-Carlos Arias jcdetective /
17 oct 2020 / 04:08 h - Actualizado: 16 oct 2020 / 13:13 h.
"In fraganti"
  • Andalucía Viva
    Andalucía Viva

La mente joven y adulta reitera lo que inculcó el inolvidable Luis Cernuda en su mística de ‘La realidad y el deseo’. Esa pugna entre el cotidiano y el sueño. Si nos referimos al sexo furtivo, éste sorteó barreras. Salió airoso de la jungla de lo compulsivo siglo tras siglo. Los peligros permanentes fueron y son las enfermedades de trasmisión sexual-ETS (VIH, Gonorrea...). Hay preocupantes incógnitas con el Covid-19. Ningún experto descarta que la sexual sea una de sus vías de trasmisión, lo que hace de los/as contagiados/as un peligro. Hacerlo con desconocidos/as es más que un reto

La sexualidad humana pagó muy caro, en los últimos siglos, para expresarse sin tapujos. Algunas censuras se urdieron en espacios eclesiales condenando al infierno a quien osara traspasar la ley divina. La autoridad vaticana de cada tiempo decidía dónde estaba el límite entre lo puro y lo impuro, entre lo bueno y lo malo. Entre placer y procreación. Las leyes terrenales distinguen delitos que -a veces- se cometen con la pasión del sexo compulsivo, adictivo o patológico. Las amenazas cercaron al sexo furtivo.

En parte, las ‘citas furtivas’ tienen relación con la infidelidad y las antaño ansias adúlteras que comparten hombres y mujeres emparejados/as. Diversos estudios y expertos convienen que 4 de cada 10 españoles admite haber sido infiel a su pareja. Un 64% piensa que el teléfono móvil es vía de infidelidad, tras los emails. Además, más del 55% de mujeres está convencida son más infieles que ellas mismas. 2 de cada 3 mujeres se creería engañada, según match.com. De otro lado, el 58% de varones opina que ambos sexos son infieles por igual. Más pragmatismo.

Pero la calma del confinamiento, desescalada y rebrotes se estropeó de la noche a la mañana. La tormenta del Covid-19 rehipoteca la vida sexual de la sociedad. La misma que se abona por citas a ciegas concertadas desde y aplicaciones, internet y plataformas con exclusiva misión de propiciar encuentros fugaces y sin compromiso. Durante los próximos meses la sexualidad será escenario incierto para encuentros secretos. La mascarilla disfraza las sonrisas, acalla los jadeos e impide los besos. La zona de entrepierna se subordina, como siempre, a las órdenes emocionales.

Algo de historia local

Trabajos de Chaves Nogales y sobre el diestro Juan Belmonte refieren que señoritos y terratenientes tenían ‘queridas’ conocidas, con piso puesto, que hasta eran orgullo de las cónyuges que vivían de la Sevilla años 20 del pasado siglo.

Otras jóvenes, por lo general recién llegadas a la capital, hacían carrera con poderosos previa citas ‘recomendadas’. Los escenarios del sexo lejano a ojos cotillas eran pisos ‘por horas’ del centro histórico o ventas alejadas del mismo. Las derruidas Eritaña (hoy sede de Cuartel de la Guardia Civil) y del Gato (citada por Bécquer) serían lugares donde ciertas siestas de juergas flamencas infinitas no eran sólo dormir la mona.

En la recatada época de Franco (1939-1975) el sexo furtivo tuvo más trabas. El parque de María Luisa tenía rincones para conducir desenfrenos. Campings, uno cercano al Aeropuerto y otro a Dos Hermanas, tenían casitas y auto-caravanas vacías que tenían clientela esporádica. Igual ocurría con ciertos pisos del centro, Triana, Nervión y Alfalfa que funcionaba con y sin licencia de pensión. Ahí raramente pedían identificación a sus frugales ocupantes. A cambio, el precio subía.

Un hotel aljarafeño discreto ha sido paraíso, años después del franquismo, de encuentros amorosos y furtivos donde el sexo triunfaba sobre todo lo demás. Cámaras grababan 24 horas y las matrículas de los huéspedes eran anotadas. Días después había precio para no difundirse el encuentro que parecía secretísimo. Otra ventas y hostales, en las carreteras de Alcalá y Utrera, tenían clientela casi fija entre sanitarios, representantes y casados/as. Hay leyendas sobre tendrían prácticas inapropiadas para cobrar ‘sobreprecios’ sobre los encuentros furtivos. Obviamente, se han tramitado incontables divorcios antes y después de estas ‘heterodoxias’ que no interesa divulgar, ni que se conozcan entre familiares y compañeros/as.

La palpitante actualidad

Hoy las citas furtivas se las endosamos a la red de redes. Nos fiamos de las identidades y fotografías que cuelgan en redes sociales, de los contenidos de plataformas y aplicaciones para ligar sin compromiso más allá que el coito compulsivo pensando que somos ganadores en la batalla del sexo adecuado y vivificante.

Hablamos de infinitas ofertas donde el petardeo, solteros que están divorciados o casados y los/as que sacan partido del físico para vivir del cuento hacen de las suyas. Hablamos de Tinder, Badoo o QuieroRollo, Fuego de Vida, MiAffaire, follamigos, idates... Esa jungla de ‘citas a ciegas’ muchas veces acaban en comisaría, hospital, bufetes de abogados o en el juzgado de guardia.

Los casados más ‘listos’ prefieren portales especializados con trato personalizado. Acogen toda clase de tendencias sexuales. La comunidad LGTBI tiene donde encontrar tema: Scissr, LGBTQutie, Grindr, Chappy, Wapo-a, Romeo... y donde estar alerta; hay mucha pesadilla tras encuentros que acaban teniendo precio.

Victoria Milan o Ashley Madison se centran en casados/as. La última sufrió en 2016 hackeo que desveló 300 millones de datos. Se calcula que en Sevilla hay casi 1.000 afectados que llevarían tiempo sin dormir Imaginen las parejas de los clientes de Madison la cara que pondrían al ver a su pareja presa de un chantaje que, en Sevilla, no habría pasado de largo.

Las nuevas tendencias de clubs de intercambio, tríos y encuentros del poliamor compiten con orgías y bacanales organizadas donde se graban algunas escenas explícitas sin que quienes sus actores lo saben, ni consentirían. A ciertos móviles, después, llegan videos desde números sin usuario registrado. Sigue la petición de un dineral para evitar que circulen. Más ‘seguro’ parecen el dogging, cruising o cancaneo. Así se etiquetan encuentros en lugares públicos entre desconocidos del mismo o diferente sexo. Las ETS encantadas, en lo suyo, en su caldo de contagio....

El ‘caso Arny’, que sacó del armario la Sevilla más homófoba en un club donde se prostituían jóvenes a finales del pasado siglo. Se descubrió -en las diligencias policiales- que dispondría de un ‘cuarto oscuro’. Ahí clientes y proveedores desnudos hacían de las suyas.

Existirían grabaciones de clientes adultos –desnudos- antes de entrar en ese ‘cuarto’. Las copias acabaron en ciertos despachos antes de moverse fajos de billetes. La leyenda es huérfana de más datos, pero es como las meigas gallegas: haberlas haylas. Tras el cierre del ‘Arny’ en 1996 pasaría lo mismo en otros cuartos oscuros en zona Alameda y en una sauna gay. La seguridad del local de turno sería la excusa para captar imágenes.

La situación que creó el Covid-19 debe extremar más seguridad obviamente para citas furtivas. Es comprensible que el miedo y el pánico acobarde a los/as más fogosos/as. Pero el furtivismo tiene algo, mucho, de aventura durante los últimos tiempos. Las pesadillas vienen después.


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