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‘El irlandés’ asesina al gangster

Sólo cientos de sevillanos disfrutarán la obra maestra de Martin Scorsese. In fraganti comparte hoy reseña de un filme proverbial. Retrata la mafia en suelo norteamericano. Y la imitan nuestros narcos

Juan-Carlos Arias jcdetective /
23 nov 2019 / 07:26 h - Actualizado: 23 nov 2019 / 07:26 h.
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El cine es el ‘séptimo arte’ por derecho propio. Las creaciones del género humano se revolucionaron cuando el talento se rueda. Esa disrupción lleva apenas un siglo presente. El cine materializa sueños, fotografía la realidad, critica al poder, excita los peores y más nobles instintos humanos. La emoción, además, se palpa tras ver esas películas que nos encantan.

Martin Scorsese es un cineasta neoyorquino curtido sobre raíces italianas. A sus 77 años regó su vida de la polivalencia en el cine. Rodó decenas de largometrajes, documentales, cortos, teleseries; también, fue actor y productor. Su pequeña talla física aloja un gran genio sin par. Todo lo multiplica con sello propio. Porta una marca personal que le aleja de los estándares. Este dato logró que aplaudan su valía premios en todo el mundo (Oscar, Bafta, Golden Globes, Emy, Princesa de Asturias, Festivales de Cannes y Venecia) rindiendo a la crítica más irredenta al negocio del cine.

Antes de aplazar su jubilación decidió hacer su ‘masterwork’, esa obra maestra que siempre acaricia cualquier talento. Veterano director de guiones centrados en corrupción, codicia, mafia o boxeo que ilustran una sociedad violenta [Estados Unidos lidera estadísticas mundiales de muertes no naturales sin guerra declarada] congregó -sin complejos- a los mejores actores posibles para enterrar el mito mafioso del cine. El que ‘El Padrino’ construyó encarnado en un irrepetible Marlon Brando.

El flash-back del matón

Frank Sheeran era un camionero, de origen irlandés, que sobrevivía trapicheando tras matar, sin escrúpulos, en la segunda gran guerra. El azar le llevó a conocer al mafioso Russell Bufalino. Este le presenta -tras intimar- al sindicalista, no menos mafioso, Jimmy Hoffa. El irlandés existió, es parte de una historia a veces tergiversada. Lo noveló Charles Brandt en su obra I Heard you paint houses (pinto casas).

Robert de Niro (Sheeran), Al Pacino (Hoffa) y Joe Pesci (Buffalino) colmatan el trío protagonista de ‘El irlandés’. Scorsese no pudo elegir mejor triplete para desarrollar su historia cinematográfica. Basado en realidades que, a posteriori, se mitificaron, falsificaron u ocultaron por la historia oficial, la última película de Scorsese es un flash-back (retorno al pasado) intermitente. El de Sheeran en sus últimos días de lujoso asilo.

El sicario de la mafia (Sheeran) se auto retrata como recadero del capo (Bufalino) y hombre-para-todo del sindicalista más poderoso que tuvo EEUU (Hoffa). El irlandés pierde su identidad con un arma corta en la mano o cuando obedece a sus jefes ínclito y subordinado sin réplica. La carencia de mínimo escrúpulo que configuró en la guerra mundial le sirvió para relatar unas vivencias que abochornan al más insensible.

Al matón de barrio le percibimos, en una película de 210 minutos, presto a la maldad personal. Pateó hasta lo inconcebible a un frutero que mal miró a su hija adolescente. Asesinó a su amigo Hoffa o se divorció de su primera esposa: intuía de dónde venía con la camisa ensangrentada entrada la noche o dónde iba cuando madrugaba justificando ‘salgo a trabajar’ a su hija.

La mafia se impone

‘El irlandés’ (The irishman) es también un documental de la historia norteamericana comprendida entre principios de 50s hasta mediados de 60s. Marida ficción y verdad con tics textuales que explican quiénes fueron y cómo terminaron otros capos del expresado período (Tony Provenzano, Felix Ditulio, Ton, Salerno, Ángelo Bruno, Joe Gallo....).

La plantilla mafiosa de la época, y al completo, la delata en su película Scorsese, quien se revela contra la ‘omertá’ (ley del silencio) con que Hollywood distinguió a un subgénero fílmico que hizo héroes de vulgares asesinos e ingenuos, al copar la parte baja del tinglado. Por esta razón, Netflix financió el filme que produjo Scorsese, con espléndido guión de Steve Zaillian. Por todo ello, Scorsese es maldito para los dogmáticos

Por razones imaginables, el negocio del cine redujo en Sevilla a ver ‘El Irlandés’ en una sala del CC ZonaEste. Sólo dos pases al día, por tiempo muy limitado y en versión original: ¿Hay mafia entre lo que debemos y no ver en nuestros cines?. Quédense tranquilos, en 35 cines españoles pasó igual. Para alivio de abonados a Netflix la película podrán verla pronto, cuantas veces quieran. Así está el patio del negocio global.

Si regresamos a las entrañas de la película analizada, ésta revela con rigor sobre quién pagó campañas presidenciales para exigir retorno de impunidad. También, sobre ‘vendetta’ contra Fidel Castro, tras expulsar a putas y casinos de La Habana, aunque murió mirando de reojo a muchas más ‘jineteras’ y ‘chaperos’ que antaño proveía la mafia. Los soviéticos pagaban bien el azúcar; los venezolanos con petróleo a médicos cubanos.

El muy conspirado asesinato de J. F. Kennedy no fue menos que la ira mafiosa sobre otro Kennedy, fiscal implacable contra trasgresores de normas. Los capos sólo obedecían la ley ’del más fuerte’ representada por los sucesores del Sheriff del ‘far west’ o esa Justicia pro colonos sobre indios, negros, hispanos o ‘enemigos’ del gendarme norteamericano global.

Las Vegas sale del guion de ‘El irlandés’ de refilón. Sutilmente acaba financiando mega hoteles-casinos con dólares sindicales de Hoffa. Recordemos que en el desierto de Nevada implantaron la nueva Habana los mafiosos. Retornaron la licencia siciliana, y del sur italiano, para que los aliados ganaran la guerra a Mussolini escalando hasta Hitler, aunque a la barbarie soviética antinazi le dieran ‘pasillo franco’ vía Polonia.

La magia del cine

La película de Scorsese, aunque dura 3 horas y media, atrapa desde los primeros momentos; subyuga hasta los últimos. Las técnicas de rodar con varias cámaras para favorecer rostros sobre los que el tiempo vital va y viene es magia. De Niro, Pacino y Pesci salen cuarentones, cincuentones y próximos al deceso. Sus mujeres y vástagos, que Scorsese retrata con patriarcalismo, son meros instrumentos que rellenan la pantalla de personajes sobre trío indicado.

La música del filme, la fotografía vívida de la época que retrata y el cuidado trabajo de script no deja detalle, ni fallo, que escape a la minuciosidad de un Scorsese protegido por la gloria de la experiencia. La misma que susurra al espectador sobre el mensaje subliminal de la historia. La mafia no cree en el libre mercado, ni en apellidos ajenos de ‘famiglias’.

Sheeran-De Niro desde una silla de ruedas con gafas de jubilado en Miami no se arrepiente de sus tiros, los que asesinaron a muchos seres humanos. Al revés, amablemente niega datos sobre Hoffa al que descerrajó inmisericorde a agentes federales. Estos recababan datos para cerrar el caso y alivio de sus deudos. En EEUU este tema es un reto-cuestión colectiva. Nos referimos a saber dónde reposan los restos del líder sindical que desafió a todos con soberbia, sin memoria y con muerte anunciada.

Sheeran-De Niro, en sus remembranzas, es aséptico y tan frío como el inminente óbito que avizora. Le vemos eligiendo ataúd verde -por supuesto- como buen irlandés y columbario. Reza por el perdón de sus fechorías con un sacerdote descreído del arrepentimiento de tan atípico confesado. La magia del cine, señoras y señores, posibilita que el tiempo sea relativo. El ritmo fílmico que logra Scorsese desubica sobre el presente, pasado y futuro al espectador. El feliz reto se supera con unas caracterizaciones personales, espaciales y físicas difícil de ver en el oficio de cineastas. Scorsese, por tanto, es una rara avis que logra la excelencia.

¿Testamento, realidad o esperamos más?

Leer otras reseñas de este filme reitera que el mismo hipnotiza a la crítica más seria e insobornable. Se desliza como testamento de Scorsese aunque inició el rodaje de The killers of the flower moon (asesinos de la luna florida) cuya temática incide en asuntos mafiosos.

Los desafíos de ‘El irlandés’ son complejos. Del resultado salen airosos los personajes centrales y unas actrices (Anna Paquin, Katrine Narducci, India Ennenga, Aleska Palladino...) que retratan el machismo mafioso -¿peor que el ibérico?- en tiempos de extorsión, balas, insultos y dólares turbios. Las mujeres del filme se pasean –con sumo oficio- fumando compulsivas, mirando sin ver, hablando sin decir, luciendo palmito y rechazando silentes esa violencia mafiosa que parecía protegerlas del mal.

Llegando hasta aquí, debe resaltarse por qué abandona su primera mujer a Sheeran-De Niro y su hija le huye cuando, ya en silla de ruedas, intenta reencontrarla desde cola de un banco. Su voluntad rechaza a un mal padre, a una mala persona que queda sola y aislada gracias a su patología asesina.

La realidad de ‘El irlandés’ es la vida misma. No cabe esperar otra cosa de una influencia italiana, latina... Hasta el realismo en Fellini de la posguerra lo metaboliza Scorsese desde su Queens natal aunque recriado en un ‘Little Italy’ neoyorquino sin balazos, tiroteos y Trattorias donde matar.

¿Hay Sevilla en la moraleja de ‘El irlandés’?. Si hay dogmas pro corruptos con ideología, narcos mecenas, sindicatos & patronal subvencionadas, pues sí. Pero quienes matan acaban mal: o en la cárcel o remordidos de por vida –con o sin abogado de platino-. Scorsese, recuérdenlo, asesina al gangster del celuloide. Nos insinúa que -en la corta vida- los humanos no debemos esperar premios, ni castigo. Sólo asumir las consecuencias de nuestros actos. Vean la película, serán mejores personas. Amén y ojalá.


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