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In fraganti

El palacete maldito de Manolo Prado (QEPD) en la Avenida de la Palmera

#Infraganti no abandona los rincones sevillanos con malfario o cenizo. Un palacio en Avenida de la Palmera aloja una historia increíble, jalonada de fortunas reales, ruinas auténticas, desgracias y mucha picaresca.

Juan-Carlos Arias jcdetective /
10 sep 2022 / 05:21 h - Actualizado: 09 sep 2022 / 10:27 h.
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Ya recogimos en esta página las cosas raras que acaecían en el Hotel Macarena. Desde siempre acechó la maldición. Esperemos se haya esfumado para siempre. También, los fantasmas que merodean a un piso en Los Bermejales Inclusive describimos la mala sombra que cerró una joyería del centro casi centenaria, Casa Ruiz, que languideció poco a poco gracias al infortunio Más adelante se proyecta ubicar como maldito a un conocido negocio que está cerquita del Guadalquivir. No damos más pistas porque aún puede arreglarse el cenizo del lugar. Esta semana toca pasear por la Palmera

Es una avenida ancha y arbolada que comunica la ribera del Guadalquivir con la salida sur sevillana. Está plagada de chalets y palacetes, construidos en el primer tercio del siglo XX por la burguesía de Sevilla. La Exposición Iberoamericana de 1929 la convirtió en el eje norte-sur de Sevilla. Como sucede con la Diagonal barcelonesa o Gran Vía madrileña.

Lamentablemente, mamotretos-hormiguero para estudiantes, oficinas en edificios horrendos, clínicas más un hospital-adefesio y un seminario vacío de vocaciones comparten el SAV. Entre unos y otros, afearon una Avenida donde el regionalismo arquitectónico dejó una huella que esperemos sea imperecedera.

Avenida Palmera 47

Si paseamos por estos lares, cuando llegamos a la intersección con calle Torcuato Luca de Tena en honor de tan insigne periodista y escritor se duplican hermosos edificios. Uno es el palacete que Aníbal González le construyó a su primo, un Luca de Tena. Fue en realidad credencial para ofertar al Comisario Regio Cruz Conde de la Expo del 1929 una gozosa realidad: la Plaza de España

Otro palacete, que marida lo ecléctico y el modernismo, lo ocupa la Fundación Unicaja. Tanto este palacete como el de los Luca de Tena (hoy propiedad de PTV Telecom) superaron el abandono con restauraciones dignas de aplauso. Pero en el número 47 hay un cartel que amarillea con un cartel de ‘se vende’. El empeño de la venta lleva muchos años en vano.

El misterio lleva tiempo instalado en un inmueble que antaño fue decorado por el vanguardista Pascua Ortega. Tiene 2387 m2 de parcela sobre 1.057m2 construidos. Las dos plantas del caserón añaden sótano, bodega, garaje, escaleras, jardines y la elegancia que predomina –por el momento- en parte de La Palmera.

Intenta vender el inmueble BUHAIRA CONSULTING, por casi 4 millones de euros, gastos incluidos de la compra-venta. Deberían añadirse casi la misma inversión para reformar el inmueble por el deterioro y falta de mantenimiento que sufre, pues se encuentra abandonado desde 2010.

El cajero del Rey

El misterio se va diluyendo cuando sabemos que no se vende la vivienda fácilmente. Allí agonizó su postrero morador, Manuel Prado y Colón de Carvajal (1931-2009) junto a su última esposa, Celia García-Corona de Vallés y demás familia.

Nacido en Quito se formó en la élite (El Pilar) e Instituto de raza (Ramiro de Maeztu). Fue hijo de diplomático chileno. Prado ofició como Embajador sin haber pisado la Escuela Diplomática aunque sí se graduó en el prestigioso London School of Economics. Su trabajo fue fidelidad al hoy Rey Emérito En las incómodas memorias de Prado (Una Lealtad Real, Almuzara 2018) admite que fue el Intendente Real [del Rey Juan Carlos I, 1975-2014], diplomático outsider ‘por la gracia de Dios y de España’ y administrador de los dineros privados de quien fuera Su Majestad casi 40 años

La obra, póstuma, ajusta cuentas con quien creía amigos y opositores a su influyente papel cercano al hoy vecino emiratí. Se publicaron estas memorias a los casi diez años de la muerte de Prado acorde a los deseos de su viuda y última esposa.

El ex diplomático y empresario recorrió muchos kilómetros por sus empresas, cometidos y misiones, las que conocemos y las que difícilmente sabremos. El Grupo Torras es el dueño de su palacete sevillano desde que los juzgados embargaran el patrimonio de Prado. No tendría prisa en venderlo, pero el tiempo genera gastos, no vuelve y agranda las leyendas.

Al poco de morir Prado el palacete salió a subasta por orden de la Audiencia Nacional, pero nadie apostó por el atractivo inmueble. El caso Wardbase (apéndice de la rapiña sobre KIO) llevó años antes a Prado a la cárcel.

El Juzgado de Instrucción 15 de Sevilla adjudicó a Torras el palacete por constar como perjudicada de Prado. Los acreedores del que presumía ser descendiente de Cristóbal Colón llevaban muchos años intentando cobrar en vida del que fuera íntimo y de máxima confianza del Rey Emérito Juan Carlos I. El Grupo Torras tiene matriz en dos sociedades BV holandesas (Koolmees y Kokmeeuw) e intenta vender el palacete ‘a la desesperada’ pero no lo logra. Acuciado por las deudas hacer caja parecería complejo. Su inmobiliaria sevillana hace lo que puede. Oferta sobre uso residencial el de oficinas, docencia o tema hospitalario. ¿Pero hay maldición en el palacete?

No es quien suscribe adivino. Pero algo debe pasar cuando quien vende no cede ante ofertas que se sabe llegaron por un inmueble que acumula historias mil. Una. Fiestas donde los VIPs más entregados a la causa de cobrar sin trabajar intentaban el negocio seguro del ‘cazador cazado’. Otra. Exhibiciones de Prado pelando langostinos ‘de tronco’ en tiempo record con su única mano. Aplausos serviles colmataban la faena. Un brazo lo perdió, con 18 años, como consecuencia de un accidente de tráfico.

Más. Negocios pre y post EXPO 92 acabaron con el mismo cenizo que acoge la venta del palacete de Prado. El personaje que forjó, golpe a golpe, Prado está descrito conductualmente en un libro de Jesús Cacho. Su título El negocio de la libertad (Foca, 1996). Ahí prestamistas del petrodólar, es decir amigos del Emérito del Golfo Pérsico, querían amortizar algún plazo de pago tras años de silencios del deudor. El Corán impide cobrar intereses, ni practicar la usura, pero ni la Biblia admite quedarse con bienes ajenos. Cacho escribió sobre algunas tajadas de tamaño royals. Dicha obra sigue vendiéndose porque explica muy bien cómo hacen fortuna oportunistas de supuesta izquierda política José Luis de Vilallonga en sus memorias también da cuenta de cómo obraba un Prado al que, tras la EXPO92, nadie conocía, nadie le pagaba nada, nadie le pidió los favores por ser cercano a ‘mon patron’. Desconocemos si sus problemas judiciales y la generosidad patria eran cosa del azar o de la humildad. Hay ya leyendas sobre las ofertas que llegan hasta BUHAIRA CONSULTING por la residencia sevillana de Manolo Prado. Los descuentos sobre ofertas de contado no acaban de concederse. La negativa sería de los dueños del inmueble, que lo deciden todo en la Ciudad Condal. La pela es la pela, sería la consigna.

Más leyendas conspirativas salen de las inmediaciones del tramo de Av Palmera donde está la antigua casa hispalense de Prado. Justo enfrente, en Casa de los Luca de Tena que diseñó Aníbal González, se orquestaría el golpe contra la IIª República desde finales de 1935, al ‘sevillano modo’. Es decir, contando las cosas con media lengua. Con la retranca de la verdad que miente.

Las fiestas y reuniones privadas de Prado en su casa miraban de reojo enfrente. Donde frecuentó su presencia el Rey Alfonso XIII. Otras leyendas indican que la agonía de Prado tuvo que superar varias tentativas de la Justicia para desalojarlo del que fuera su inmueble. Ese cuadro pinta mal para quien quiera ver ángeles retozando por su ansiado palacete, si lo compran.

El malfario parece que se asocia a un inmueble al que deseamos pronta venta. También que se libre del abandono, de los caza-gangas y que se restaure con mimo. Como el que patrocinó PTV Telecom para el palacete de los Luca de Tena. O los fondos de UNICAJA para levantar una espléndida sede de su Fundación, aunque su último Presidente (Braulio Medel) saliera por la puerta de atrás del cargo. En la Avenida de la Palmera, como vemos, hay historias.


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