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In fraganti

Fantasía desiderativa, mal de pocos que sufrimos todos

#Infraganti esta semana aborda una problema que difícilmente se describe. La mente imagina lo irreal. El problema es que se lo cree.

Juan-Carlos Arias jcdetective /
20 mar 2021 / 04:39 h - Actualizado: 20 mar 2021 / 08:54 h.
"In fraganti"
  • Fantasía desiderativa, mal de pocos que sufrimos todos

Coloquialmente ‘estar loco’ se liga a problemas mentales. Pero ‘estar como loco’ lo asociamos –por ejemplo- a la euforia que sigue a ser premiado en la lotería, aprobar difíciles exámenes, vivir la felicidad de la pareja o acabatr de ser padre o madre. Sin embargo, ‘estar como una cabra’ es gráfico humanizando a tan imprevisible animal. Con la fantasía sería algo parecido.

Vaya por delante que quien esto escribe es lego en psicoterapia, fisiología cerebral o salud mental. Pero merodean la patología fantasías que sobrepasan el delirio más difícil de explicar. Las más veniales permiten soñar despierto. Entonces creamos un mundo propio donde se imaginan hasta frustraciones personales. O la fantasía del temor, cuando nos asusta el fracaso, el destino, la derrota, luchar la vida o el más prosaico ridículo.

Otra fantasía venial que podría categorizarse es la lúdica. Aquí los impulsos euforizan, nos entregamos al juego no importa si se es joven, niño o adulto. La fantasía creadora representa una realidad que no se percibió sensorialmente antes. Es un modo de luchar y trasformar lo verdadero y cierto.

Quien suscribe no obviará la fantasía que más perjuicio causa a quienes sufren este desvarío. Nos referimos a la fantasía desiderativa. Los expertos la definen como que satisface y recompensa nuestros propios deseos. Los habituales de este delirio perciben claramente que lo deseado es diferente del mundo exterior. Es, en suma, refugio frente a la realidad.

Y se preguntarán los lectores dónde, cuándo y por quién se plasma esta fantasía. ¿Por qué se escribe en #Infraganti sobre este proceso mental?... Intentaremos dar alguna respuesta. Los fantásticos desiderativos los tenemos cerca, son inteligentes, ocupan cargos, son profesionales brillantes, hacen informes impecables y sus peores pensamientos los sufrimos en cualquier parte del mundo.

La fantasía desiderativa hace especial mella en personas cuyo parecer profesional o personal tiene influencia y puede modificar actos ajenos que sería complejo desplegarlos personalmente. Estos delirios no son íntimos, no se quedan en la mente. Existen para la exportación del individuo que los concibe, crea y persigue plasmarlos.

Seamos claros, aunque son escurridizos y echan culpas propias estos fantásticos tienen corazas profesionales, académicas u ocupan algún cargo: en esa plantilla hay policías, militares, escritores, periodistas, detectives, políticos, economistas, empresarios. También, quienes usan el disfraz del emprendimiento, licencia oficial o crédito para consumar su fiasco. Y, de paso, liarla. Los -y las- fantásticos, recuérdenlo, al final la montan.

Realidad y deseo

Luis Cernuda (1902-1963), el inolvidable escritor que tendría hueco en el Panteón de Sevillanos Ilustres, publicó un poemario en 1936 que resumía su magna obra. Se tituló ‘La Realidad y el deseo’. Su edición completa se publicó en 1962 en México, donde reposan sus restos tras cruel exilio. Cernuda vertía ahí frustraciones, reflexiones y definía los tabúes que sufrió en su intensa y difícil vida.

Cernuda nos recordaba, sin ser psicólogo, que estamos continuamente tomando decisiones. Estas se vinculan al trabajo, al estudio, al ocio, a las relaciones personales, sociales... Nos preguntamos a veces si la voluntad es racional y lógica. Nuestro pensamiento es desiderativo. Cuando ansiamos algo enviamos una señal al cerebro. El nítido mensaje es que nos falta algo. Todas las decisiones que tomamos a partir de entonces serán amparadas por ese deseo. La realidad se queda al margen. Así comienzan estas fantasías...

Lo que sucede -al cabo- tiene que ver con algo personalizado. La realidad es como es; por mucho que queramos verla con otros ojos no va a cambiar. Aunque parezca increíble somos esclavos del deseo mental. Cuando le sucede algo al fantástico, por muy lógico que se vea por quien no lo es, éste no ve la verdadera realidad. Ve lo que quiere ver. Un buen ejemplo son las personas que pierden pleitos, les archivan denuncias o firman pactos perjudiciales. Su óptica sólo ve conspiración contra las ansias propias.

Otro ejemplo es cuando ciertas personas refieren un grave problema personal a alguien de confianza. La respuesta que no sea militar en la causa referida se asume como una adversidad, o una falta de empatía en casos más leves. Difícilmente admitiría quien relata un conflicto y esté poseído por la fantasía desiderativa que hay forma de solucionarlo, que no lleva razón o que parte del problema está en quien lo narra.

El pensamiento desiderativo se basa en la ilusión y en la fantasía que le aplica la mente. Aunque puede motivar, muchas veces pensar así evade sencillamente de algo que no nos gusta. Otro ejemplo: en una mala relación de pareja que empezó genial quien centra la fantasía desiderativa la recuerda ideal, como cuando empezó. Sólo recuperará su pensamiento recuerdos de aquellas épocas en que la armonía reinaba. Retroalimentará el presente e imaginará que todo va bien, como al principio. La parte más tóxica de la relación, la ruptura traumática o lo que mereció hasta arrepentimiento no lo recuerda quien frecuenta lo ‘desiderativo’

Quien vive esta fantasía literalmente cierra los ojos ante la realidad. Sólo imagina lo que desea. En realidad, se finge. Al cabo, estos sujetos acaban centrándose en sí mismos, en su deseo y soslaya todo lo demás. Sin ser conscientes estas situaciones del fantástico/a de turno causan graves problemas en su entorno y los consiguientes daños indirectos.

Las trampas del pensamiento desiderativo

Es verdad. Quienes no sufrimos de esta llamémosle incidencia mental debemos tener algunas pautas claras. Una es que el pensamiento desiderativo nunca nace de la realidad. Surge de lo que deseamos que sucediese. Pero precisamos ser realistas para no caer en esas trampas que causan problemas en nuestra vida. Algunas pinceladas ayudan a evitarlas.

Centrarse en el fin, no en el camino. Esto provoca que seas capaz de ver los errores que se cometen. Lo que haces mal, de no rectificar, nos llevará a un camino equivocado. Y esta vía nos causará daños, adversidades....

Fantasía desiderativa, mal de pocos que sufrimos todos

Deberá comprobarse si es factible lo deseado. Con un desafío en mente lo primero es verificar la viabilidad para obviar pérdidas de tiempo, de dinero, hacérselo perder con quienes compartimos el proyecto y evitar las consiguientes decepciones que conlleva un fracaso.

El pensamiento desiderativo impide valorar la viabilidad. Hace que se viva en un mundo irreal. Quien así piensa y no logra lo que delira se decepciona y busca demonios que lo impidieron. O un nuevo ‘sueño’. El mundo de la fantasía no distingue lo qué es real y lo que no.

La huida hacia adelante sospechada en quien piense desiderativamente es otra clave. Debemos centrarnos en el mundo real, por mucho que no nos guste. No podemos ‘escapar’, algo que sí hacen los ‘desiderativos’. Quien no abre los ojos ante cualquier problema, otras personas del entorno sí lo harán, pero es mejor hacerlo por sí mismo. El sueño de la fantasía desiderativa es una mentira que se ha creído real.

Este pensamiento, el desiderativo, es muy cómodo, fácil y apenas genera consecuencias para quien lo habitúa. Además, estos personajes encuentran en este delirio su bienestar. Pero pensar así es de cobardía sutil al huir de la realidad y de lo que queremos aceptar.

Algunos desiderativos

El denominado ‘faraonismo’ consiste en soñar y hacer todo a lo grande, eximiéndose de responsabilidad si la magna obra acaba inconclusa o en fracaso. Los dictadores ególatras son buen ejemplo de ‘fantásticos’. Acordémonos de Bokassa, autodenominado Emperador Centroafricano, pero caníbal militante. O Sha de Persia recordando Babilonia. O a Mussolini con el Imperio Romano. Qué decir de Hitler buscando el Santo Grial, seleccionando la raza Aria. Más ejemplos: Leónidas Trujillo, Generalísimo dominicano degenerado. O Francisco Franco, que soñó razas e imperio con poca talla y voz atiplada, mientras reivindicaba el Oranesado, o soñaba compartir una tenida masónica.

Entre mandatarios sin uniforme encontramos bastantes desiderativos. La subvencionada y soñada ‘paz social’ andaluza (¿?) llevó al banquillo al dúo Chaves & Griñán por las cuentas de los ERE. Años antes, al histórico sindicalista Nicolás Redondo Senior le prejubiló un yerno que no construyó viviendas para obreros (PSV) mientras erigía estatuas, fuentes y otros delirios que acabaron pagando los españolitos. Es decir, esto de la fantasía desiderativa es más de lo que se piensa.

Entre escritores es fácilmente imaginable quiénes son los desiderativos. Son inofensivos, todo lo reflejan en sus relatos. Sí pasan del papel hasta la opinión sobre información ciertos periodistas que hacen del ‘fake’ o sus delirios reportajes y artículos, eso sí muy bien escritos. Altos militares y policías han hecho de guerras, antiterrorismo, el narco, la trata y otras redadas la batalla de sus delirios. En el mundo de la ciencia hay casos claros que repiten a Cernuda. Una cosa es la realidad y muy otra el deseo. El sevillano tenía razón.


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