In fraganti

La historia del hacker plagiador ‘pillado’

Entre los ciberpiratas hay clases, grados, negocios, batallas, estafadores y hasta ingenuos que se excusan como tontos. Hoy detallamos cómo se destapó a un usurpador

Juan-Carlos Arias jcdetective /
11 dic 2021 / 04:33 h - Actualizado: 11 dic 2021 / 08:42 h.
"In fraganti"
  • La historia del hacker plagiador ‘pillado’

El cosmos de contenidos en internet no siempre es original. La autoría y derechos sobre creadores son temas que se asocian al pirateo constante. Se calcula que más de un 50% de textos, datos, gráficos, fotos y material audiovisual queda huérfano de firma, se copia sin recato ni cita, se suplanta la autoría o bien no es lo que parece lo que leemos.

¿Saben cuál es el colmo de un blogger?. Se pasa horas currando contenidos y llega un jeta para plagiarlo, robarlo, copiarlo o fusilarlo entero... En internet teclean los ordenadores seres cuyo empeño cotidiano es copiar posts, imágenes, textos, artículos. Lo republican como creaciones propias.

Los disfraces cibernéticos de estos caraduras les visten como seguidores de webs, Blogs, RRSS, etc... con identidades reales o ficticias, navegantes sin potencial maldad y su proyectada ingenuidad es actualizarse. El update, sin embargo, es fusilar el contenido ajeno en su totalidad. Sin preámbulos.

Clases y clases

Entre los más avezados plagiadores hay visibilidad. Los que obvian la vaselina selecciona textos e imágenes ajenas y lo pega en su web. Algunos son noveles. Contactarles es sinónimo de desechar tan innoble empeño. Los más incapacitados para llevar, por ejemplo, su blog porque les falta de todo y no quieren aprender con la debida paciencia son seres inseguros que dejan ver los enlaces con lo que su operativa es fácil de detectar.

Neologismos, sinónimos y demás parentela textual es lo que eligen otros plagiadores con más empeño para disfrazar el trabajo ajeno y presentarlo como propio. Los pies de foto a veces delatan al artista. Enriquecidos con el crédito de la impunidad se vienen arriba ante cualquier reclamo. La soberbia suele jugarles malas pasadas.

Otro tipo de hackeo rechazable en mayor grado de vileza lo centran empresas que venden lo ajeno como propio. Estas empresas suelen tener vagos datos de localización, capitales sociales virtuales, e insolventes profesionales entre sus responsables societarios. Las reclamaciones a estas personas jurídicas reciben el silencio más escrupuloso. Las demandas judiciales no tienen dónde cobrar a quien resulte afectado por tan rechazable práctica.

Fuentes consultadas entre abogados y ciberexpertos por #Infraganti concurren que hay dos problemas para reclamar a estos personajes escondidos tras sociedades. Uno es el notificar la demanda, reclamación previa etc.... otro es el cobrar tras sentencia estimada. No digamos más si el destino de la demanda va al extranjero.

Hay herramientas para prevenir, amortiguar y liberar el plagio. Ahí va la ristra: Monitor Backlinks y Seoprofiler. Small seo tools-plagiarism checker, SiteLiner, Copyscape. Que aproveche, estimados lectores.

El republicar lo copiado con interés lucrativo entraña un problema para reclamar. Y no es otra cosa que establecer los daños reputacionales, económicos y el lucro cesante que puede causar. El blog de Ana Mata es muy bueno para no perder mucho tiempo. Ella deja claro algo obvio: ‘Plagiar es difundir la mediocridad privada’.

El ‘listo’ pillado

En este trabajo hacemos referencia a un caso real de plagiador plus con climatizador y balcones a la calle si permiten así describir al personaje. Su caradura se reblandeció ante una terapia de humildad recibida por un grupo de escritores y periodistas. Sistemáticamente veían sus textos fusilados en decenas de webs automatizadas. Todas se redirigían hacia portales donde el lucro hacía de las suyas (Amazon, etc...).

El caso tiene realidad y ficciones como los sujetos que se dedican a copias por sistema. Los afectados recabaron de Detectives ADAS localizar al plagiador para que desindexara los textos plagiados y dejara de copiar. El tipo, con identidad real, se multiplicaba en ‘avisos legales’ de webs pero jamás contestaba correos ante reclamos. La búsqueda fue vana, pues tampoco tenía ninguna propiedad a su nombre, coche o cuentas bancarias. La sospecha iba por criptomonedas, identidad ficticia, autos de alquiler. El trabajo que publicitaba el tipo en Linkedin también era mentira.

Pero el personaje fe desvelado pues se cabreó bastante al ser pillado tras pasar por el aro del matrimonio. Acababa de casarse con una inmigrante y citó la verdad en el Registro Civil: señas antiguas y vigentes, padres, NIF, etc... Un burofax le refrescó al hombre en cuestión de qué vivía tras concluir el grado de ingeniería informática en una universidad madrileña. El teléfono del plagiador quedó registrado en otro, adonde llamó airado por sentirse ‘violado ‘en su intimidad tras creerse que la boda era algo secreto. Los detectives dieron el caso antes por cerrado, ni siquiera contrataron nada porque en el Registro Civil nadie paga un céntimo por la verdad.

Las páginas plagiadas fueron todas retiradas, una por una. Las webs que automáticamente generaban sueldazo al ingeniero se empezaron a caer. La soberbia del tipo le chocó a una realidad mucho peor. Estaba persuadido, gracias a la labia de un ciber-abogado, que sería embargado cautelarmente el sueldo de su nueva esposa en un organismo público en el que ganó unas oposiciones. En la boda ni se molestó inscribir separación de bienes. El amor compartía bienes si había embargo de escritores y periodistas hartos de ser copiados. El plagiador, finalmente, pidió hasta perdón a los creadores de textos. Lo escrito, es fácil y barato detectar y perseguir a los defraudadores.

Además, el engaño sirve para engañar. La demanda segura que se ganaba en su nido de amor recién estrenado tras la luna de miel nunca se pensó en tramitar, pero el miedo del trasgresor hace mella en mediocres que copian porque son eso: malas personas.


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