Cuando la familia crece tras abrir las puertas de casa a una pareja refugiada

25 mar 2022 / 04:21 h - Actualizado: 25 mar 2022 / 04:21 h.
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Mamen y Sebas, un matrimonio con dos niños de 8 y 12 años, han abierto las puertas de su piso en Badalona (Barcelona) a una pareja de refugiados que huyen de la guerra en Ucrania, una experiencia que están seguros «marcará» su vida y la de sus hijos «para siempre».

Explican que a sus hijos, Pol y Valentina, les implicaron desde el primer momento en la acogida, al hacerles recoger su cuarto de juegos para convertirlo en un espacio para el descanso de dos nuevos miembros de la familia, Elena y Vlacheslav (»Slava»), una pareja que tiene una particularidad imposible de obviar, él es ruso y ella ucraniana.

«Esta pareja demuestra que el amor está por encima de todo», asegura a Efe Sebas desde el comedor de la casa que ahora comparte con los refugiados. Mamen destaca la buena adaptación de sus nuevos «compañeros de piso»: «Creo que ellos se sienten muy cómodos y nosotros también».

Cinco días después de que se introdujeran en la familia, por un período de tiempo indeterminado, el matrimonio anfitrión destaca la «experiencia inmejorable» y los valores que están enseñando a sus hijos a través de esta vivencia.

«Lo que más nos aporta es el tema de los valores, es un tema que nos importa mucho. Transmitirles a nuestros hijos valores como la empatía, la solidaridad, el hecho de hacerles poner en el lugar del otro. Es una experiencia intensa, y en algunos momentos dura, pero es algo impagable para nosotros y nuestros hijos», confiesa Mamen.

«Se han integrado muy bien en nuestra familia e incluso al entorno. Han conocido a la familia y amigos y queremos que se sientan arropados», añade Sebas, quien cuenta que Slava, peluquero de profesión, le cortó el pelo hace unos días, en agradecimiento. También les han querido cocinar y parecen estar encantados con la gastronomía y productos locales a los que estaban menos habituales, como algunas frutas y verduras.

Explican que el proceso de acogida fue «muy rápido». Respondieron un lunes a la petición de la ONG Sonrisas de Bombay para encontrar familias interesadas y el jueves ya eran seis en casa.

Las primeras horas solo podían hablar -usando la aplicación de traducción simultánea de sus teléfonos- sobre el largo viaje desde Sumy (Ucrania) hasta Badalona, y de la omnipresente guerra, si bien ahora ya han decidido «hablar de otras cosas, mirar hacia delante y hablar del futuro».

Slava explica a Efe que el hecho de ser ruso y tener una pareja ucraniana no les está afectando porque su amor «es más importante que el pasaporte» y añade que para vivir su vida plenamente han decidido «dejar la política a un lado».

Elena, más tímida, con la que los niños disfrutan jugando al ajedrez, explica que, con su familia en Ucrania, no puede evitar estar todo el día pendiente del teléfono y tener momentos constantes de preocupación. Al mismo tiempo, confiesa sentirse cada vez mejor y destaca la capacidad de los españoles de «abrazar sin que hagan falta motivos».

Esta pareja de naciones ahora enemigas, que soñaba con «mudarse a Odessa y vivir junto al mar» y crear una familia, ahora se plantea si Badalona, también en la costa, puede ser el entorno que les tenía deparado el destino para seguir adelante con sus vidas tras la guerra.

Fue el director de Sonrisas de Bombay, Jaume Sanllorente, cuya organización lucha por los Derechos Humanos, el que encontró a Slava en la estación de tren de Cracovia, cuando habían conseguido salir del país, y le ofreció poder ser acogido por una familia española.

La de Sebas, Mamen, Pol y Valentina es una de las primeras siete familias que han acogido refugiados en Cataluña a través de la ONG, un número que va creciendo.

Reconocen que muchos les han preguntado ya que «¿hasta cuándo?» acogerán a la pareja en casa.

«Es la pregunta que todos nos hacen. Pues no sé. Estarán aquí hasta que necesiten. Esperamos que se puedan ir cuanto antes, pero porque eso significará que ya tienen los papeles en regla y un trabajo y pueden vivir solos y felices, que entendemos que es lo que ellos quieren», afirma Mamen.


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